Revista digital
TRIBUNA
abril 2006

Las nuevas características del empleo en el sector financiero del siglo XXI

Juan E. Iranzo,
director general de Instituto de Estudios Económicos

 
Juan E. IranzoEl marco dentro del cual las entidades financieras desarrollan su actividad ha sufrido alteraciones muy profundas a lo largo de las últimas décadas. La intensificación de la competencia, derivada de la liberalización de los movimientos internacionales de capitales, de la liberalización del propio sector y de la innovación tecnológica, ha obligado a las entidades ha introducir modificaciones importantes en su estrategia competitiva y en su forma de operar. Ahora se trata de competir a través de la innovación de productos, el aumento continuado de la eficiencia y la productividad, y la atención y el asesoramiento al cliente. Al mismo tiempo, la necesidad de aprovechar las economías de escala para mejorar la competitividad ha impulsado procesos de concentración empresarial mediante fusiones y adquisiciones entre diferentes entidades.
La introducción de las nuevas tecnologías, por otra parte, ha alterado profundamente el negocio bancario, debido a las enormes posibilidades que estas ofrecen, tanto en lo relativo a la apertura de nuevas vías de comercialización y distribución, como en lo que se refiere al desarrollo de nuevos productos financieros. La tecnología desempeña un papel protagonista, de importancia clave, como instrumento de las nuevas estrategias comerciales en el negocio bancario moderno y como vía para lograr mejoras en la productividad y la eficiencia. La banca por internet está revolucionando mu- chos conceptos del negocio bancario, y obliga los agentes participantes en el mercado a realizar un continuo esfuerzo de adaptación e innovación para seguir siendo competitivos. Otra transformación de gran calado ha sido el intenso proceso de desintermediación financiera de las últimas décadas. Las entidades bancarias se han visto obligadas a modificar su esquema de negocio, al tener que asumir un nuevo papel como oferentes de servicios financieros en detrimento de su actividad tradicional de intermediación financiera, de modo que las actividades estrictamente de intermediación han perdido peso dentro de la estructura de actividades a favor de estas nuevas actividades, más orientadas hacia la comercialización y el desarrollo de nuevos productos.

Ligado a todos los procesos anteriormente descritos se encuentra el de innovación financiera. La creación de nuevos productos, propiciado e impulsado por la introducción de las nuevas tecnologías y por la liberalización del sector, unido al extraordinario desarrollo de los mercados de derivados, es un aspecto clave de la estrategia competitiva de las entidades financieras en un entorno cada vez más globalizado. Finalmente, la introducción de importantes cambios regulatorios, concretamente el nuevo Acuerdo de Basilea II, que fomenta la adopción por parte de las entidades de crédito de prácticas de gestión del riesgo mucho más rigurosas y avanzadas, también va a suponer una transformación importante del marco dentro del cual el sector desarrolla su actividad.

Todos estos procesos han propiciado la introducción de cambios organizacionales de gran magnitud dentro de las empresas financieras, que han afectado profundamente, entre otras cosas, a la evolución y las características del empleo en el sector. A pesar de los ajustes puntuales de plantillas que han resultado de las concentraciones empresariales, el número de ocupados no se ha visto reducido. Esto ha sido posible gracias a que las ganancias en eficiencia derivadas de dichos procesos, junto a las diversas transformaciones que ha sufrido este mercado, han permitido aumentar la competitividad de las empresas españolas de este sector frente a los grandes grupos europeos y mundiales, ampliar el negocio bancario y desarrollar nuevos servicios. Las pérdidas de empleo a corto plazo han sido más que compensadas por los incrementos a medio plazo derivados de las circunstancias señaladas, de modo que la tendencia a medio-largo plazo ha sido de aumento en el número de ocupados. Así, según la Encuesta de Población Activa, el número medio de empleos en actividades de intermediación financiera entre 2000 y 2004 se ha mantenido bastante estable entorno a 400.000, frente a 345.000 de media en la década de los noventa.



El perfil del empleado actual en el sector financiero es cada vez menos administrativo y más cualificado y orientado al cliente


Los cambios más importantes en cuanto al empleo no se refieren, por lo tanto, al volumen, sino a la cualificación y el perfil requerido de los nuevos trabajadores. Los principales departamentos en alza en el nuevo modelo de negocio bancario que hemos descrito son los de ventas, distribución y promoción de productos financieros, desarrollo de nuevos productos y control de riesgos, y dentro de los servicios de atención al cliente, cada vez es mayor la importancia de los servicios a través de teleoperadores, y se tenderá de forma creciente hacia la especialización por segmentos del mercado (PYMES, gremios, etc.). El desarrollo de nuevos productos financieros, la enorme sofisticación que han alcanzado los mercados de derivados, en los que la operativa es cada vez más intensa, así como los nuevos métodos de gestión del riesgo, requieren personal altamente cualificado y especializado, mientras que la estrategia de orientación al cliente requiere, además, empleados con un perfil más comercial. Por otra parte, la incorporación de nuevas tecnologías reduce las necesidades de mano de obra en las tareas más rutinarias, y requiere personal muy cualificado capaz de desarrollar y gestionar las nuevas plataformas tecnológicas, de realizar actividades con un elevado contenido tecnológico y, en definitiva, de desenvolverse en un entorno en el que la tecnología constituye un input y una herramienta básicos en el proceso de producción.

Como consecuencia de todo lo anterior, el perfil del empleado actual en el sector financiero es cada vez menos administrativo y más cualificado y orientado al cliente. De hecho, para los puestos de mayor potencial de desarrollo, ya no vale solo con estudios superiores, sino que se exigen posgrados especializados en finanzas, junto al dominio de idiomas. Las cifras de la EPA reflejan esta evolución: si a mediados de la década de los noventa los trabajadores técnicos y de mayor cualificación representaban en torno al 29 por 100 del empleo total del sector, en la actualidad este porcentaje se eleva hasta el 42 por 100, mientras que los empleos de tipo administrativo y sin cualificación han reducido su presencia desde el 58 por 100 hasta el 43 por 100 en el mismo período. Todo ello constituye, en definitiva, una clara manifestación de la gran capacidad del sector financiero español para adaptarse a las circunstancias cambiantes de un entorno global y en constante evolución.
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