Revista digital
TRIBUNA
septiembre 2006

El fútbol y la empresa

Miquel Bonet,
abogado consejero de Select

 
Miquel BonetRecientemente se han descubierto las enormes coincidencias que existen entre la práctica del deporte profesional y la vida empresarial. Ello tendría poco mérito si no fuera porque se está generando una cultura de formación a directivos aplicando algunos principios reservados, en principio, al ejercicio deportivo.

La conexión es fácil porque el ser humano vive relacionado con todo lo que le rodea; además, mente, cuerpo y espiritualidad configuran el triángulo de la aspiración vital en armonía.

En mi limitada experiencia como veterano y aún practicante del fútbol, que es uno de mis vicios, he observado con el tiempo que la gente se mueve y actúa en la competición deportiva de la misma forma que lo hace en su vida normal; y tengo pruebas de ello: al observar a personas que conozco desde hace años en el ámbito laboral, he comprobado que aquel que no “suelta la pelota para nada” en la empresa no delega y es muy individualista; el que es muy fantasioso y poco efectivo, reproduce sus filigranas en la escasa concreción cuando debe tomar decisiones; el marrullero lo es también en el trabajo en equipo; en cambio, el buen asistente de campo siempre reparte juego para los demás, colabora, aporta valor y mejora el trabajo de todos.

Para buscarle una aplicación práctica, me atrevería a decir que las personas en nuestro comportamiento social, y específicamente en la traducción del mismo al servicio de una corporación, funcionamos siempre mejor en la medida en que existe una congruencia interna entre lo que queremos hacer realmente, lo que hacemos y la forma en que todo ello llega a los demás.

Las personas que nos dedicamos a observar a los otros con un fin tan leal y rentable como sería colaborando al descubrimiento de sus propias competencias para tratar de mejorarlas, por la vía de la formación, el mentoring o el coaching, acostumbramos, al menos yo lo hago, a tener en cuenta la forma de vida, el entorno y su comportamiento en general, porque todo ello es consecuencia de su forma de actuar en el trabajo.

Por ejemplo, si hablamos de valores, tema que está muy de moda y que sólo hace falta que se practique, tenemos muy claro que la única forma en que éstos se manifiestan no es otra que a través de la conducta de alguien; por lo tanto, es fácil adivinar si un líder realmente dirige con valores o se escuda en ellos para manipular a su personal. Basta con saber cómo vive, cómo se relaciona con su pareja y sus hijos..., porque casi todo es congruente, a no ser que sea un psicópata.

Mejor trabajar con gente con la que nos llevemos bien, que cada cual se ocupe de hacer lo que sabe y no obsesionarnos con los liderazgos, porque la mayoría prefiere obedecer a mandar


Y si nos referimos a emociones, ya es hora de creerse que el triunfo tiene mucho que ver con la habilidad para racionalizar y provocar emociones en los demás; aceptemos que para entendernos mejor, siempre será más fácil con gente capaz de ponerse en nuestro lugar, ya que no puedes comprometerte a algo que no te interesa. Y una cosa más, todo esto puede aprenderse.

Me temo que como me ocurre a mí, todos recibimos diariamente convocatorias a cursos, seminarios, charlas, másteres, como nunca antes había pasado; eso se debe a dos factores, la velocidad mediática y la competitividad, pues a más innovación, más globalización, más mercados, más gente a quien vender y, además, más patrones a copiar y con mayor facilidad; pero quizás olvidamos varias cosas: la primera, que no todos somos Ronaldinhos, por desgracia, ni por talento, ni, sobre todo, por esa sonrisa única que le proporciona haber descubierto que sabes hacerlo mejor, de forma genial, disfrutar con ello y que te paguen una millonada.

Veo a muchos ejecutivos en los aeropuertos devorar dos y tres libros de autoayuda, como si allí existiera la panacea del bien hacer, pero a lo mejor deberíamos ser algo más realistas, ni una empresa, ni siquiera un ser humano, se hace a golpe de manual; los modelos de otros casi nunca son copiables, porque como decía Ortega, somos cada uno con nuestras circunstancias. Y por último, los libros no enseñan, simplemente algunos, los muy buenos, llegan a motivar para aprender después practicando.

Lo bonito que tiene el deporte es que sólo compruebas los resultados disputando la competición. En mi experiencia actual pues, se suda, se sufren patadas y aunque trates de aplicar lo de Cruyff ”dejando que corra la pelota” a mis años, miré usted, no somos el astro holandés, hacemos lo poco que sabemos y faena tenemos para acabar en el campo, porque el espectáculo de verdad consiste en reunir a siete “locos sesentones”, verlos correr detrás de una pelota y meterla entre tres palos, pero eso sí, con dignidad y sorteando al competidor, más o menos como en el mercado.

Finalmente, quiero quedarme con algunas conclusiones: la primera, trabajar con gente es necesario, por lo tanto, mejor que sean personas con las que te lleves bien; segundo, en cada equipo uno sabe hacer bien algunas cosas, por lo tanto, lo natural y más eficiente consiste en que cada cual se ocupe de hacer bien lo que sabe hacer; tercero, no obsesionarnos con los liderazgos, porque la mayoría no quiere mandar, prefiere obedecer, repartamos los rols no por lo que saben, ni siquiera por lo que saben hacer, sino por lo que están dispuestos a aprender, busquemos gente flexible y adaptable y, por último, sepamos rodearnos de buenos profesionales, pero que sean mejores personas.
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