Revista digital
TRIBUNA
octubre 2012

El asistente perfecto

Mark Dixon,
CEO de Regus

 
Mark DixonNadie puede manejarlo todo por sí mismo. Incluso los mayores líderes, desde Alejandro Magno hasta Nelson Mandela, se han visto obligados, entonces y ahora, a contratar los servicios de algún asistente personal.
El asistente arquetípico es eficiente y modesto, no le importa ser eclipsado por su jefe y, por lo tanto, la historia lo ha pasado por alto en innumerables ocasiones. La ficción ha sido más amable con ellos: sabemos cómo Don Quijote se apoyaba constantemente en el sufrido Sancho Panza; cómo Robinson Crusoe jamás habría logrado sobrevivir sin Viernes; y lo absolutamente perdido que habría estado Bertie Wooster sin su muchísimo más inteligente y talentoso mayordomo, Jeeves. Creo que es de justicia reconocer la valiosa labor de aquellas personas que están trabajando en esa segunda línea.

Aunque no dispongamos de un asistente personal, prácticamente todos contamos con la asistencia de terceros para solucionar problemas cotidianos en el trabajo o fuera de él. Hoy en día, recurrimos cada vez más a la tecnología en gran parte de nuestras investigaciones cotidianas. Usamos aplicaciones móviles que nos conectan de inmediato con servicios e información, pasando a depender seguidamente de las mismas.

Cada persona tiene su aplicación favorita, sin embargo, llega un momento en que no basta con la información y es necesario establecer contactos con personas. Responder al teléfono es una tarea que parece básica en una empresa, pero muchas veces se convierte en prioritaria, puesto que representa la primera imagen de una compañía para un elevado número de posibles clientes. Casi todos los empresarios se ven en la necesidad de estar en diferentes lugares al mismo tiempo, mientras necesitan que sus clientes, o posibles clientes, puedan contactar con ellos, no sólo mediante el teléfono móvil. Por razones de credibilidad, necesitan de algún lugar que por lo menos se oiga como si fuese una oficina, donde haya una persona real al otro extremo de la línea.

Necesitamos que esa persona sea alguien bien informado, confiable, inteligente, discreto e imperturbable. Él o ella debe ser capaz de organizar reuniones, informar a los miembros del personal, establecer contactos, atender reclamos, bajar la tensión y hacer que todo marche de forma adecuada.

Pero tal vez la cualidad más importante del asistente ideal es que él o ella debe carecer casi por completo de egoísmo. El asistente perfecto es un oasis de calma y tranquilidad, una confiable caja de resonancia que dejará fuera lo emocional, apaciguará los enfados y las impaciencias y nos ayudará a que las cosas se hagan sin inconvenientes.

Me gusta pensar que Regus, con su servicio de conserjería y los demás servicios disponibles en nuestros centros de negocios, entrega a nuestros clientes algunas de esas cualidades. En mi calidad de presidente y director general de la empresa, me considero afortunado de poder solicitar personalmente los servicios de diversos asistentes personales. Algunos son hombres y otras son mujeres. No sería correcto nombrar a alguno en particular, pero sé que no podría arreglármelas sin ellos.

Cervantes, Defoe y Wodehouse estaban en lo correcto. El asistente perfecto es una joya inestimable.
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