Innovación es supervivencia (negocios concretos que lo hacen bien)
José Manuel Chapado,
socio de ISAVIA Consultores
Muchas veces me preguntan qué debe reunir una organización para sobrevivir y triunfar en un entorno de plena crisis
Muchas veces me preguntan qué debe reunir una organización para sobrevivir y triunfar en un entorno de plena crisis. En mi opinión, tres cosas: el compromiso de las personas, un bajo nivel de endeudamiento y una oferta que sea innovadora y genere valor añadido. Pero no quisiera teorizar. Quiero compartir casos muy concretos.
A muchos les sorprende el éxito de ISAVIA. Confieso que, en ocasiones, nos llegamos a ruborizar. Incluso intentamos de manera inconsciente que no se note tanto, posiblemente guiados por una extraña y falsa sensación de modestia. En cualquier caso, lo cierto es que nuestra empresa consultora sigue en números azules, mira a cinco años con un ambicioso plan estratégico, está inmersa en plena expansión internacional, y genera riqueza y empleo dentro y fuera de nuestras fronteras. ¿Cuál es la fórmula?
No quiero tirar de tópicos. Muchos dirían que el esfuerzo y el trabajo constante. ¡Faltaría más! Si no, ¿cómo podría ser posible? Aunque esta respuesta es tan evidente como insuficiente. No escribo para quienes siguen pensando en fórmulas rápidas de enriquecimiento fácil. El pelotazo es ya parte de otro tiempo.
Orgullo de pertenencia y bajo endeudamiento
Me dirijo a los directivos que invierten su energía en enderezar el rumbo y aún así no ven resultados. Sienten luchar en un entorno contra el que nada, o casi nada, pueden hacer. Antes que en la cuenta de resultados, los primeros esfuerzos deben dirigirse hacia las personas. Es entonces, y sólo entonces, cuando todos remamos en única dirección. Es un juego recíproco de verdad y honestidad: damos lo que recibimos y recibimos lo que damos.
Lo anterior aplica a lo relacional y a lo económico. ¿Quién mejor que los accionistas para confiar en una inversión? Se valoran mejor los riesgos cuando uno se juega sus propios cuartos, y se evita el peso a plomo que sobre la marcha diaria del negocio supone afrontar el pago de la deuda.
Se nos llena la boca con preciosas citas como las del poema recitado por Mandela durante su cautiverio: “soy el amo de mi destino; soy el capitán de mi alma”. Traducido al lenguaje de los números, dice algo así como: “que en el pasivo de tu balance no luzca deuda con bancos, sino el compromiso de los socios”. A ellos solos (a nosotros mismos) hay que devolver lo que el negocio genere. A su ritmo. Cuando se pueda.
Innovación con valor
El tercer pilar es hacer algo diferente. Algo que sea valorado por tu mercado. Nuevo y distinto. No vale quedarse esperando a que escampe. No vale quejarse de la situación general. No vale empeñarse en hacer más de lo mismo. Cambia. Incorpora. Integra. Inventa. Crea.
Paseaba con mi familia por la Gran Vía de Madrid cuando vi un remolino creciente de personas ante una perfumería. Al llegar, pude ver cómo los ocho empleados de Sephora bailaban una alegre coreografía que hacía las delicias de todos los viandantes. Sorpresa y agrado. No me lo podía creer. Estaba viviendo un momento mágico, más propio del cine que del mundo real, al estilo de esos vídeos virales que nos muestran una ópera en un mercado, una danza en una estación de metro, o un concierto en una oficina del INEM. Los móviles ametrallaban fotos para atrapar el momento.
Al terminar el espectáculo, recordé que tenía que comprar colonia. Me apetecía mezclarme con aquellos jóvenes llenos de vida. La tienda se llenó de clientes. Entonces pude imaginar otros cientos de comercios cuyos profesionales siguen postrados en el quicio del escaparate viendo pasar a gente que no entra. Viendo pasar la vida por delante de ellos.
Otro ejemplo es el de un colombiano llamado Andrés y su tienda Vino&Compañía, situada en la plaza de Olavide. Su horario no conoce límites: las noches de viernes y sábado realiza interesantes cursos de cata. Puede que no sea muy original la idea, pero pocos la practican. Y la voz se corre. Así lo hago yo con enorme gusto a través de estas líneas.
Ayer volví a comprar vino en su tienda. Lógico. Confío en el sabio consejo de quien me ha enseñado a catarlo. “La crisis se nota mucho. La venta de vinos se ha desplomado. De no ser por las catas, y por los clientes que ya me conocéis, no sé qué sería de mi”, me confesó. Es fácil imaginarlo: ya habría cerrado como tantos otros. Pero Andrés, no. Sigue inventando. Emprende nuevas ideas. Innova. Ayer salí con tres excelentes “riojas” bajo el brazo, y con mi nombre comprometido para la próxima y nueva cata conjunta de quesos y vino.
Así es como se sobrevive. Ejemplos de compromiso. Todos ellos sí son amos de su destino.