TRIBUNA
junio 2011

¿Con qué objetivo no llevas la contraria?

Joana Frigolé,
consultora gerente de Perfil

 
Joana FrigoléEn los procesos de coaching detecto reiteradamente multitud de mapas mentales que minan la propia felicidad y la de las personas que nos rodean. Uno de los más recurrentes es la dificultad para distinguir el desacuerdo de la confrontación.
En nuestra infancia aprendemos, por la propia evolución de la naturaleza, a decir NO. Es aquella etapa tan divertida y también tan molesta en la que el niño o niña dicen siempre NO, sin ningún tipo de criterio aparente. Efectivamente existe un criterio: reafirmar su YO. Es el gran descubrimiento de la propia identidad diferenciada de los demás. Si bien al principio resulta divertido, el entorno social y la educación nos van moldeando en la utilización de dicho NO, enseñándonos a ser “amables”, “a caer bien”, hasta el punto que aprendemos a decir SI, a pesar de que internamente desearíamos decir NO.

Igualmente en la organización también aprendemos, de forma implícita, que no se puede decir NO a los superiores jerárquicos, que llevar la contraria a los compañeros no nos sale a cuenta o que “el cliente siempre tiene la razón”.

Yo denomino a este hábito el “sí de la cortesía”. Un SI que no parte de la sinceridad y el compromiso, si no del “quedar bien” o “evitar algún problema mayor”.

El comportamiento de “no llevar la contraria” y no mostrar el DESACUERDO, nos aporta multitud de recompensas inmediatas. A corto plazo, conseguimos aquella aprobación y estimación de los demás, tan importante e imprescindible para alimentar nuestra autoestima. Y, de hecho, implícitamente, albergamos la esperanza que estas discrepancias se esfumaran por sí solas con el paso del tiempo. Pero, todo lo contrario, el tiempo demuestra que los problemas no se desvanecen solos, si no que la falta de conversaciones sinceras acaba generando un incumplimiento de expectativas y, por lo tanto, la pérdida de la confianza y aprobación mutua que tanto se intentaba preservar.

Generalmente en esta etapa de espera, optamos por estrategias de distanciamiento y/o armonía artificial. Se va incubando una percepción subjetiva y parcial de la situación, se extreman los juicios y se acumula resentimiento, perdiendo la posibilidad de mantener una conversación desde la empatía y el respeto a las necesidades del otro. De esta forma, lo que comenzó como un DESACUERDO por algún hecho o situación concreta, lo acabamos convirtiendo en una CONFRONTACIÓN que lleva implícita atribuciones de las intenciones y la forma de ser de nuestro interlocutor.

Nuestra relación con el NO y la falta de asertividad, se manifiesta en multitud de circunstancias en el día a día cotidiano, tanto personal como profesional. A modo de ejemplo, éstos son algunas de las quejas e inquietudes que nos expresan los/las coachees:
- Incapacidad para gestionar el tiempo. La persona manifiesta que está sobrecargada y no puede cumplir con todos los compromisos. No ve viable aplazar, delegar o renegociar. A menudo, acompañado de un sentimiento de sentirse imprescindible (“si yo no lo hago, no lo hace nadie”).
- Dificultades para tomar la iniciativa. Dependencia de colaboradores y/o profesionales de la organización para tomar cualquier decisión o ponerse en acción, básicamente condicionada por la necesidad de evitar que alguien se moleste con su decisión.
- Sentimientos de injusticia porque los demás abusan de su disponibilidad o simplemente solo cuentan con ellos cuando les “interesa”.
- Sentimientos de impotencia porque los demás no se dan cuenta de las propias necesidades.

Nuestro reto como coachs es el de ayudar a los coachees a distinguir las diferentes opciones para vivir el significado del NO:
- Lo convertimos en confrontación cuando nos ponemos a la defensiva, nos lo tomamos como un ataque personal, nos enfadamos y nos quejamos de forma improductiva.
- Lo podemos gestionar como un simple desacuerdo, cuando lo vivimos desde la legitimidad del otro para pedirnos, pero también desde nuestra libertad para poner sobre la mesa nuestros hechos, nuestra visión, nuestras propias propuestas... Y sin perder nunca de vista lo que nosotros necesitamos con equilibrio con lo que el otro necesita.

Desde esta distinción, será necesario reaprender unas habilidades en muchas ocasiones poco practicadas: PEDIR, OFRECER y RECLAMAR PRODUCTIVAMENTE.

La satisfacción y la sumisión a lo que los demás nos piden nos resulta útil a nosotros y satisface a los demás a corto plazo:
- Si vivimos para no llevar la contraria, los demás NO se sienten contrariados.
- Si vivimos para que no se enfaden, los otros NO se enfadan.
- Si vivimos para dar la razón a los demás, los otros NO sentirán que se han equivocado.

Esta es la paradoja. Para no decir nunca que no, vivimos esclavos de lo que NO QUEREMOS. Sin embargo, a medio – largo plazo, el resultado es que no somos capaces de aportar valor a las relaciones, especialmente cuando se pone en evidencia nuestra incapacidad para cumplir con todos los SI a los que nos hemos comprometido para “evitar” un desacuerdo.
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