Trabajemos juntos
Mark Dixon,
CEO fundador de Regus
Algunos puristas se quejan de que nos estamos tomando demasiadas libertades con el término “cotrabajo”, que debería reservarse para los espacios de trabajo compartidos por individuos que piensan y trabajan en un objetivo común ¿Por qué debería existir un único modelo y una única definición de “co-trabajo”, con o sin guión? ¿Qué es un cotrabajador sino un compañero de trabajo? Esta palabra es prácticamente nueva.
Vamos a profundizar un poco más y a considerar la forma en la que están cambiando nuestros hábitos de trabajo. Lo que se esconde detrás del término “cotrabajo” es una combinación de factores que han revolucionado nuestra actitud frente al trabajo, la competitividad y el espacio personal. Es un fenómeno propio del siglo XXI y, en mi opinión, se debe a que las nuevas tecnologías han provocado cierta atomización de los individuos.
En el mundo desarrollado existe un gran número de trabajadores, ya sea en plantilla o autónomos, que son plenamente autosuficientes y que pueden pasar la mayor parte de su horario de trabajo productivo sin interactuar con otro ser humano. ¿Es una práctica sana?
Existe un fenómeno actual en los entornos laborales definido como “culto por estar ocupado”, que se ha convertido en una insignia de honor moderna. Estamos tan preocupados por ser “productivos” que desatendemos relaciones “innecesarias” tan vitales como lo son el agua y la comida. Aquí es donde la autosuficiencia tecnológica coexiste con una fuerte ética de trabajo y puede provocar grandes peligros.
Lejos de esta práctica, en Frankfurt por ejemplo, existe un complejo de oficinas espectacular en varias plantas encima del aeropuerto, con instalaciones para conferencias, un business club, restaurantes, tiendas, gimnasios y espacios de ocio de alta gama. Se basa en el concepto “aerotrópolis”, en el que la comunidad empresarial puede descansar, reunirse, trabajar o incluso divertirse. Sus defensores creen que este modelo ofrece “una mayor interacción, un nuevo modelo físico y social, y un mecanismo para acelerar la circulación de personas, bienes e ideas”.
Esto me recuerda al acuerdo al que llegamos hace poco con el operador ferroviario francés, SNCF, según el cual, ofreceremos a miles de usuarios de tren las mismas oportunidades de beneficiarse de espacios de trabajo en estaciones, donde podrán encontrar desde el bullicio de las cafeterías en las zonas compartidas, a oficinas completamente equipadas con recursos técnicos, hasta la comodidad de un hotel de primera categoría.
El punto clave de todos estos modelos de cotrabajo diferentes es que ofrecen al individuo la oportunidad de hacer su trabajo junto a otros. Al fin y al cabo, somos seres sociales, y el desafío moderno de cotrabajo consiste en repetir algunas de las cosas que damos por sentadas en nuestra vida cotidiana social, ya sea en el trabajo o en casa: ser capaces de desconectar un momento del trabajo e interactuar con otras personas; ver y compartir cosas con el vecino; preguntar dudas; pasar un buen rato, etc.
Estas interacciones diarias se pueden producir en un campus o business lounge Regus, una “aerotrópolis” o un espacio compartido funky en cualquier ciudad del mundo. Todas ellas son formas de cotrabajo que nos recuerdan de manera subliminal nuestra condición humana común y, de este modo, nos permiten ver todos nuestros problemas y traumas desde una perspectiva totalmente diferente.