Revista digital
TRIBUNA
febrero 2021

Una reflexión sobre la felicidad laboral

Carolina Fernández Vinuesa,
Chief People Officer de Telecoming

 
Carolina Fernández Vinuesa¿Promueve la empresa un concepto erróneo posicionándose como responsable de la felicidad personal de sus empleados? Es un interrogante que anda rondando los despachos y las cabezas de los responsables de recursos humanos desde hace tiempo.
No hace mucho, y no sin esfuerzo (tanto en términos económicos como de transformación cultural), empresas y administraciones hemos sentado las bases de la conciliación laboral y el bienestar de los empleados como factor del desarrollo equilibrado, coherente y sostenible que demanda nuestra sociedad. Unos avances que, con perspectiva, se entendieran de verdad como signos de nuestro tiempo. Pero la velocidad e intensidad de los acontecimientos parece habernos rebasado y, una vez más, debemos adaptarnos a la inesperada evolución de los modelos.


En ese complejo proceso, sometido además a cambios de rumbo imprevistos, se hacen más patentes algunas debilidades conceptuales de la conciliación y la experiencia empleado. Conviene dedicar un tiempo a la reflexión y, si procede, a la autocrítica y la rectificación.


¿Por qué nos encontramos con profesionales que presuponen que su felicidad individual es responsabilidad de la empresa? ¿Hemos promovido desde la empresa un concepto erróneo y paternalista de la labor de las organizaciones? ¿O tal vez son agentes externos los que están construyendo una versión paralela en la que conciliación laboral y experiencia empleado se confunde con felicidad personal?


¡Claro que desde el área de RRHH queremos que el 100% de nuestra plantilla esté feliz!


Primero porque es mucho más agradable trabajar en el día a día con personas a tu alrededor que se sienten bien y a gusto. Y segundo, porque como profesionales de la gestión de las personas, es nuestra responsabilidad laboral encontrar talentos que hagan match con nuestra empresa y ambos encajen, en la medida de lo posible (porque es ideal tener ideas diversas), creando así una relación de WIN – WIN y un proceso de desarrollo mutuo. Lo que no depende de nosotros ni de nadie es la felicidad individual de cada empleado. La felicidad es una responsabilidad de cada uno, individual e independiente a todas las cosas que nos rodean.


La conciliación pretende un punto de equilibrio necesario entre responsabilidades profesionales y personales, a veces voluntarias a veces forzosas. Pero en ningún caso aplica al ocio y al hedonismo. Nada tiene que ver con una armonización entre las obligaciones y los deseos personales. Sin embargo, parece que nos dejamos llevar por un cierto pudor cuando toca hablar de obligaciones frente a derechos. Y olvidamos que ambos caminan juntos, pero no revueltos.


El trabajo forma parte del desarrollo personal e intelectual de la persona. Implica esfuerzo y compromiso. Y, desde luego, no es un juego. Desde siempre, ha sido una de las formas de crecimiento personal más importantes para el ser humano. A los responsables de equipos nos preocupa, y nos ocupa, consolidar modelos de bienestar y satisfacción laboral que favorezcan ese desarrollo. Porque también sabemos que revierten en motivación, en aprovechamiento del talento y en productividad. Todo cuenta y todo suma. Y si bien la empresa no es responsable de la felicidad de los individuos, sí lo es de su faceta de empleados.


Armonizar de forma correcta vida personal y profesional requiere un ejercicio serio de autorresponsabilidad. Y hacer un uso fraudulento de los derechos alcanzados en torno a la conciliación con una finalidad distinta a la que fue concebida, no es permisible.


Me pregunto si estamos banalizando el componente de superación que implica el desempeño de la actividad laboral, sea cual sea. Y también si desde la empresa se contribuye a propagar la confusión y la superficialidad en torno a la conciliación y la satisfacción del empleado. En las ofertas de empleo se muestran los beneficios sociales por encima de la relevancia de los proyectos y las oportunidades de desarrollo profesional.


Plantear el debate de estas cuestiones no es en absoluto cómodo, porque emite cierto tufillo paternalista y puede resultar impopular. Pero creo que es un ejercicio de responsabilidad y seriedad ponerlo sobre la mesa, y llevarlo a un análisis más profundo. Creo también que no se debe posponer demasiado, por más que tengamos muchas cuestiones urgentes que resolver en estos tiempos.
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