29/07/2010 El ministro de Educación, Ángel Gabilondo, ha destacado que el 40% de la población española menor de 34 años posee algún título de educación superior, ya sea universitario, FP o estudios artísticos, aunque recordó que no todos están vinculados al empleo. Gabilondo se refirió a la polémica surgida tras afirmar que en España hay demasiados universitarios y que, por ello, se deben fomentar las formaciones profesionales y artísticas, que "son también educación superior".
El ministro señaló que España ha pasado de tener 200.000 estudiantes universitarios a 1,5 millones, mientras que el paro en éstos se ha duplicado en los últimos años. "No estoy atacando a la universidad, sino al contrario, me parece extraordinario", aclaró Gabilondo, quien explicó que su objetivo es "reivindicar la FP como formación de calidad para el desarrollo personal y para la empleabilidad".
En este sentido, incidió en que donde faltan estudiantes es en la formación profesional y alertó de que el "problema" de la educación superior es que "no toda la titulación tiene vinculación con la empleabilidad, con las nuevas profesiones y con la necesidad de las nuevas cualificaciones para nuevos empleos". Por este motivo, el titular de Educación propuso pensar "seriamente" sobre este asunto y "vincular más los estudios a la demanda social y a la empleabilidad, para potenciar el desarrollo personal". "Creo en las vocaciones, pero creo también que deben ir vinculadas a la rentabilidad o a la demanda social", afirmó.
En este sentido, un estudio de la Universitat Rovira i Virgili (URV) recomienda que el primer empleo de los jóvenes esté vinculado a sus estudios, aunque reconoce que la situación actual social y económica ha complicado el aterrizaje de los jóvenes en el mercado laboral. En manos de las empresas o de firmas de trabajo temporal, los jóvenes se encuentran en un escenario a veces hostil, en el que también aflora la contratación irregular y los abusos. “Lo que el empresario espera de los jóvenes no se ajusta a lo que los jóvenes esperan de su primer trabajo”, indica el economista Ferran Mañé, director del Observatori de l'Ocupació de la URV.
Este estudio sobre el impacto en el mercado laboral y el aprendizaje ha revelado datos interesantes acerca de los efectos al acabar la carrera de este primer empleo juvenil. Los estudiantes que empiezan antes a trabajar, compatibilizando sus estudios con un empleo, tienen a corto plazo unos salarios más elevados. No obstante, emplearse tan sólo es útil y beneficioso si es en un trabajo relacionado con los estudios. Trabajar por trabajar, con el supuesto aprendizaje de valores como el esfuerzo o la puntualidad, no aporta rendimientos laborales en un futuro, según el Observatori. "“Si el trabajo no está relacionado con los estudios, el impacto es cero o negativo. Trabajar por trabajar no es bueno"”, advierte Mañé.
“Además de los valores del aprendizaje, es importante que los jóvenes desarrollen competencias profesionales en la adolescencia y la juventud, el mercado laboral lo valora”, destaca Joan Boada, profesor e investigador en psicología social y recursos humanos de la URV y la UOC. La capacidad de adaptación a nuevos trabajos, la iniciativa, el autocontrol emocional o el compromiso con el trabajo son valores que Boada considera muy positivo empezar a aprender y trabajar.