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Los altos ejecutivos, ¿negligentes o corruptos?

Sus compañías quiebran, pero ellos viajan en jet privado o cobran bonos millonarios

 
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28/01/2009 Si dirigen las principales entidades financieras del mundo o los mayores grupos automovilísticos del planeta, no deberían permitirse ser negligentes, en cambio sus decisiones han provocado pérdidas multimillonarias en sus organizaciones, llevando al borde de la quiebra a alguna de ellas. En este contexto son muchos los escándalos protagonizados por los CEO de empresas como la emblemática General Motors o la financiera Merrill Lynch, a quienes les cuesta recortar lujos.

Uno de los más sonados es el protagonizado por John Thain, CEO de Merrill Lynch, quien gastó 1,2 millones de dólares para decorar su despacho cuando la compañía ya luchaba por su supervivencia. Además, oliendo su salida de la firma tras su integración en Bank of America, se aseguró de no perder su prima y repartió los bonos correspondientes a 2008 (entre 3.000 y 4.000 millones de dólares). Una medida bastante controvertida si se tiene en cuenta que Bank of America ha recibido 45.000 millones de dólares del plan de rescate.

Citigroup se queda sin avión
Otro gigante del sector que ha tenido que ser rescatado, Citigroup, también generó controversia al conocerse su intención de adquirir un avión privado que cuesta 50 millones de dólares. Tras las fuertes críticas, la entidad anunció ayer que renunciará finalmente a la compra. Citigroup ha recibido 45.000 millones de dólares (34,5 millones de euros) del Gobierno estadounidense en ayudas para evitar la quiebra por sus fallidas inversiones.

Este no es el único avión famoso. Rick Wagoner, de General Motors; Alan Mulally, de Ford; y Bob Nardelli, de Chrysler, cogieron un lujoso jet privado para ir a la capital estadounidense con el objetivo de pedir dinero público para salvar sus marcas.

El consejero delegado de ING cobrará 1,3 millones de euros por dimitir
Después de las pérdidas anunciadas por ING, su consejero delegado, Michel Tilmant, presentó su renuncia. A falta de ser aceptada por los accionistas de la entidad holandesa, la dimisión del ejecutivo le costará al banco 1,3 millones de euros.

Según la normativa de la entidad, Tilmant debería percibir el equivalente a tres años de salario base. No obstante, esa cantidad se limitó a un año después de que el Estado holandés inyectara 10.000 millones de euros al banco.

Aún así la cifra contrasta con los cerca de 1.000 millones que ING perdió durante 2008, circunstancia que ha motivado a la compañía a suprimir 7.000 puestos de trabajo en todo el mundo.
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