La responsabilidad: una noción en el corazón de los desafíos actuales del executive coaching
Florence Malaud,
Directora General de Talentis España
En un mundo donde el coaching individual se convierte en un vector clave del desarrollo profesional, surge la cuestión de la responsabilidad. En esta dinámica, cada actor – el coach, el coachee y la organización – desempeña un papel distinto pero interconectado, moldeando una trayectoria de éxito para coachings más efectivos y responsables.
MÁS ALLÁ DE LAS EXPECTATIVAS EN TÉRMINOS DE RESULTADOS: ¿CUÁLES SON LOS PILARES DE LA RESPONSABILIDAD DEL COACH?
En el ámbito del coaching individual, la responsabilidad del coach va más allá del simple debate entre la obligación de medios y de resultados. Esta responsabilidad se extiende al coachee, a su empresa y al propio coach. Respecto a la responsabilidad hacia el coachee, uno de los desafíos centrales radica en la transparencia del coach sobre sus competencias ante los retos de su cliente. En un sector del coaching cada vez más competitivo, la tentación puede ser grande para un coach de aceptar misiones que exceden sus cualificaciones. Es esencial mantener una integridad profesional, reconociendo los límites de su expertise para garantizar un acompañamiento ético y eficaz. La responsabilidad hacia la organización reside en el respeto del contrato de coaching. Un coach debe honrar los compromisos asumidos: objetivos, número de sesiones y metodología. En definitiva, el rol del coach es facilitar un diálogo abierto y constructivo entre el coachee y la organización, especialmente durante las reuniones tripartitas de encuadre.
La responsabilidad del coach hacia sí mismo también es determinante para la calidad de su acompañamiento. Se manifiesta por un compromiso con su propio desarrollo continuo, su supervisión regular y el cuidado de su integridad moral.
LA RESPONSABILIDAD DE LA ORGANIZACIÓN: CREAR UN ESPACIO SEGURO QUE FAVOREZCA EL DESARROLLO DEL COACHEE
La organización juega un rol preponderante, actuando como un pilar central en la relación tripartita que la une al coach y al coachee. Una empresa responsable se posiciona como un facilitador activo, orquestando una colaboración estrecha entre el coachee, su entorno (N+1) y el coach. ¿El objetivo? Crear un entorno propicio para el desarrollo y la eficacia del coachee. Encontrar el equilibrio adecuado entre ofrecer apoyo y fomentar la autonomía constituye un desafío mayor. La organización debe no solo acercarse al coachee para entender mejor sus necesidades, sino también asegurar que el proceso se desarrolle con total transparencia, eliminando cualquier estrategia que pueda desviar al coachee de su trayectoria deseada, como una posible reconversión o una salida programada... Al establecer un marco de confianza y apoyo, la empresa contribuye activamente al bienestar de sus talentos y a su progreso profesional, demostrando una visión tanto humana como estratégica del desarrollo profesional.
EL COACHEE, UN ARQUITECTO DE SU PROPIO PROGRESO
El rol del coachee emerge como un engranaje esencial en la mecánica del coaching, marcando el tercer eslabón de la cadena de responsabilidades. Se le invita a implicarse realmente en su camino de desarrollo profesional. El compromiso, la participación activa durante y entre las sesiones, su apertura a la introspección y al feedback, constituyen la base de su evolución.
En coaching, el éxito no se alcanza con un simple golpe de varita mágica. El proceso requiere una implicación constante por parte del coachee, quien posee las claves de su propia transformación. Es él quien traza el camino, define sus objetivos y moviliza los recursos necesarios para alcanzarlos.