TRIBUNA
marzo 2019

Después del 8 de marzo

Daniel Ortiz Llargués,
Business development partner de Konsac

 
Daniel Ortiz LlarguésUna vez transcurrido el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y apaciguados los ecos de las numerosas movilizaciones (huelgas, manifestaciones, campañas de sensibilización, análisis, debates, etc.), sería deseable que la legítima y necesaria reivindicación de igualdad de género no cayera en el olvido hasta el próximo 8 de marzo. La vorágine mediática en la que vivimos tiende a concentrar el foco informativo en momentos muy puntuales, maximizando la intensidad emocional, para luego, bruscamente, dar por amortizado el tema y relegarlo al desván de los recuerdos. No obstante, es justamente ahora, con menos ruido ambiental y más sosiego, cuando las empresas deberían aprovechar para “ponerse las pilas” y pasar a la acción. Quisiéramos hacer tres breves consideraciones al respecto.
En primer lugar, no se trata sólo de una cuestión de “derechos de las mujeres”. Aunque estos, por supuesto, deban merecer no sólo nuestro respeto, sino nuestro compromiso explícito. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), promovidos por las Naciones Unidas a través de la Agenda 2030, constituyen un punto de referencia fundamental a escala planetaria. Y, en particular, el Objetivo 5: “Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”, y el Objetivo 8: “Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos”, se han convertido en un recordatorio permanente de este gran reto colectivo.

En segundo lugar, tampoco se trata meramente de “excelencia en la gestión”. Aunque está empíricamente demostrado que las organizaciones que apuestan de verdad por la igualdad de género, son más sostenibles y obtienen unos resultados significativamente mejores en términos de absentismo, rotación, clima laboral, compromiso y capacidad de innovación. Y, por lo tanto, las posiciones escépticas o que ponen en duda los beneficios de la igualdad de género desde la óptica del management, cada vez cuentan con menos base argumental.

En suma, de lo que se trata es de comprender que un mundo (y un tejido empresarial) con escasa presencia femenina, es una realidad coja, descompensada e incompleta. La neurociencia ha descrito las diferencias entre el cerebro femenino y el masculino. Y, en base a ellas, se ha identificado a menudo el ser masculino con la fuerza, la valentía y la decisión. Relacionándolo con el hemisferio izquierdo del cerebro, del cual dependen la racionalidad, el análisis, la precisión y la capacidad de tomar decisiones rápidamente (y sin demasiadas contemplaciones). Y, por otro lado, el ser femenino se ha asociado a conceptos como empatía, trabajo en equipo, capacidad multitarea, voluntad de inclusión y aceptación de la diversidad. Cualidades estrechamente relacionadas con al hemisferio derecho del cerebro.

El desequilibrio de género que hemos heredado y en el que todavía estamos inmersos, con fuerte preponderancia de la masculinidad, acarrea graves tensiones y constituye un obstáculo para alcanzar el bienestar y harmonía social. Mercè Brey, en su último libro, Eres lo mejor que te ha pasado… ¡Quiérete!, afirma: “Vivimos en un mundo enfermo y desequilibrado que nos hace infelices (…) Basta con mirar a nuestro alrededor y ver qué tipo de sociedad hemos creado: competitiva, intolerante, individualista, sin respeto por las personas ni por el medioambiente, en el que se rinde culto a lo material y se desprecia lo espiritual”. Según Brey, la masculinidad contiene energía positiva (“propiciadora”) y negativa (“devastadora”), mientras que la feminidad también consta de energía positiva (“armónica”) y negativa (“amorfa”). Y, siguiendo a nuestra autora, la causa fundamental del malestar y las tensiones en nuestro mundo contemporáneo es el exceso de energía masculina negativa (léase competencia y agresividad), por un lado, y el déficit de energía femenina positiva (léase diálogo y empatía), por el otro.

Balancear adecuadamente los atributos de la feminidad y la masculinidad, reconciliar ambas perspectivas, evitando el enfrentamiento y buscando la complementariedad y la cooperación, es la clave para corregir los graves desequilibrios sociales, económicos y ambientales del planeta. Y, en este sentido, debería ser una de las principales responsabilidades no sólo de las empresas, sino también del conjunto de la sociedad.

Sin necesidad de esperar hasta al 8 de marzo de 2020, en un ambiente más sereno y reflexivo, es ahora cuando la igualdad de género debería estar en la agenda de todas las organizaciones. La igualdad de género entendida como parte fundamental de una visión más amplia, en la cual la diversidad, lejos de ser percibida como una amenaza, sea vista como un requisito indispensable. Una señal inequívoca de inteligencia colectiva, fuente de riqueza, vitalidad y sentido empresarial.
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