Revista digital
TRIBUNA
abril 2006

El absentismo: una realidad compleja

María Vidal,
socia y responsable del Dep. de Derecho Laboral de Landwell – Pricewaterhouse Coopers

 
María VidalSegún los últimos datos facilitados por el INE, faltar al puesto de trabajo, ya sea de manera justificada o no, hizo perder como media a cada trabajador 22 horas y media de trabajo al mes.

Por absentismo debe entenderse toda ausencia de una persona a su puesto de trabajo en horas que correspondan a un día laborable dentro de la jornada legal de trabajo. Se trata del incumplimiento de la jornada laboral por parte del trabajador, ya sea porque retrasa la hora de su incorporación al trabajo, adelanta su salida diaria, o bien porque deja de asistir a su puesto de trabajo durante una o varias jornadas.
La repercusión del absentismo laboral en la posición competitiva de las compañías es clara. Éstas se ven abocadas a reorganizarse para suplir al absentista, pierden productividad y calidad, han de asumir costes adicionales en concepto de subsidios y complementos, etc. Pero, obviamente, las consecuencias del absentismo laboral no se agotan en el ámbito empresarial. Sus efectos se extienden a los trabajadores, que ven mermados sus ingresos, a los servicios públicos de salud, que ven incrementados sus gastos sanitarios y farmacéuticos y a la propia economía general.

Lo primero que hay que tener en cuenta a la hora de abordar el problema del absentismo es que se trata de una realidad compleja. Son muchos y muy diversos los factores que desencadenan el absentismo, por lo tanto requiere soluciones integrales.

Qué duda cabe que es imprescindible establecer mecanismos eficaces de control de las bajas por incapacidad temporal, causa principal del absentismo. Y este control debe ser asumido principalmente por las mutuas y por la Administración y debe estar orientado a que las prestaciones económicas de la Incapacidad Temporal sean percibidas exclusivamente por sus legítimos destinatarios y por el tiempo estrictamente necesario. Entiendo que debe ser la Administración y las mutuas las que deben encargarse de dicho control, porque son quienes gestionan las bajas y quienes disponen –o deberían disponer– de instrumentos para un control eficaz.

Hasta ahora, sin embargo, a falta de un control adecuado, el legislador ha optado por la vía de la limitación de los gastos. A tal efecto, en su día el legislador redujo el importe de la prestación por IT del 75% al 60% durante los 20 primeros días y eliminó la invalidez provisional. Después el legislador trasladó a la empresa la asunción del coste del subsidio desde el 4ª día al 15ª, pero sin darle medios para poder controlar el proceso del que desconoce, incluso, el diagnóstico. Por su parte, el Estatuto de los Trabajadores únicamente prevé la posibilidad de que el empresario verifique el estado médico del trabajador por los servicios médicos de la empresa. Sin embargo, ante la negativa a dicho control la ley únicamente prevé la posibilidad de la pérdida del complemento sobre el subsidio que la empresa esté abonando.



El grado del absentismo depende de factores tan diversos como el funcionamiento de servicios públicos de salud, el entorno laboral o la propia cultura absentista


En cualquier caso, el absentismo no debe ser abordado sólo desde la óptica del control. Poco se conseguiría, aún en el caso de disponer de mecanismos eficaces para mejorar el control de los procesos de incapacidad temporal, si no se analizan de forma global todos aquellos factores que son desencadenantes del absentismo. De los estudios realizados recientemente se desprende que el grado de absentismo depende de factores tan diversos como puede ser el funcionamiento de los servicios públicos de salud, el entorno laboral o la propia cultura absentista en la que nos movemos.

En lo que al funcionamiento de los servicios públicos de salud se refiere, es obvio que cuestiones como las listas de espera, la falta de informatización, la carga asistencial de los médicos de atención primaria, exceso de pruebas médicas a falta de historia clínica, etc, son prioritarios y agravan el grado de absentismo.

Pero, desde luego, la organización del trabajo y el entorno laboral no son, en absoluto, ajenos al problema. No se puede desconocer que los conflictos laborales, la desmotivación profesional, la falta de compromiso, los trabajos rutinarios y, por supuesto, la siniestralidad laboral, stress laboral… son factores muy a tener muy en cuenta. Son muchas las ocasiones en las que las ausencias al trabajo no son más que el reflejo de la falta de flexibilidad en la organización del trabajo y de medidas de conciliación de la vida profesional y personal. En definitiva, cada organización empresarial debe analizar su problemática específica y elaborar una estrategia concreta que de respuesta a esta problemática.

Además de analizar las vías que permitan motivar la asistencia al trabajo, actualmente la mayor parte de las empresas están adoptando medidas de desincentivación de la inasistencia. Y, ¿cómo? Atacando al bolsillo. Está demostrado que se acentúa el absentismo en aquellas empresas con mayor cobertura económica durante los procesos de ausencia del trabajo. Por ello muchos de los convenios colectivos negociados en este año están incorporando determinados complementos salariales específicos que se ven mermados en caso de inasistencia –justificada o no– al trabajo. Muchos otros convenios colectivos están reduciendo los complementos adicionales al subsidio de IT en caso de bajas muy prolongadas o de ausencias reiteradas.

Sindicatos y patronales trabajan conjuntamente en la búsqueda de soluciones y están presentado propuestas muchas veces coincidentes en las que se postula, no sólo instrumentos eficaces de control, sino la adopción de medidas orientadas a dar respuesta a las necesidades asistenciales y sanitarias, medidas de protección social y mejora en las condiciones de trabajo, medidas de conciliación de vida laboral y personal, etc.

Desde luego son bienvenidas medidas como la reforma de la incapacidad temporal, aprobada en la pasada ley de presupuestos, si es que realmente sirven para revisar los procesos de incapacidad temporal de larga duración, pero sólo se actuará de una manera eficaz contra el absentismo si se gestionan todos los factores comentados de forma conjunta.
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