20/10/2011 Las mejoras de productividad en las fábricas, las minas o los comercios al por menor son una importante fuente de crecimiento de la productividad. El “learning by doing” (literalmente, "aprendizaje con la práctica"), que se logra en el proceso de producción mismo, se cita a menudo como fuente de dicho crecimiento. Los trabajadores entienden cómo hacer mejor su trabajo y los directivos asignan el capital de forma más eficaz.
Un reciente estudio de la escuela de negocios Chicago Booth explora los mecanismos específicos a través de los cuales se da el “learning by doing” y ofrece una nueva interpretación del proceso, en lugar de considerarlo como un hecho de origen externo.
Los datos relativos a la producción se extrajeron de la fábrica de montaje de un importante fabricante de vehículos de Estados Unidos, en la que un equipo de investigadores, dirigido por Chad Syverson, profesor de Economía de la escuela de negocios Chicago Booth, encontró indicios concretos de “learning by doing”. Así, conforme iba transcurriendo el año de producción, el número de defectos por vehículo cayó en más de un 80%. “Es curioso constatar que con el segundo turno de trabajo, no se reinicia el proceso de aprendizaje”, explica Syverson. “Al contrario, el segundo turno se inicia en realidad con una tasa media de defectos más baja respecto al primer turno”, añade.
Este hecho demuestra que no todos los conocimientos derivados del aprendizaje adquirido con la práctica son absorbidos por los trabajadores considerados individualmente, sino que dichos conocimientos se incorporan dentro del capital físico u organizativo de la planta. Del mismo modo, a pesar de que el ausentismo laboral provoca un ligero aumento de la tasa de defectos, su impacto es muy pequeño desde el punto de vista económico.
“Algo más importante que la experiencia de cada trabajador estaba en juego”, comenta Syverson. “Cambios más importantes como modificar la disposición de las herramientas en el lugar de trabajo o reorganizar la secuencia de las operaciones tuvieron un impacto notable. Las sugerencias individuales de los trabajadores se convirtieron rápidamente en nuevas prácticas institucionalizadas, y la productividad total de los factores aumentó cuando la planta adoptó nuevos métodos de trabajo”, puntualiza.
“Estamos convencidos de que los directivos pueden inspirarse en este estudio y aplicar esas nuevas ideas a otros patrones de producción”, afirma Syverson. “En los negocios, un desarrollo y una mejora rápida del proceso productivo son motores fundamentales de éxito. Abrir la caja negra del crecimiento de la productividad para entender las fuentes del “learning by doing” en vez de suponer que el aprendizaje se produce por sí mismo puede orientar a los directivos sobre cómo aumentar la eficiencia operativa y permite comprender las fuentes subyacentes del crecimiento económico”.