05/10/2012 Ocho de cada diez enfermeros están estresados y más de la mitad consideran que la atención a los pacientes ha empeorado por los recortes. Además, depresión, tensiones musculares, problemas sexuales, nerviosismo o angustia, son algunas de las dolencias que sufren como consecuencia de la precariedad laboral en la que se encuentran.
Seis de cada diez profesionales de enfermería sienten en España el síndrome de Burnout, o del profesional “quemado”; ocho de cada diez, estrés, cerca de nueve considera que el ambiente laboral se ha deteriorado y más de la mitad considera que la atención a los pacientes ha empeorado en los últimos tiempos.
Estas son algunas de las principales conclusiones del Estudio “Percepción de estrés en los Profesionales de Enfermería en España”, que ha elaborado el Sindicato de Enfermería, SATSE, gracias a la opinión reflejada por el colectivo a través de una encuesta realizada a un total de 1.173 enfermeras de todo el país durante el pasado mes de julio. El perfil mayoritario entre los encuestados es mujer, entre 26 y 55 años, y con contrato fijo.
El secretario general de SATSE, Alejandro Laguna, ha explicado que el principal objetivo del Estudio ha sido conocer la repercusión de la actual situación de precariedad laboral en la salud personal y calidad de vida de los profesionales, así como en la atención que se presta a los usuarios del Sistema Nacional de Salud.
Según ha indicado, los testimonios de los profesionales que han participado en el estudio son el mejor “termómetro” para comprobar el grado de enfermedad que tiene nuestra sanidad, y, a tenor de sus resultados, se puede afirmar, con toda rotundidad, que “la salud de nuestro sistema sanitario ha empeorado en los últimos meses y, si no cambian las cosas, se verá abocado a una situación insostenible y desoladora, no solo para el profesional sino también para los pacientes”.
Laguna ha recalcado que la situación de estrés que están padeciendo los profesionales de enfermería sobrepasa con creces los límites razonables, y ha apuntado que a las ya complicadas condiciones habituales de trabajo se están sumando los recortes sanitarios, tanto en plantillas como en medios materiales, y el aumento de la presión que el profesional soporta por el creciente descontento ciudadano.