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Una trabajadora de Sofitel gana un caso de despido improcedente por no sonreír

Nadine Fréville recibió un despido procedente pero ha ganado su causa en los tribunales

 
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01/10/2012 Una mayordoma de un hotel Sofitel en Cannes ha ganado ante un tribunal laboral contra su empleador, que la despidió por falta de simpatía hacia los clientes. Entonces, ¿no sonreír puede justificar un despido? No, según el tribunal de Cannes. El juez condena a Sofitel a pagar 115.000 euros en concepto de indemnización a la exempleada, teniendo en cuenta que el despido fue grave y sin una causa real aparente.

Nadine Fréville se incorporó al Sofitel Cannes en 2000 como mayordoma. Un año después fue elegida para el comité de empresa y en 2003 fue designada delegada de CGT. A continuación, tras varios problemas con su jefe, en 2004 Fréville presentó una denuncia por acoso y discriminación antisindical. Un mes después fue despedida por supuestas actitudes despectivas ante los clientes.

El inspector de trabajo, que debe dar su consentimiento para el despido de un trabajador protegido por les sindicatos, dijo que la falta de suavidad en un mayordomo no es “suficientemente grave para justificar su despido”. Sofitel presentó entonces un recurso ante la Consejería de Empleo, que en 2004 autorizó el despido, diciendo que la actitud del empleado sí es una falta suficientemente grave teniendo en cuenta “el alto nivel de servicios que ofrece el hotel”.

Pero Fréville no se dio por vencida. Se dirigió al Tribunal Administrativo de Niza, que anuló la decisión de la Consejería, sosteniendo que la “actitud negativa” puede ser el culpable de una recolocación pero no justifica un despido. Así que “el patrón de comportamiento por parte del empleado” no lo convierte en un despido procedente, puesto que es “víctima de la intimidación” y no hay “una causa justa”. El hotel no apeló.

Un caso que sienta precedente
¿Un contrato implica tener que estar de buen humor? Parece que se admite que no estarlo es una actitud negativa en la medida que sea un problema para el empleador, sin embargo, no es constitutivo de despido según los tribunales. Algunos abogados franceses sugieren a Le Fígaro que el juez tendría que haber tenido en cuenta el funcionamiento de la empresa, y reconsiderar la importancia de la sonrisa de una mayordoma hacia los huéspedes.

Hace unos meses, en Estados Unidos, la camarera de una pizzería fue despedida por llamar a una mujer asiática “dama de ojos rasgados”, pero no ganó el caso. Por eso el caso de Nadine Fréville con Sofitel sienta precedente.
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