Tiempos modernos
Consol Iranzo,
directora general de Karisma
La ansiedad, la angustia o el miedo afectan a la capacidad de las personas para proponer ideas novedosas
Para los lectores que no hayan tenido la oportunidad de ver “Tiempos Modernos”, película producida, dirigida y protagonizada en 1936 por el gran Charles Chaplin, les recomiendo encarecidamente que lo hagan.
“Tiempos Modernos” –en mi opinión una obra maestra, juntamente con “El Gran Dictador”, porque reflejan con ironía acontecimientos históricos– trata de ilustrar el contexto social y la cruda realidad de cómo se estaba viviendo lo que se denominó “desarrollo industrial” y que provocó un cambio de paradigma al enfrentar situaciones que se vivían por primera vez.
En el inicio del largometraje se muestra un rebaño de ovejas que van hacia un mismo lugar sin cuestionarse por qué lo hacen. El símil de las personas como rebaños de ovejas, el control total de las jefaturas, los altos índices de producción exigidos y las vicisitudes por las que pasa el protagonista incitan a realizar una profunda reflexión sobre el sistema capitalista.
A lo largo de la película, se puede observar cómo las condiciones laborales empeoran notablemente hasta el punto que el obrero protagonista prefiere quedarse en la cárcel antes que volver a la libertad. La explotación laboral es resultado de la situación imperante, pues, al haber mucha gente desempleada, los que no rindan como se les exige son inmediatamente substituidos por otros que rindan más o cobren menos.
La película está plagada de escenas cómicas, pero el trasfondo de la mayoría de ellas da mucho que pensar, como la escena en que la policía, ante la protesta de los obreros por el cierre de la fábrica, detiene a todos los que puede y los encarcela sin respetar derecho alguno. También es significativa la escena de la máquina que alimenta a los obreros para que no tengan que interrumpir su trabajo para ir a comer.
La crítica que Chaplin realiza al capitalismo salvaje y a las técnicas tayloristas supuso la prohibición de esta película en Alemania e Italia por considerarla propaganda comunista, mientras que Rusia la consideró propaganda capitalista. En Estados Unidos tampoco tuvo una buena acogida, hasta el punto que Chaplin fue puesto bajo vigilancia por el FBI.
Sin olvidar que “Tiempos Modernos” se filmó en 1936, me pregunto: ¿cuáles son las similitudes con los tiempos actuales? ¿Cómo hemos avanzado (o, debo decir, retrocedido) en todos estos años?
Desde hace ya un tiempo, excesivamente largo para mí y creo que para muchas personas, estoy observando un antagonismo entre el discurso teórico y la realidad. El discurso dice que las personas son el verdadero recurso activo de las compañías, que son el factor diferencial entre unas y otras
empresas, que es importante cuidar y desarrollar el talento interno para lograr que crezcan y puedan aportar más valor añadido a las organizaciones, que hay que invertir en ellas, etc. Imagino que todos hemos escuchado estas argumentaciones.
Pero ¿qué me dice la realidad que vivo día tras día? Me dice que las empresas buscan mejorar resultados y que, casi siempre, el primer “gasto” que eliminan es la inversión para potenciar las habilidades y para cuidar y hacer crecer profesionalmente a sus colaboradores porque no lo consideran una inversión de futuro. No soy una ingenua y, por tanto, soy consciente que las empresas deben conseguir alcanzar beneficios. Incluso puedo entender que, a veces, la única solución puede ser la reducción de plantilla.
Pero ¿es siempre la única alternativa? Ante este panorama ¿cómo se sienten las personas? ¿qué piensan? Está claro que no puedo hacer de portavoz de todo el mundo, pero lo cierto es que diariamente escucho un sinfín de quejas referentes al
trato que están recibiendo. La falta de respeto a los derechos que se habían conseguido a base de mucho esfuerzo es colosal. Bajadas de salarios a un cierto colectivo, horarios prolongados para poder cubrir el trabajo de otras personas que ya no están y que no han sido sustituidas, presión por los resultados, elevados niveles de estrés...
Y ¿cuáles son las consecuencias? Todos estaremos de acuerdo en que la insatisfacción claramente no induce a estar implicado con el proyecto ni a estar identificado con la cultura de la entidad en la que uno presta servicios y este hecho penaliza notablemente el que se pueda ser creativo, innovador, pues hay menos riesgo de perder el trabajo si se siguen las normas que la jerarquía ha marcado.
El estado emocional es negativo. La queja y la resignación se apoderan de la organización. La ansiedad, la angustia, el miedo, la desgana, la desidia y el desinterés hacen mella en el funcionamiento y afectan directamente a la capacidad que tienen las personas para proponer ideas novedosas que contribuyan a la posible transformación en la forma de trabajar, lo que probablemente ayudaría a la propia supervivencia de la empresa.
Afortunadamente, no todas las organizaciones actúan igual. Las hay que potencian la participación activa de sus colaboradores, independientemente de las funciones que realicen, y fomentan el trabajo en equipo para conseguir alcanzar objetivos comunes, lo que posibilita que las personas se enriquezcan, se desarrollen y, por tanto, aporten un gran valor añadido que hace posible que la empresa, que es el conjunto de las personas que la componen, no sólo resista en estos tiempos tan convulsos, sino que prolongue su vida. Sugiero que nos paremos a reflexionar y tratemos de no cometer siempre los mismos errores. Se supone que la experiencia debe servirnos para ello. Además, contrariamente a la película de Charlot, no se trata de situaciones que vivimos por primera vez.
Como dijo Charles Chaplin: “Tiempos Modernos es una película para provocar sonrisas y quizás alguna lágrima”. Procuremos no tener que llorar por no haber sabido actuar de forma distinta y a tiempo.