Revista digital
TRIBUNA
noviembre 2008

Nuevas oportunidades para el desarrollo profesional: titulaciones oficiales en versión executive

Águeda Benito Capa,
decana Facultad de Economía, Derecho y Empresarial de Universidad Europea de Madrid

 
Águeda Benito CapaLa mayor profesionalización de la gestión de las empresas ha provocado un claro reconocimiento del valor del capital humano, que ha venido acompañado de crecientes inversiones dirigidos a la formación por parte de éstas. Este esfuerzo organizativo en materia de formación, sin embargo, ha resultado a menudo parcial, puesto que en general se ha orientado hacia una formación técnica muy específica, que casi siempre se desarrolla a través de cursos cortos de carácter monográfico o, en el mejor de los casos, de cursos de experto o másteres. A día de hoy es infrecuente encontrar organizaciones que apuestan por una formación más general de sus trabajadores, que contribuya a una capacitación integral de plantilla y que refuerce el peso de su talento global. Y en buena medida este hecho es responsabilidad de las universidades, que no han sido capaces de adaptar su actividad a las necesidades específicas de un colectivo distinto al habitual, con responsabilidades profesionales y a menudo familiares que limitan sus oportunidades de dedicación a la educación superior más tradicional.
No obstante, el nuevo contexto de la enseñanza universitaria, marcado por la construcción del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) a través del denominado proceso de Convergencia Europea, trae consigo nuevas oportunidades, de las que algunas universidades ya se han hecho eco. Los nuevos principios de la educación superior suponen una mejor orientación de la actividad universitaria a las necesidades de la sociedad y el desarrollo de una docencia centrada en el alumno y dirigida a capacitarle profesionalmente a través de la progresiva adquisición de competencias. El EEES también establece la formación a lo largo de toda la vida, defendiendo el reconocimiento acumulativo de créditos académicos y de experiencia profesional, aunque éstos no se hayan producido necesariamente en los plazos establecidos en la enseñanza tradicional. Sin duda estas nuevas claves constituyen un marco mucho más favorable para que las universidades, en colaboración con las empresas, puedan desarrollar programas de formación universitaria dirigidos a profesionales en activo.

En este sentido, el reto de incrementar el nivel formativo de nuestros trabajadores supone la realización de un esfuerzo compartido por parte de tres agentes: en primer lugar del propio trabajador, quien ha de estar dispuesto a asumir las exigencias propias de un proceso de aprendizaje profundo y duradero, que a menudo llevará consigo claras restricciones de su tiempo libre y, muy probablemente, cambios en determinados hábitos personales y familiares, y quizás un desembolso económico. También de las empresas, que habrán de considerar la formación superior de sus trabajadores como una inversión en sí misma, que les proporcionará mayor valor de su capital humano y mayor probabilidad de éxito. Y para ello, éstas habrán de incentivar la formación universitaria, económica y organizativamente, incorporarla en los planes de desarrollo profesional, apoyarla en el día a día e integrarla como elemento de reconocimiento de su plantilla y de responsabilidad social. Por último, será necesario un esfuerzo de las universidades, hasta ahora el agente más resistente al cambio. Necesitarán abrirse realmente a la sociedad, orientarse hacia fuera, adaptando su planificación docente, horarios, métodos docentes y recursos de enseñanza-aprendizaje.

Afortunadamente algunas universidades son conscientes de esta necesidad emergente y han empezado ya a poner en marcha los mecanismos necesarios para atenderla. De momento son muy pocas, en su mayoría privadas, pero han empezado a surgir las denominadas titulaciones executive, titulaciones oficiales como pueden ser la licenciatura en Administración y Dirección de Empresas, en Derecho, Ingenierías, etc., cuyos planteamientos están adaptados a las necesidades de profesionales en activo que, a pesar de sus responsabilidades profesionales y/o familiares, han decidido mejorar su preparación iniciando o retomando una carrera. Esta nueva aproximación de la universidad debe implicar ciertos elementos clave:

● Por un lado, una universidad presencial debe hacer posible la asistencia de los estudiantes a clase, proporcionándoles horarios compatibles con el desempeño laboral (horarios nocturnos o en fin de semana).
● Asimismo, la universidad debe garantizar la utilidad práctica de los estudios. Para ello es necesario renunciar a determinados contenidos de escasa utilidad e implementar metodologías docentes activas, que permitan el desarrollo competencial del estudiante en su sentido más amplio.
● También resulta interesante incorporar cambios en la planificación de los estudios, por ejemplo a través de una secuenciación modularizada de las asignaturas. En vez de afrontar muchas asignaturas a la vez, resulta más efectivo trabajar éstas de dos en dos o de tres en tres, lo cual facilita la planificación del estudio y consigue trasladar al estudiante un sentido de logro en plazos más cortos de tiempo.
● Otro factor esencial es la flexibilidad institucional y del profesorado, sin renunciar al rigor académico ni al aprendizaje efectivo. Los estudiantes deben ser conscientes del esfuerzo que la obtención de una titulación requiere, pero también es necesario que el profesorado muestre sensibilidad ante situaciones personales o profesionales de peso.
● Sin duda uno de los grandes retos para las universidades será contar con profesorado preparado para atender este tipo de necesidad. Los profesores universitarios deberán hacer uso de metodologías docentes activas, aquéllas que van más allá de la tradicional clase magistral, y que implican la participación activa del estudiante en su propio aprendizaje, incorporando el estudio de casos, las discusiones en el aula, los trabajos en equipo y las técnicas de aprendizaje basadas en problemas y proyectos.
● Afortunadamente hoy día contamos con herramientas que pueden resultar de sumo interés en este tipo de enseñanza. Las denominadas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) son un elemento complementario de gran valor para la docencia presencial, cuyas ventajas debe aprovechar la enseñanza dirigida a profesionales en activo.
● Por último, será interesante que las universidades estrechen sus lazos con las empresas, estableciendo convenios de colaboración orientados al desarrollo profesional de sus empleados.

Bajo estos planteamientos de colaboración mutua y esfuerzo compartido, todos salen beneficiados. En primer lugar el trabajador, cuyo nivel de formación y oportunidades de avance profesional mejorarán. También hay claros beneficios para las empresas, en el sentido de su capitalización intelectual. Y también para las universidades, que podrán ejercer su papel de servicio a la sociedad en un sentido más amplio, y enriquecerse de los conocimientos prácticos de empresas y trabajadores. Así, resulta posible contribuir positivamente a mejorar los niveles educativos de la ciudadanía, al avance de la competitividad de las empresas, al refuerzo de nuestra economía y, por ende, al progreso global de nuestra sociedad. Parece que todos estamos preparados. ¡No esperemos más!
entrevistas  |  reportajes  |  almuerzos  |  tribunas  |  noticias  |  proveedores  |  nombramientos  |  estudios  |  agenda  |  libros  |  el equipo  |  enlaces  |  mapa web

© 2007 CUSTOMMEDIA S.L. edita EQUIPOS Y TALENTO  |  Equipo de redacción  |  Contacto  |  Política de privacidad

Av. Diagonal, 463 bis 5ª planta, Barcelona 08036  Tel. 93 4195152  Fax. 93 4101755