Revista digital
TRIBUNA
diciembre 2020

Empresas con propósito: una vuelta a los valores fundamentales

Elena Marcos,
Directora de Estrategia, Comunicación y Marketing de Trentia Consulting

 
Elena MarcosA finales de agosto escribí un post en mi blog El Lado del Bien tras leer una frase que publicó en LinkedIn Virgilio Gallardo Yebra, Socio Director de Humannova, que decía que una organización comienza a morir cuando vive de los mediocres leales y prescinde de los brillantes críticos. Esta frase causó en mí un fuerte impacto, dio lugar a una reflexión y a una respuesta posterior que os comparto y abre en sí misma un debate.
Al releer lo que respondí en su momento, y leyendo de nuevo mi post me doy cuenta que obvie algo fundamental ¿por qué se separa a veces la lealtad de la crítica o del pensamiento crítico? Es decir, ¿se puede ser leal y crítico a la vez? La respuesta es que si, al menos para mi.

Es más me atrevería a decir que las personas que son realmente leales, a menudo nos dicen cosas que no queremos escuchar porque la verdad resulta dura pero son los leales críticos constructivos los que nos ayudan a crecer profesional y personalmente.

Esta reflexión y estos interrogantes me llevaron a una consideración posterior, la hora de la verdad, porque llega un momento que hemos de elegir entre ser leales con nosotros mismos o con otros cuando los valores de esos “otros” son distintos, han cambiado ( en este punto siempre me acuerdo de la frase atribuida a Groucho Marx: “Éstos son mis principios, si no le gustan, tengo otros". En realidad, apareció en un periódico de Nueva Zelanda en 1873, en la forma "Éstos son mis principios, pero si no les gustan, yo los cambio") o simplemente chocan frontalmente con nuestros principios fundamentales o nuestra escala de valores.

Mi respuesta al comentario de Virgilio Gallardo fue compartir una historia real que me sucedió cuando le dije a un Ceo al que aprecio que tuviera cuidado porque se estaba rodeando de aduladores que le decían lo que él quería oír. Y le recordé el cuento “El traje nuevo del emperador”, también conocido como “El rey desnudo”, el famoso cuento de hadas danés escrito por Hans Christian Andersen publicado hace mucho tiempo, en 1837.

Hay momentos en la vida (está frase es el principio de una de las canciones de Pau Donés, el cantante de Jarabe de Palo) que nos toca elegir entre ser congruentes, valientes y honestos o dejarnos llevar por la “manada”, por la corriente y cerrar los ojos, a pesar de estar en desacuerdo. Es una opción. Es una elección. Y no es fácil.

Mi decisión cuando se ha presentado esta disyuntiva a lo largo de mi vida profesional y personal siempre ha sido ser congruente con mis valores y con mis creencias, lo que tiene consecuencias ya qué a veces choca con el interés de particulares, pero nunca va en contra del interés general y sobre todo, nunca va a estar en contra de mis principios, de la búsqueda del “Lado del Bien” que da nombre a mi blog y al programa de radio que dirijo y presento en radio24online.com y del bien común, porque si algo he aprendido es que el bien y el mal existen y no se puede ser relativista con esto y que una mentira por mucho que se repita, no deja de serlo.

Cuando nos dejamos llevar por intereses partidistas y no miramos más allá, estamos haciendo un flaco favor a nuestros equipos y a nuestra Compañía.

En todas las empresas en mayor o menor medida existe el “juego de tronos” y has de saber que cuantas más posiciones subas y más responsabilidad tengas, más “juego de tronos” potencialmente habrá. Sin embargo, las personas que lideran las organizaciones, los dueños de las mismas, sus Comités de Dirección deciden si quieren convertir su empresa en una organización abierta, donde el respeto, la tolerancia, la inclusión, la aceptación del otro con sus diferencias y la búsqueda de la excelencia, el trabajo colaborativo y la mejora continua estén presentes, o si por el contrario prefieren mirar para otro lado, permitir “bandos“, trabajar en silos, en lugar de remar juntos en la misma dirección y respetar las diferencias.

Confabular, intrigar, hacer el vacío o mentir son prácticas que lamentablemente se dan a veces en las Compañías, afortunadamente cada vez menos, y es ahí donde el Código Ético debe ser no sólo un documento de word bien redactado, sino una guía de buenas prácticas que ilumine la senda que ha de seguir una empresa con propósito, valores, liderazgo y futuro.

Volviendo a la frase del comienzo, en las empresas se necesitan voces valientes, con apertura, personas que sepan escuchar, que sean empáticas, leales y que tengan pensamiento crítico, líderes que sepan decir alto y claro cuando algo no está bien y que no antepongan sus necesidades, intereses y su ego al beneficio de la empresa y al bien común. Personas humildes y valientes.

Desde mi punto de vista cuando una empresa prescinde de brillantes críticos y se queda con mediocres leales, está condenada al fracaso. Porque repito se puede y se debe ser leal y crítico.

Es vital tener líderes auténticos, fieles, valientes y honestos, aunque el precio sea alto. Construir es siempre más complicado que destruir.

Sin duda alguna la crisis del Covid-19 ha venido a revolucionar todo. Este cambio de paradigma ha hecho que nos replanteemos muchas cosas y veamos más allá.

Es tiempo de volver a los valores de siempre, es tiempo de ser empresas con alma, con propósito, entusiastas, apasionadas, es tiempo de trascender, es tiempo de ser leales con los que merecen nuestra lealtad.


La lealtad no soporta la traición, pero siempre es generosa con los errores. Siempre.


Una empresa no es grande por su tamaño, es grande por las personas que trabajan en ella, porque está construida sobre cimientos sólidos y se comparte la misión desde los valores y hay un propósito más allá del Ebitda, con líderes que guían y apoyan porque son personas de valor y con valores.

Me siento afortunada de trabajar en una empresa con propósito como Trentia donde la lealtad y la crítica para construir van de la mano. Por eso, cuando vives una experiencia de estas características se genera un auténtico sentimiento de pertenencia y te sientes como un gigante.

La lealtad es respeto al otro, y si, se puede pagar por el trabajo de una persona, pero no se puede comprar su corazón. Como decía Stephen Covey, en su corazón están la lealtad y el entusiasmo.
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