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TRIBUNA
octubre 2018

Los globos sonda

Jorge Borrego,
director general de Scotwork España

 
Jorge BorregoLlevan toda la vida con nosotros, pero se han puesto de moda por el uso incesante que de los mismos está haciendo el gobierno socialista de Pedro Sánchez. Lanzas una noticia que puede causar cierto desasosiego, ves el ruido que causa en el entorno y en función del mismo adaptas la decisión anunciada.
Ejemplos como la subida del impuesto del diésel, la subida del IRPF para las rentas altas, la supresión del aforamiento, en los que primero se anuncia sin demasiado desarrollo la propuesta y en función de la buena o mala aceptación de la misma se matiza en más o en menos.

Pasemos el ejemplo del Globo Sonda a la esfera familiar. Un padre aprovecha la comida del domingo en la que por una vez coinciden todos los miembros de la familia sentados alrededor de la mesa y anuncia que para las vacaciones de verano de este año está pensando en cambiar el destino de todos los años, una playa cualquiera, llámese Jávea, Marbella o Zahara, donde los hijos ya tienen sus planes montados, por un incierto viaje al interior de España. El desasosiego de los hijos es inmediato. No tienen que pasar unas horas para oír y ver el efecto del globo sonda: las respuestas inmediatas van desde el: “Pues conmigo no cuentes” al “para eso me quedo en casa” y otras, o bien más virulentas o, simplemente, no reproducibles.

El caso es que es mejor pelear y plantar cara a las propuestas que aparecen en el horizonte de manera inmediata, antes de que se vuelvan firmes. Si yo fuera la oposición, vista la tendencia a usar el globo sonda, prepararía respuestas lo más inmediatas y contundentes posible para tratar de frenar la iniciativa tal cual se plantea.

Mi opción preferida, más allá de la pataleta del niño o del adolescente que ve peligrar sus planes y adopta posiciones drásticas, es analizar la situación de manera rápida.

En el ejemplo de la subida del impuesto al diésel:

a) ¿Tienen poder para imponerlo? Sí, tienen mayoría parlamentaria en virtud de los diferentes pactos de legislatura.
b) ¿Puedo bloquear de alguna manera el acuerdo? No, todo lo más, se puede suavizar a su paso por el Senado.
c) ¿Puedo hacer algo que el Gobierno desee evitar? Claro, puedo abanderar el descontento de los poseedores de vehículos diésel, de los fabricantes, de los autónomos y empresas de transporte que utilizan ese tipo de carburante y convenientemente aglutinados, aún con diferentes intereses, si consigo que colaboren en una única plataforma, puedo generar la presión suficiente para conseguir frenar esa propuesta.

Y la otra parte, en este caso, ¿qué herramientas tiene? Si el Gobierno observa la naturaleza de las quejas, la argumentación de los diferentes colectivos que explican el daño que les causaría dicho incremento del impuesto, lo injusto del mismo, etc., tienen las siguientes alternativas:

a) Tratar de rebatir de todas las objeciones, únicamente las más débiles y dejar que el debate se centre en esos argumentos en vez de en otros más contundentes. Los argumentos débiles, socavan o merman los argumentos fuertes.

b) Analizar la composición de la plataforma opositora y tratar de dividirlos, realizando una concesión solo a una parte del colectivo. Esto suele provocar la división del grupo y la irritación de la parte que se siente traicionada o, simplemente, perdedora.

Esta vehemencia frente al perfil bajo que adopta la parte del colectivo beneficiado por su negociación con el Gobierno puede hacer parecer a la opinión pública que se trata de cuatro gatos que no son objetivos ni representativos. La única pega de esta medida es que puede obligar a retorcer un poco más el argumento por el que se proponía un cambio, algo que puede ser aprovechado por la otra parte.


El menor de dos males

Además del globo sonda, otra estrategia que se utiliza con alguna frecuencia cuando se quiere plantear una propuesta que se intuye que no va a ser bien recibida es la siguiente. Imaginemos que tenemos una propuesta que creemos que va a ser impopular, por ejemplo, cualquiera de las propuestas citadas anteriormente. En este caso, una de las formas de dulcificar esa propuesta es plantearla junto con otra propuesta alternativa que creemos mucho más gravosa para la otra parte, de forma que el planteamiento sea o esto o esto otro. Una vez escuchadas las dos propuestas, la otra parte tiende a rechazar de plano la menos interesante y le va a costar algo más rechazar la alternativa “menos mala”.

Esta técnica se llama el menor de dos males y junto con el globo sonda son dos formas de tratar de cerrar un acuerdo, especialmente cuando se tiene un cierto poder respecto a la otra parte.
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