TRIBUNA
junio 2017

Colaboración con las máquinas, el nuevo paradigma de la función directiva

Andrés Fontenla,
socio director de Recarte & Fontenla, Executive Search

 
Andrés FontenlaEl nivel de automatización en el trabajo que están facilitando las nuevas tecnologías está llegando a cotas que nos pueden resultar asombrosas, y han situado a los robots en el primer plano del debate sobre el futuro del trabajo. Sin embargo, la colaboración con las máquinas ha acompañado al ser humano desde los inicios de la civilización y tampoco esta vez hay motivos para esperar de ella algo diferente al progreso de las personas y de la sociedad. La cuarta revolución industrial también será liderada por los humanos y en ella los directivos desempeñan un papel que los hace difícilmente sustituibles.
Sin duda, la robotización es un leviatán imparable que invadirá nuestra vida, algo que estamos viendo también con la digitalización. Basta con fijarse en los ya casi omnipresentes drones y la gran cantidad de prestaciones que incluyen y que están al alcance de cualquier aficionado, para intuir lo que viene detrás. Algo similar ocurrió con los ordenadores personales y más recientemente con los teléfonos llamados inteligentes.

Sin embargo en el terreno de los directivos todavía nos queda un gran trecho por recorrer para que la robotización suponga una amenaza. Abarcará inicialmente y sobre todo las tareas más mecánicas, luego también a tareas de alto valor añadido, aunque seguirá siendo muy necesaria la participación y sobre todo la dirección humana. En su obra The Second Machine Age, los profesores del MIT Erik Brynjolfsson y Andrew McAffe diseccionan a fondo las implicaciones de esta segunda era de las máquinas. Uno de los puntos que recuerdan es, precisamente, que la introducción de nuevas tecnologías o modos de producción suele necesitar un tiempo de transición hasta que las prácticas directivas y de gestión son capaces de extraer todo el valor que pueden aportar. Esto quiere decir que la verdadera transformación digital de las empresas está en manos de los directivos y de su capacidad de desarrollar nuevas formas de hacer las cosas en un entorno totalmente diferente.

El directivo posee habilidades esencialmente humanas como son la intuición, la persuasión, la resiliencia, el aprendizaje… De hecho es capaz de anticiparse a los problemas, de buscar soluciones creativas y de movilizar e inspirar a los demás hacia a un mismo objetivo. Y por encima de todo, posee valores además de juicio ético a la hora de tomar decisiones y gestionar su actividad.

Actualmente las empresas ya han incorporado a sus operaciones sistemas de business intelligence y de apoyo a las decisiones que incorporan buenas dosis de automatización. Estos sistemas sin duda están aportando valor a la labor de los directivos y les están permitiendo basar sus decisiones en datos y hechos, en vez de en intuiciones o en simples opiniones, pero la experiencia también nos demuestra que la última palabra la tienen los humanos, que con su buen juicio y conocimiento del negocio, son mucho más capaces que las máquinas para realizar las elecciones más acertadas.

Así lo ponía de manifiesto recientemente Dan Wagner, quien fuera jefe de analistas de la campaña de Obama, en una entrevista que le realizaba Rik Kirkland, de McKinsey. Los datos pueden ayudar a tomar mejores decisiones, pero los números por sí solos no bastan para dar lugar a una estrategia coherente y accionable. Es la sinergia entre la interpretación de los datos y la intuición humana lo que realmente aportará un verdadero valor a la empresa.

En este nuevo contexto que representa la cuarta revolución industrial, en la que se augura que convergerán las tecnologías digitales, físicas y biológicas, el directivo podrá marcar la diferencia en la medida en que haga un esfuerzo camaleónico de adaptación continua, aplicando innovación y con un punto disruptivo. Esto implica un aprender a “resetearse”, formándose en las distintas disciplinas y sobre todo abrazar los cambios para subirse al tren de la transformación. Aquellos directivos que sean capaces de aprovechar antes que nadie las ventajas que pueden obtener de la colaboración con las máquinas serán los mejor posicionados para marcar las nuevas reglas del juego. Por eso, como nos recordaba Garry Kasparov en una charla TED el pasado abril, no existe ningún motivo por el que tengamos que temer a las máquinas, sino que debemos aprender a trabajar con ellas con el fin de hacer realidad los más grandes sueños de la humanidad.
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