Revista digital
TRIBUNA
mayo 2006

Las cámaras de comercio: aprendizaje adulto y actividad empresarial

Ana Lillo Jímenez,
subdirectora del Instituto de Formación Empresaria de la Cámara Oficial de Comercio e Industrí

 
Ana Lillo JímenezEl fenómeno más significativo de la existencia del ser humano es la capacidad permanente que tiene de aprendizaje. Desde el inicio hasta el fin de nuestras vidas estamos en un proceso constante de aprendizaje: aprendemos a movernos (desarrollo motriz), a comunicarnos (desarrollo del lenguaje), el significado de las cosas (desarrollo cognitivo) y a relacionarnos y a convivir (desarrollo social).
De forma paulatina y constante, vamos incorporando al conocimiento personal cada una de las cosas y experiencias que acontecen en nuestro día a día.
La educación se ocupa y aporta sentido a cada aspecto del desarrollo. Los sistemas educativos en su evolución han ido incrementando e incorporando de forma paulatina los cambios que vienen afectando al desarrollo personal y social. Las distintas teorías del aprendizaje así lo han ido señalando.

Tanto desde el ámbito individual como institucional, el peso recae en la formación reglada, aprendizaje formal, es decir, aquel que se desarrolla en centros de educación y formación y conduce a la obtención de diplomas y cualificaciones reconocidos (MEC, MEMORANDUM 2000B, p. 21). El resto de formas de aprendizaje, no formal e informal, van perdiendo preponderancia y presencia.

Este hecho provoca un desnivel social importante, ya que las oportunidades no son las mismas para todos. Las carencias individuales, económicas y/o sociales han de contemplarse en paridad al hablar de educación. Incrementar la oferta de formas de aprendizaje es un deber institucional que ha de cubrir la demanda social.

Según este proceso de formación permanente, la educación de adultos adquiere una importancia relevante, “ ya que incorpora todo lo que amplía la comprensión humana, incluye preparación pero la supera, incluye actividad pero no se agota en ella, incluye organización y movilidad pero va mas allá, dando a todo esto sentido y finalidad” (MONCLÚS 1990, p. 14).

En definitiva, en un mundo plural y global hay que saber adecuar conocimientos, quehaceres y planteamientos a las exigencias del momento, al puesto de trabajo o al futuro.

La actividad empresarial es un lugar propicio para ello: se parte de una formación de base, en la medida de que en muchas ocasiones se requiere un título o certificación; como vía de acceso a ella eventualmente se ha producido una formación para la inserción o reinserción (ocupacional) a partir de una situación de desempleo, con su consiguiente recualificación; genera una experiencia laboral (o también se puede ingresar avalado por ella), que en ocasiones ha podido constituir una autoformación; propicia una formación en competencias profesionales para una cualificación más definida. Es el escenario del tercer grado de la llamada “Gestión del conocimiento”: no basta con saber, ni con saber hacer (que nos han podido proporcionar la formación de base y la ocupacional), sino que hay que saber aplicar, que se traduce en empleabilidad de dicha formación. Ahí justamente está el límite entre la formación y el empleo. Los dos primeros “saberes” cualifican, el último otorga competencias, genera y mejora el empleo.

Esto mismo es lo que la UE, en su ya citado Memorando, definió en términos generales como las “tres grandes categorías básicas de actividades de aprendizaje útiles: aprendizaje formal, no formal e informal.

Bajo estas premisas, las cámaras de comercio se constituyen como el referente y exponente empresarial por su singular configuración (Ley 3/1993), ya que están presentes en todos estos ámbitos de la formación:
• Imparten formación reglada de ciclos de grado superior y posgrado, incluso con títulos propios, en convenio con universidades públicas y privadas.
• Como escuela proporcionan formación continua especializada y gremial.
• Favorecen la reinserción mediante la formación ocupacional, partiendo de las necesidades de puestos y empresas.
• Elaboran estudios y observatorios sobre empleo.
• Orquestan colaboraciones con otras asociaciones.
• Son un punto de encuentro de experiencias de formación de diversas empresas pertenecientes a diversos ámbitos, actividades y sectores económicos.
• Aplican programas de la UE para el fomento de la competencia laboral junto a las instituciones europeas.

Con ello aportan “valor” a la actividad empresarial a través de sus actuaciones formativas.

Esta tesis viene avalada por la Comisión Europea, que, a raíz del año 1996, “Año Europeo de la Educación y de la Formación Permanente”, realizó una serie de recomendaciones que supusieron una nueva estrategia integrada y coherente a la que el aprendizaje permanente debe aspirar a:
• Garantizar el acceso universal y continuo al aprendizaje.
• Aumentar las inversiones en recursos humanos.
• Desarrollar métodos y contextos eficaces de enseñanza y aprendizaje para el aprendizaje continuo.
• Mejorar la participación y los resultados del aprendizaje no formal e informal.
• Proporcionar e incrementar los niveles de información y asesoramiento sobre oportunidades de aprendizaje y formación permanente.
• Acercar las acciones de formación permanente a los ciudadanos con el apoyo de tecnologías de la comunicación.

En esta línea han ido avanzando los objetivos de muchas de las actuaciones que se vienen realizando en torno al aprendizaje permanente en su aspecto no formal. La formación permanente apunta hacia todos los aspectos del ser humano.

Por su parte, las comunidades sociales indagan permanentemente sobre las fuentes de la prosperidad, con el propósito de conseguir mejoras sostenidas en el bienestar de sus ciudadanos. En los inicios del siglo XXI, cuando la palabra más habitual a la hora de resumir "el signo de los tiempos" es la globalización, a primera vista resulta aventurado reivindicar que las fuentes de la prosperidad de un territorio descansan, con más fuerza si cabe que en otros tiempos, en factores de proximidad como la cantidad y la calidad del capital humano que se concentra en el mismo.

La globalización está marcada por la rapidez con la que se mueven las mercaderías, los capitales financieros y la información, así como por el alcance planetario que tienen esos movimientos. Sin embargo, la movilidad del trabajo, como factor productivo, es todavía muy escasa debido al coste social y personal que acarrea.

El capital humano es un concepto amplio en el que acostumbramos a incluir los resultados de la educación formal y la experiencia (educación informal), que se materializan en conocimientos y destrezas de la población adulta, dentro de un determinado territorio. Las personas portadoras de este capital lo movilizan, a su voluntad, para su combinación con otros importes productivos y bajo una tecnología dada.

El concepto convencional de capital humano continuará siendo un factor básico de prosperidad, pero en las condiciones de tecnologías y mercados de este siglo, así como por las nuevas aspiraciones de desarrollo personal que conllevan unos altos niveles educativos de la población, a él se le unirán otras dimensiones y facetas estrechamente relacionadas con la formación permanente, “la formación a lo largo de la vida”. De ahí la importancia de la responsabilidad compartida entre el individuo y la empresa y la relevancia de la organización.
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