Liderazgo de servicio y agilidad estratégica: imprescindibles
Miles Herrera,
CEO para España y América Latina de The Lean Six Sigma Company
- “Estoy desayunando, ¿te va bien si te llamo en 15 minutos?”. Te lo dice un empleado y tú eres el jefe, ¿cómo te lo tomas?
No hace mucho leía en Equipos y Talento que ni más ni menos que “el 86% de los encuestados coinciden en la existencia de falta de liderazgo en sus organizaciones por parte de los directivos”, según un estudio del Foro Económico Mundial, me vi en una cascada de reflexiones que podría sintetizar en la imperiosa necesidad de liderazgo de muchas empresas, con dificultad para encontrar líderes, retener el talento o desarrollarlos para que afronten los cambios del mercado actual. Pero no solo, queramos o no, la pandemia es una antes y un después en los modelos laborales, donde los ambiente híbridos serán claves para retener a los mejores.
En este nuevo contexto, es imprescindible que los líderes empresariales sigan desarrollando sus habilidades para dirigir a sus equipos a distancia. Y es que estamos en el ojo del huracán. El mundo en cinco años, las empresas, la sociedad… serán otras, y de nosotros depende que nuestras organizaciones sean diseñadoras y constructoras de estas nuevas realidades, o simple historia, y el liderazgo hará que la balanza se incline a un lado o al otro.
Desde mi visión, el desarrollo de líderes va ligado al desarrollo de la cultura de una empresa, cultura que en tiempos de cambios megarápidos en el mercado y como consecuencia en las organizaciones, es importante que sea ágil para responder de una forma ágil.
Pero en este contexto, ¿de qué liderazgo hablo? De líderes en organizaciones ágiles, con un liderazgo de servicio a disposición de sus empleados, facilitando lo necesario para lograr ese objetivo común del equipo y en consecuencia de la empresa. Y ahí está la clave, en implantar una cultura empresarial en donde los equipos se puedan adaptar más rápido al cambio y los líderes aprendan a facilitar este cambio.
Lo contrario, seguir con la forma tradicional en donde el jefe dice a cada momento lo que hay que hacer, y con empleados que a mitad de su desayuno entran en la call con la boca llena y cierto fastidio, no nos llevará al éxito. Coincidiremos en que lo importante es compartir el objetivo común con el equipo y trabajar día a día para alcanzarlo, revisarlo y mejorarlo.
En un entorno que conozco bien, el de las metodologías Ágiles es muy común hablar de un liderazgo de servicio (Servant leadership), del que este portal también habla con asiduidad. Aun así conviene recordar, las claves, es decir vivir el servicio como un valor y transmitirle como un acto, donde la confianza nace precisamente del servicio desde el altruismo, y la motivación surge de un propósito significativo, con muchas acciones y muy pocos discursos, donde la lealtad es una consecuencia que no depende de una posición de autoridad e inevitablemente deja huella, realmente, lo que marca a las personas en su desarrollo personal y profesional.
Y llegados a este punto, las preguntas lógicas pasan por ¿tenemos una mentalidad ágil? ¿Dominamos la agilidad estratégica? Es decir, ¿tenemos capacidad de adaptación y evolución más allá de los contextos? Esto es agilidad estratégica, lo que hoy toca.
Veamos lo que dice la experta, Kerry Goyette, "la agilidad estratégica se caracteriza por que toda una organización contribuya regularmente con sus conocimientos para renovar y reinventar su propuesta de valor. Es un aspecto del liderazgo estratégico, es decir, la capacidad de un líder para expresar la visión de su organización y guiar a los empleados hacia ella".
Coincido en que lograr la agilidad estratégica no es fácil, ya que se basa en un cambio de mentalidad y en la inteligencia emocional. "Pero vale la pena cultivar esa mentalidad: las investigaciones muestran que el liderazgo estratégico, que incluye la agilidad estratégica, es el rasgo de liderazgo más importante".
La buena noticia es que se entrena. Así que a los líderes les conviene priorizar la agilidad estratégica en la cultura de su empresa para adaptarse, mejorar, cambiar y evolucionar continuamente de manera que sorprendan a sus competidores. Es un proceso de pensamiento creativo y flexible que ayuda a responder de manera proactiva al cambio y no se trata solo de la adquisición de conocimientos, sino de un enfoque de pensamiento y comportamiento de todo el cerebro.
Otra de las buenas noticias es que cuando los líderes practican constantemente hábitos arraigados en la agilidad estratégica, empoderan a sus equipos y organizaciones para que hagan lo mismo.
Una de las pruebas para saber si tenemos esa mentalidad es nuestra capacidad de adaptación a situaciones inesperadas. Una buena medida de hasta dónde podríamos pivotar de un contexto a otro serán las respuestas a estas preguntas, que nos plantea Kerry:
- Independientemente de las circunstancias, ¿veo oportunidades para mi organización?
- ¿Pienso críticamente sobre cómo afectarán las circunstancias a mi organización?
- ¿Recompenso la toma de riesgos adecuada, que permite la seguridad psicológica y la confianza mutua?
- ¿Estoy dispuesto a abandonar una línea de negocio para concentrar los recursos en oportunidades emergentes?
Y es que como ella dice: "Si está preparado para capitalizar las oportunidades de crecimiento y cambiar de acuerdo con las iniciativas a largo plazo, estará preparado para el éxito en el mercado".
¡Buena suerte!