TRIBUNA
noviembre 2019

Profesionales excelentes: combinando conocimientos, competencias, valores y propósito

David Reyero,
Gerente de Recursos Humanos de Sanofi Iberia

 
David ReyeroHace unos años un buen profesional era valorado principalmente por su amplia experiencia y unos excelentes conocimientos técnicos. Era un mercado de productos y servicios sin globalizar y un mundo del trabajo más previsible. En ese contexto que hoy nos parece ya lejano la maestría se cultivaba a fuego lento y aportaba valor a largo plazo.
Hoy día esto es importante y supone una buena base de empleabilidad pero es claramente insuficiente.

El talento más valioso, los profesionales que más aportan y son más demandados combinan buenos conocimientos técnicos de partida (“las habilidades duras”) con un buen nivel de competencias emocionales y sociales y sólidos valores éticos. Y además completan su perfil con algo cada vez más importante: les mueve un propósito profesional individual y colectivo bien meditado que va más allá de trabajan a diario con compromiso y pasión.

Las competencias (las famosas “habilidades blandas”) multiplican el impacto del oficio técnico. Trabajo en equipo, orientación a resultados, comunicación efectiva, orientación al cliente, curiosidad y agilidad de aprendizaje.

Son sólo algunos ejemplos que ilustran su importancia y que hoy día son sólo el punto de partida para competir, para las culturas organizativas de las empresas y los profesionales a nivel individual.

La ética es transparencia, honestidad, cumplir las reglas de juego, es evitar las tentaciones de los atajos. Es la clave para la confianza, ese bien tan valioso que cuesta cultivar y se pierde con tanta fragilidad. Y nos aleja de la corrupción, ese mal que destruye buenas trayectorias por codicia, arrogancia o mala fe.

A las empresas que son famosas por ser buenos ciudadanos corporativos y a los empleados con buena reputación (independientemente del cargo) el mercado les da un plus de reconocimiento. Y esto es fundamental, sobre todo porque las vidas empresariales y profesionales son normalmente carreras de fondo.

El propósito es la guinda del pastel, el elemento que muchas veces es diferenciador. Un plus de actitud y coraje muy importante en los buenos momentos pero sobre todo para afrontar las crisis que se suceden periódicamente.

“Teniendo claro nuestro «por qué» podremos hacer frente a todos los «cómo». Sólo sintiéndonos libres y seguros del objetivo que nos motiva, seremos capaces de generar cambios para crear una realidad mucho más noble”, como nos explicó Viktor Frankl en su inspirador libro “El hombre en busca de sentido” (https://is.gd/X9Swmu)

Conocimientos técnicos, competencias, valores y propósito vital: un cóctel virtuoso que multiplica nuestras posibilidades de éxito en el mercado empresarial y para nuestra empleabilidad profesional.

Algo que no está reservado a los grandes líderes ni a las personas de alto potencial, grandes capacidades o fuerte ambición.

Una combinación que está al alcance de todos los que quieren dejar un legado positivo a la sociedad. Un enfoque que pretende aportar valor a través de los buenos valores universales y la búsqueda de la excelencia mediante la sana insatisfacción diaria y la mejora continua.
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