14/03/2013 Roberto Luna, presidente de AEDIPE, en representación de los 4000 asociados directores y responsables de RRHH de las empresas españolas, estuvo el pasado martes en la presentación de la Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven 2013/2016 que contó con la participación del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y de la Ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Bañez.
¿Cree usted necesario un plan de este estilo?
Sin lugar a dudas. Tenemos unas tasas de desempleo en menores de 25 años que duplican a las de la Unión Europea. En España concretamente, es del 54,1%. Por eso, tarde o temprano se tenía que asumir esta realidad tan crítica por el Gobierno. Hay que tener en cuenta que, en este sentido, se habla de una realidad estructural que hay que acometer y afrontar. Los datos no son nada halagüeños. Piensa por ejemplo en las altas tasas de abandono, el escaso peso de la Formación Profesional de grado medio, la alta temporalidad en el empleo de los jóvenes (82,3%), o la contratación parcial no deseada (51%). No son datos que precisamente estimulen a que mejore la situación. Más aun pensando que todo lo que es estructural requiere no sólo medidas a corto, sino también a medio y largo plazo.
¿Y cree que con estas medidas se puede afrontar este tema estructural que comenta?
El plan obedece a cuatro líneas estratégicas que hay que analizar en profundidad, en su aplicación a los menores de 30 años (35 años a las personas con discapacidad igual o superior al 33%). La primera es mejorar la empleabilidad de los jóvenes. La segunda aumentar la estabilidad y calidad del empleo joven. La tercera, promover la igualdad de oportunidades. Y la última, fomentar el espíritu emprendedor de los jóvenes. De hecho, la propuesta parte de 15 acciones de choque en el corto plazo. Está claro que al menos en esta ocasión ha habido un relativo consenso entre los agentes y que no procede de una visión unilateral. Eso sí que ha sido un gran avance.
Otra cuestión es hasta qué punto estas medidas se insertan o provocan hechos concretos finales en un mercado como el actual español. Las medidas en sí no son ajenas al entorno. Y en este sentido, estoy seguro que en otra época estas medidas hubieran tenido mucho más impacto. Porque no sólo es una cuestión de mejorar la flexibilidad o fomentar un grupo como el de los jóvenes, de difícil acceso al empleo. La cuestión es que el empleo depende de la competitividad de las empresas. Y si las empresas no son competitivas, por mucho que tengan mejores condiciones de empleo, no surtirá efecto. Creo especialmente que estas medidas deberían ir acompañadas de otras que afecten claramente al empresariado, su estrategia y competitividad, sobre todo desde el punto de vista internacional.
El plan establece una serie de incentivos y cambios importantes. Pasemos a comentarlos. Sobre el autoempleo, ¿cree que con los incentivos planteados se puede conseguir fomentarlo?
Indudablemente, toda acción hacia el autoempleo y el emprendedurismo de los jóvenes es una buena noticia. Pero el autoempleo o el espíritu emprendedor no se consiguen con una de estas medidas. Estamos hablando incluso de temas culturales que hay que analizar en profundidad. Podemos tener medidas muy positivas, como la que te permite estar cobrando desempleo 9 meses y lanzar tu proyecto empresarial o incluso cobrar todo el desempleo al 100% para capitalizarlo en una empresa de nueva creación. Pero en todo momento partes de la actitud empresarial de los jóvenes. Culturalmente está demostrado que nuestro país no ha fomentado especialmente el emprendedurismo.
Ahora nos encontramos con el “emprendedor por necesidad”, aquella persona a la que no le queda más remedio que buscar una solución en el mercado para poder subsistir. Pero hay otros perfiles que no encontramos, sencillamente porque no ha habido un trabajo de fondo en las políticas educativas y de promoción emprendedora. Esos otros perfiles son precisamente los que hacen que un país tenga vivo el espíritu creador e innovador.
El que ha creado la empresa porque es más motivacional, se ha encontrado normalmente muchos problemas burocráticos y una clara falta de apoyo institucional. Ahora podemos encontrar figuras como el capital semilla, los microcréditos, los business angels, o los préstamos participativos. Y también la reducción de la cuota a la seguridad social durante el primer año a una tarifa plana de 50 euros para los autónomos. Todo esto claro que ayuda, pero necesitamos el perfil de “empresario riesgo” que tenga el proyecto en su cabeza y lo quiera implementar. Fíjate que algunas medidas intentan disminuir precisamente la percepción del riesgo como el poder cobrar la prestación de desempleo si antes de cinco años se da de baja un autónomo. Ese perfil de empresario requiere que culturalmente haya también una transformación. Es necesario sensibilizar a la sociedad y al tejido empresarial de que han cambiado las reglas del juego, y tenemos que cambiar con ellas.
Pero si no tienen acceso al trabajo ni se ha fomentado una cultura emprendedora en los jóvenes, es difícil que podamos hablar de medidas que les afecten. ¿Qué pasa con el joven que no tiene experiencia laboral? En realidad ese es el gran problema, la experiencia laboral, acceder a los primeros empleos y más aún acordes a tu especialización. Necesitamos conectar mejor las universidades y la educación en general con las empresas, para poder canalizar de un modo más fluido y ajustado las relaciones entre la oferta y la demanda.
Pero aparte, es difícil poder acceder al mercado laboral cuando está en plena contracción como está el nuestro. Por mucho que incentives, es muy complicado actuar de modo independiente sin tener en cuenta las variables macroeconómicas. De hecho, se intentó en su momento con los famosos minijobs y ahora se intenta de nuevo con figuras como la contratación a tiempo parcial con vinculación formativa a menores de 30 años sin experiencia previa laboral, o el contrato denominado “primer empleo”, que se incentiva su paso a indefinido cobrando 500 euros al año si son hombres o 700 si son mujeres. Del mismo modo, el contrato en prácticas también busca una primera experiencia acorde a los estudios o especialización del joven con reducciones de hasta el 50% en la seguridad social.
Pero al final, no podemos perder de vista que si hay poco empleo y lo estamos priorizando hacia los jóvenes estaremos buscando acciones que favorezcan la igualdad, pero ese empleo vendrá de otro perfil u otro desempleado con otra edad. Estamos escasos de empleo, y eso es lo que hay que tener en cuenta. Necesitamos más empleo en general para poder articular todas estas acciones si no queremos que se conviertan en planes muy bonitos de articular, pero difíciles de implementar.
¿Se vincula claramente la contratación temporal a los jóvenes? ¿Es la única solución?
Como hemos visto, hay acciones que fomentan la estabilidad del empleo y su calidad. Pero en efecto, si buscamos primeras experiencias, en muchos casos es difícil articularlas desde una mayor estabilidad. Lo que está claro es que antes tenías que justificar la temporalidad. Y con todo esto se abre una puerta a la no justificación, al poner en el target a los jóvenes. Esto no deja de ser un primer paso que rompe en gran medida el concepto que teníamos de estabilidad. De todos modos, hemos de pensar y reflexionar sobre lo que significa la flexibilidad para la empresa. Nuestra estructura laboral está completamente condicionada por el tipo de empresa que tenemos y el sector donde estamos.
En la medida que nuestras empresas no tengan estabilidad en los mercados, lo único que hacen es trasladar esta inestabilidad a sus plantillas. Por eso, este también es un tema estratégico como país. Tenemos que fomentar una industria más potente e innovadora, unos servicios con mayor diferenciación que aporten calidad al mercado y buscar las fórmulas para que nuestras empresas puedan permanecer estables en la inestabilidad. Y eso sólo se hace con empresas fuertemente gestionadas con estrategias claras, mercados internacionales y una cultura de innovación y desarrollo continuo.
¿Supone este plan un reconocimiento del fracaso de algunos aspectos de la reforma laboral?
Está claro que con la reforma laboral no se ha obtenido lo que se pretendía, sólo con ver los datos de los emprendedores a los que se permite el despido sin indemnización durante el primer año podemos asumir que no se trata sólo de plantear ventajas de este tipo. Se suele dejar de lado las acciones más globales que tienen que ver con una cultura o una generación. Parece que muchas veces se hacen las cosas independientemente de sus agentes. Y en este sentido, estas propuestas parecen un pequeño giro hacia el consenso. Pero necesitamos aún mucho más. Piensa que estas estrategias están alineadas con la Unión Europea y con los objetivos de lo que se denomina la “Garantía Juvenil” europea. Y España tiene suficientes particularidades como para analizar cómo implementar correctamente muchas de estas propuestas. Necesitamos encontrar también nuestro camino como país. Sólo así podremos ajustar mejor la empresa y el mercado laboral.
Pero entonces ¿la estabilidad para los jóvenes es una quimera?
Digamos que la estabilidad es un concepto a actualizar en la empresa hoy en día. Con cambios en las empresas como estamos viviendo, deberíamos hablar más de proyectos empresariales y de proyectos profesionales. Podremos lograr estabilidad en las empresas en la medida en que éstas puedan gestionar su innovación y diferenciación de un modo más estable. Pero hoy en día incluso estamos viendo cómo las empresas más grandes y afianzadas están perdiendo no sólo cuota de mercado, sino también su valor añadido. Por eso, creo que necesitamos mucho más debate sobre el concepto de empleo y trabajo en nuestro país. Sólo de este modo lograremos comprender los conceptos de flexibilidad y estabilidad. Ya no es sólo un debate de los jóvenes, aunque ellos sean la punta de lanza de todo el tema. Por eso la palabra clave de nuestro tiempo es “empleabilidad”. Es decir, tu valor en el mercado para poder ser empleado. Pero como todo, la empleabilidad también es un concepto relativo. No es lo mismo tu valor con un 5% de desempleo, que con un 25%.