Conectando generaciones para garantizar la sostenibilidad de las compañías
Manuel Zafra,
presidente en España de Merck


Hoy, al recorrer las oficinas, me encuentro con una escena algo diferente de la que experimenté al comenzar mi carrera: actualmente, conviven cuatro generaciones –Baby Boomers, Generación X, Millennials y Generación Z– compartiendo Espacio, ideas y retos. Personas que han crecido en mundos distintos, con prioridades y preocupaciones diversas, pero que trabajan juntas para dar forma al futuro. ¿Cómo aprovechar estas diferencias y extraer lo mejor de cada una de ellas?
Los datos invitan a reflexionar: en España, alrededor del 40 % de la población activa tendrá más de 50 años en 2030; en 2040, seremos el país con la esperanza de vida más alta del mundo alcanzando los 85,8 años; y en 2050, habrá más del triple de personas mayores de 64 que menores de 16 años.
La nueva longevidad, el envejecimiento de la población activa, la escasez de talento joven… no son un reto del mañana, sino del hoy, y me atrevo a decir que es un desafío que debíamos haber afrontado en el ayer... Las estadísticas nos hacen ver que no podemos permitirnos el lujo de dejar a nadie fuera.
Por tanto, hablar de cómo aprovechar el potencial de esta diversidad no es una nueva moda, es una necesidad estratégica para asegurar la sostenibilidad empresarial y el desarrollo social. Este “desequilibrio generacional” ejercerá una presión inmensa sobre las pensiones, el sistema sanitario y el mercado laboral. En los próximos años, el ritmo de jubilaciones superará al de nuevas incorporaciones y no estamos preparados para afrontar esta nueva realidad. La inclusión generacional deja de ser una opción y se convierte en una necesidad estructural para organizaciones e instituciones.
Como presidente de Merck en España estoy convencido de que, bien gestionada, esta diversidad etaria es una poderosa palanca de innovación. La combinación de la experiencia de los perfiles senior con la mirada de los jóvenes aporta una visión amplia y más completa del mundo que nos rodea. Si reunimos en una sala a personas con la misma edad, género, procedencia o cultura, obtendremos siempre los mismos resultados. Pero cuando sumamos otras perspectivas, la innovación realmente florece. Un estudio publicado por Harvard Business Review indica que los equipos intergeneracionales tienen hasta un 35 % más de probabilidades de ofrecer soluciones innovadoras que los homogéneos. Otro dato para reflexionar.
En Merck hemos apostado por impulsar la colaboración entre generaciones a través de Genera Talento, un proyecto destinado a poner en valor las contribuciones únicas de cada grupo de edad y conectarlas. Como parte de esta iniciativa, hace unos meses, junto con la Fundación SERES, presentamos un informe analizando la diversidad de edad en el seno de las compañías y concluimos que las empresas en las que conviven profesionales jóvenes y seniors retienen mejor el talento y cuidan mejor de sus empleados.
En esta línea, según nuestra “Encuesta Merck: Jóvenes, seniors y un futuro que escribir juntos”, cuatro de cada cinco jóvenes y seniors coinciden en la importancia de trabajar con personas de otras edades. Sin embargo, todavía persisten prejuicios y mitos: se habla de seniors que no se adaptan al cambio y sin interés por la tecnología; y de jóvenes desinteresados y sin compromiso. Todas estas afirmaciones frenan la colaboración y muestran que tenemos una gran labor por desempeñar: concienciar y desterrar estas ideas preconcebidas.
Desde que lanzamos Genera Talento, hace dos años, he extraído una conclusión determinante: solo se puede lograr una colaboración plena si existe un entorno de seguridad psicológica, donde todas las voces son escuchadas y valoradas, en el que lo que importa no es la edad, sino el valor que cada persona aporta.
Por eso, para que la convivencia entre generaciones
funcione, empresas y líderes debemos actuar como facilitadores
de esos espacios seguros. Escuchar activamente, fomentar el respeto mutuo, promover la mentoría inversa... En mi experiencia, cuando se generan puntos de encuentro e intercambio de opiniones, la colaboración surge de forma natural.
En definitiva, gestionar la diversidad generacional no es solo una cuestión de justicia o de responsabilidad social.
Es una cuestión de competitividad, de supervivencia y, en esencia, de construir un futuro próspero.