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18/03/2015 Ser feliz en el trabajo es la mejor garantía para no perderlo. La mayoría tiene muy en cuenta la formación, el currículum, los idiomas…. pero se presta muy poca atención a la actitud como uno de los grandes avales de las personas. El sociólogo Carlos Hernández desvela en su obra “Optimismo para torpes” cómo una actitud positiva reporta beneficios, no sólo individualmente, sino también a todos los que le rodean. En las empresas y en los departamentos de recursos humanos, los jefes y empleados negativos son calificados en muchas ocasiones de tóxicos. Lo mismo, pero al revés, sucede con los empleados y jefes positivos/optimistas. En la práctica se convierten en auténticos garantes de la estabilidad y la prosperidad en la empresa.
En este día Internacional de la Felicidad (instituido por Naciones Unidas) Carlos Hernández recuerda que “las actitudes positivas transmiten positivismo y, por lo tanto, generan un mejor clima laboral en el que nos encontramos más a gusto. Si estamos más motivados aprendemos más, somos más creativos y esto nos lleva a ser más productivos. Y ser productivo te ayuda, definitivamente, a conservar el trabajo (incluso a ser contratado, si estás en paro)”. Por eso, este tipo de empleados son buscados y se han convertido en los más deseados por los empresarios. “Ahora mismo hay mucho talento en el mercado. En igualdad de condiciones las empresas prefieren atraer y retener empleados que no resulten tóxicos”.
¿Podemos convertirnos en personas optimistas? Carlos Hernández asegura que el optimismo es una actitud ante las cosas que te rodean y que se puede “entrenar el cerebro” para adoptarla con eficiencia. Es decir, en posible convertirse en una personas positiva “si nos lo proponemos”. Algunas de las claves que Carlos Hernández menciona en su libro para cultivar nuestro optimismo son buscar relaciones sanas con los compañeros, tener la mente abierta y adoptar una actitud de aprendizaje. Pero, sobre todo, evitar a los compañeros tóxicos.
No es fácil hablar de optimismo cuando una persona se siente profundamente infeliz con el trabajo que desempeña. Lo mismo sucede cuando se sufre el drama del desempleo o de la enfermedad. La adversidad se convierte en el principal escollo entre nosotros y el optimismo. Pero sortearlo es posible, e incluso, “necesario”.
Carlos Hernández, socio de dosabrazos, es un optimista empedernido. Máster en RRHH, Licenciado en Sociología y en Periodismo y Diplomado en Trabajo Social. Obtuvo el premio excelencia de la Universidad Carlos III de Madrid por su trayectoria profesional y emprendedora. Imparte clases en esta misma universidad y es autor de “Optimismo para Torpes” (con ilustraciones de Forges y Prólogo de Javier Urra). Lleva más de 15 años tratando de contagiar su espíritu positivo a todo el que esté dispuesto a escucharle.
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