TRIBUNA
diciembre 2018

Conexión Emocional

Consol Iranzo,
directora General de Karisma

 
Consol IranzoLas personas que me conocen saben que, además de mi gran pasión por todo lo que tiene que ver con el desarrollo de las personas, también siento pasión por todos los temas que conciernen al mundo animal.
Desde hace muchos años tenía un sueño que por fin he logrado hacer realidad y que ha superado con creces todas las expectativas que podía tener: ver gorilas de montaña en su hábitat natural. Por ello, quisiera compartir con vosotros la inmensa alegría que he sentido al poder estar cerca de estos animales y especialmente la indescriptible emoción que sentí al conectar con la mirada inteligente de uno de ellos. Una experiencia vital que jamás podré olvidar.

Lo primero que quiero decir es que he sido muy afortunada por la oportunidad que he tenido de verlos en su hábitat natural, en el bosque impenetrable de Bwindi, una extensa selva virgen en el distrito de Kanungu, situado en el suroeste de Uganda a una altitud que va de 1.160 a 2.060 metros. Es una de las zonas con mayor diversidad biológica de la tierra y alberga la mitad de la población de los gorilas de montaña, una especie que sigue estando en peligro crítico de extinción, aunque afortunadamente a día de hoy parece que se va recuperando. Este bosque ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Puede que algunos de vosotros os preguntéis porqué quiero compartir esta experiencia personal en una revista en la que el foco son las personas. La razón es muy sencilla y concierne a la emocionalidad. Somos conocedores de que hay muchos estudios sobre la relación entre los animales y los humanos, así como de las coincidencias que existen entre unos y otros. Para focalizarme únicamente en una, me gustaría recordar que, solo a nivel bioquímico, los mamíferos y los humanos tenemos las mismas respuestas emocionales en las cuatro emociones básicas en las que coincidimos: miedo, ira, alegría y tristeza.

Somos muchos los que distinguimos emociones en perros, caballos y gatos. Es decir, en animales con los que podemos interactuar de forma más habitual, lo que facilita que, con el tiempo, aprendamos a leer su lenguaje corporal y la expresividad de sus emociones. Quiero destacar que, aunque no tengamos la oportunidad de interactuar de forma frecuente con los primates, es factible percibir claramente sus emociones porque son seres muy expresivos.

Tendríamos que remontarnos al año 1967, cuando el Dr. Albert Mehrabian, un prestigioso psicólogo pionero en la investigación sobre el comportamiento no verbal, incluyó en un mismo estudio los tres diferentes tipos de canales de comunicación de que disponemos los humanos (la palabra, la voz y el lenguaje corporal), con el objetivo de conocer cuál de estos era el más dominante.

De los resultados de este estudio, el Dr. Mehrabian concluyó que solo el 7% de la transmisión emocional de la comunicación se atribuía a las palabras; el 38%, al canal paraverbal (tono, pausas, ritmo); y el 55%, al lenguaje corporal (mirada, expresiones faciales, gestuales y posturales). Hay que clarificar que esta fórmula es aplicable exclusivamente cuando una comunicación es de índole emocional, en la que solo entran en juego sentimientos. Y esto lo quiero enlazar con la comunicación emocional y la resonancia que existe entre ciertos animales y las personas. Más concretamente, con los gorilas.

Gracias a su dedicación a investigar durante prácticamente toda su vida los comportamientos de los gorilas, la zoóloga Dian Fossey (1932-1985) ha sido, bajo mi punto de vista, la persona que más ha aportado en el conocimiento amplio de esta especie y que ha contribuido definitivamente a que, a día de hoy, todavía podamos disfrutar de la observación de estos magníficos animales en su hábitat natural. En su libro “Gorilas en la niebla”, publicado en el año 1983 y posteriormente llevado a la pantalla en 1988, podemos apreciar cómo, a través de sus observaciones y su progresivo acercamiento a los gorilas, consiguió no solo obtener un conocimiento profundo de sus costumbres y cambiar la opinión generalizada de que son animales violentos y carnívoros, sino que pudo interactuar con ellos, especialmente con un espalda plateada al que bautizó con el nombre de Digit y con el que alcanzó una conexión emocional total.

Otro caso famoso es el de la gorila Koko, que murió el 20 de junio. Esta gorila, nacida en 1971 en el zoológico de San Francisco (USA), a la edad de un año fue separada de su madre cuando esta última enfermó. Fue entonces cuando la psicóloga Francine Patterson la adoptó y se percató de que tenía emociones profundas y complejas, por lo que comenzó a enseñarle el lenguaje de los signos, aprendizaje que luego continuó en la Universidad de Stanford, en la Gorilla Foundation. A lo largo de su vida en la fundación, aprendió 1.000 palabras en el lenguaje de signos y llegó a comprender a la perfección 2.000 palabras en inglés hablado. Koko se hizo famosa también gracias a la portada de la revista National Geographic (octubre 1978) con una fotografía que ella misma se hizo frente a un espejo.

Para finalizar me gustaría que valorásemos la importancia de identificar tanto las propias emociones como las de los seres con los que interactuamos y poner especial interés en desarrollar nuestra inteligencia emocional, pues ello nos va a permitir poder conectar de forma especial y única con los demás, tanto humanos como animales, lo que nos hará sentir y vivir más intensamente. También quiero aprovechar para animaros a que entre todos hagamos lo imposible para proteger a todos los seres maravillosos que pueblan el planeta.

“Si bien existe una diferencia abismal entre el hombre y los demás animales, podría decirse que ese abismo no es más profundo que el que separa a unos hombres de otros”. Galileo, 1630.
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