17/04/2013 Según ha confirmado a Europa Press el presidente del comité de Pescanova, Francisco Puga, "hasta ahora, la empresa está cumpliendo con los trabajadores", y "no ha habido despidos". "Ejecutivos de la empresa nos han asegurado que el mes de abril se va a cobrar y, a partir de ahí, ya se verá, porque un concurso no es ninguna broma", ha añadido Puga.
Según ha apuntado el presidente del comité, la dirección de la multinacional pesquera aún no ha respondido a su petición de reunión, y se comunica con los representantes de los trabajadores a través de "intermediarios", que intentan trasladar a la plantilla un "mensaje de tranquilidad".
Asimismo, ha insistido en que debe ser la dirección o el consejo de administración el que informe a los empleados de la compañía. "El comité lo que quiere es la viabilidad de la empresa y que se garanticen los puestos de trabajo. Cuando se concrete el concurso, veremos qué decisiones tomamos", ha añadido.
CCOO se personificará en el concurso para obtener información
Por otra parte, CCOO, el sindicato mayoritario en la representación de los trabajadores, ha confirmado que, una vez que se admita la solicitud de concurso, se personarán en el procedimiento como parte interesada. "Queremos así obtener la documentación e información que ahora nos está negando el consejo de administración", ha señalado Francisco Vilar, responsable de Alimentación del sindicato.
"El consejo y la dirección siguen desaparecidos", ha denunciado Vilar, quien ha confirmado que CCOO sigue "a la espera de respuesta" tras pedir un encuentro con la cúpula de Pescanova. "Los mandos intermedios piden tranquilidad a la plantilla, pero los que mandan de verdad no dan la cara", ha apostillado.
Asimismo, ha confirmado que el próximo sábado a las 10.00 horas se celebrará una reunión de delegados en el Centro Cívico de Teis, en Vigo, para analizar la situación de la empresa y las medidas que tomarán.
Sousa, el pez grande que se salió de la pecera
El País publica un perfil de Manuel Fernández de Sousa, el hombre al mando de Pescanova, empresa que heredó de su padre pero que ha dirigido con un estilo personalista y autoritario. Los que le han visto en los últimos días describen a un hombre al límite, con los nervios destrozados, pero que se resiste a dejar el timón.
Durante más de tres décadas, ha estado acostumbrado a la obediencia ciega de un equipo de directivos a los que hasta le temblaba la voz en su presencia. Don Manuel era el rey de Pescanova, compañía símbolo de Galicia, una de las primeras multinacionales españolas.
Con Manuel al frente, Pescanova no dejó de crecer. En 1985 la sacó a Bolsa —aunque reservándose el control accionarial— al tiempo que extendía sus redes por todos los mares del mundo. Se convirtió en uno de los gigantes internacionales en el mercado de productos ultracongelados. Era la época en que los gallegos presumían de tener una multinacional propia, puntera en la innovación tecnológica para la explotación del mar.
Con el cambio de siglo, Pescanova se había lanzado al negocio de las piscifactorías, muy jugoso por las fuertes subvenciones que concedía la Unión Europea. Fraga apadrinó su proyecto pero cuando llegaron los socialistas a la Xunta lo pararon, alegando el impacto paisajístico, y le ofrecieron alternativas. Sousa amenazó en público y en privado hasta llevarse la planta a Portugal,donde hoy está semiparalizada por la muerte masiva de peces.
En medio de tanto alarde de poder, la deuda de la compañía no cesaba de medrar y hasta los directivos desconfiaban ya de sus cuentas. El hundimiento de Caixa Galicia marcó el principio del fin. Y ahora Sousa lucha para no acabar como su amigo Méndez, que en apenas unos meses ha pasado de la reverencia generalizada al escarnio público.