30/03/2010 Cuando se introducen políticas laborales flexibles y respetuosas con la vida familiar, el absentismo desciende una media del 30%. Pero aplicar políticas de conciliación resulta especialmente difícil para las multinacionales, que han de considerar las complejidades socioculturales y políticas de los países o regiones donde operan.
Ésta es la premisa del libro `Balancing Work and Family: No Matter Where You are´, editado por las profesoras del IESE Nuria Chinchilla y Mireia las Heras. Las autoras explican las cinco políticas imprescindibles para transformar las empresas en negocios responsables. Como indica el título del libro, estas políticas se pueden aplicar en todas las culturas y sociedades del mundo:
1. Lugares de trabajo flexibles (“flexipuestos”) y horarios flexibles (“flexihorarios”).
2. Apoyo y asesoramiento profesionales.
3. Atención a los familiares en forma de guarderías para los niños o cuidado de los mayores.
4. Servicios, por ejemplo de tintorería o reparto a domicilio, para maximizar el tiempo libre.
5. Ventajas adicionales como atención sanitaria, planes de seguros y paquetes de viajes.
Estados Unidos: líder en flexibilidad
Según un estudio de 2003, el 55% de las empresas estadounidenses permite que los miembros de su plantilla trabajen ocasionalmente desde casa y más del 30% lo hace de manera regular. Se calcula que unos 23 millones de empleados trabajan desde casa a tiempo parcial o jornada completa.
El teletrabajo reduce los costes de alquiler de oficinas de las empresas, así como los de desplazamiento de los empleados. También ayuda a las empresas a retener a los buenos profesionales y mantener un sano equilibrio entre hombres y mujeres en el lugar de trabajo, destacan las autoras.
En el caso europeo es más difícil generalizar. Por un lado, los países escandinavos son pioneros en el establecimiento de políticas de conciliación de la vida laboral y familiar a escala gubernamental. Por ejemplo, ambos padres tienen derecho a solicitar permisos de maternidad o paternidad de hasta 18 meses, lo que ha aumentado la satisfacción de los empleados.
En cambio, la situación en Portugal y España no es buena: una semana laboral más de 45 horas, en comparación con las 35 horas de Francia o las 36 de Holanda, y unos horarios poco prácticos con una pausa para comer demasiado larga prolongan la jornada de trabajo hasta las ocho de la tarde.