Calidad de vida laboral con tecnología
Joaquim Borrás,
consejero asesor de Sisqual
Las personas que nos cuidan lo tienen difícil. Ser enfermera en un centro sanitario o cuidador en una residencia o a domicilio es un trabajo muy duro. Horarios que en muchos casos dificultan o impiden una conciliación decente, turnos que incluyen noches, fines de semana y fiestas, contacto directo con personas que sufren. Poca apreciación social. No es extraño que se quejen.
Estas características dibujan un panorama laboral negativo: cuando uno no se levanta con alegría, ilusión ni empuje por no sentirse motivado ni comprometido, no tiende a ser cariñoso, ni a sonreír, ni a darlo todo en todo momento. La consecuencia, humana y comprensible, puede acarrear baja eficiencia, absentismo, rotación elevada y en fin, poca productividad. ¡Y mal nivel de servicio! En otras palabras: tiene un elevado coste psicológico para los trabajadores y un gran coste económico para la sociedad y las empresas. Estamos desconsiderando a las personas que o nos cuidan o nos van a cuidar en algún momento de nuestra vida y eso tiene un elevado precio.
Estos trabajos acostumbran a ser muy vocacionales. Tratar con personas enfermas, heridas física y/o mentalmente, no lo quiere hacer cualquiera. Se requiere actitud verdadera de servicio, aptitud para llevarlo a cabo, pasión, amor, gusto por cuidar. Pero encima de las dificultades, aún se lo ponemos más complicado con horarios y turnos que casi nadie aceptaría en la mayoría de empresas de otros sectores.
La gestión de personas en centros sanitarios y residenciales es muy compleja. Los cuidados no pueden interrumpirse en ninguna hora ni día, son de 24/365. Y cuando se planifica “a mano”, con cuadrantes y hojas de cálculo, se acostumbra a dejar poco espacio a la flexibilidad, la personalización o la conciliación, pues eso aún complica más las cosas. Es bastante normal “imponer” turnos, dificultar las peticiones de cambios, cometer errores en el pago de jornadas especiales como noches o fines de semana. Incluso ocurre que, cuando hay bajas, se puede llegar a sustituir personas con una especialización, como por ejemplo enfermeras de cardiología, por otras con distinta especialización, como pediatría. Evidentemente esto puede acarrear serias dificultades, tanto a las enfermeras que no conocen su trabajo como a los pacientes.
Pero la tecnología no es solo útil para solucionar problemas físicos, sino también los humanos. Los nuevos sistemas de Workforce Management o Gestión inteligente de personas permiten corregir la mayoría de fallos de la gestión manual y mejorar de forma muy notable la calidad de vida laboral. Las personas pueden ver su plan de trabajo en su dispositivo móvil y desde el mismo solicitar cambios, intercambiar guardias con otros compañeros, reservar fechas de ausencia ante eventos familiares importantes, como bodas, bautizos, exámenes… o incluso pedir vacaciones. Y dichos sistemas asignan los pluses económicos de los turnos especiales de forma automática. Planifican las sesiones formativas de cada cuidador según su especialidad y disponibilidad. Y mucho más. Son sistemas fáciles de instalar y usar, que se amortizan en muy breve plazo de tiempo por las mejoras en productividad, absentismo y rotación. Son tecnologías que humanizan el empleo, la calidad de vida en el trabajo y que consiguen avances muy significativos en el clima de las empresas.