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Piensa como una celebrity: cuatro consejos para negociar tu propia promoción

Encontrar tu propia zona de confort y comunicar tus logros son algunos de ellos

 
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22/10/2015 En la vida, como en los negocios, la imagen juega un papel clave en toda negociación. Automopromocionarse, de hecho, es el resultado de cómo cultivemos y cuidemos la imagen que proyectamos hacia los demás. Tal y como subraya Jim Camp en un reciente artículo de Forbes, cuando la imagen pública de un personaje recibe un varapalo, este intenta remendar el golpe en público, rodeándose de gente, para reparar la imagen que la opinión pública tiene de él. Están, por así decirlo, renegociando su valor.

Ya se trate de Lance Armstrong, el presidente Bill Clinton o el presidente de Volkswagen, cada uno calibra cuidadosamente sus apariencias para restaurar su imagen y recuperar su valor entre el público. En palabras de Rick Gillis, autor de "Promote!", se trata de una lección que todos podemos aplicar en nuestra vida profesional.

Una promoción de uno mismo que no tiene porqué empezar a remolque de un fracaso, a la hora de cuantificar los daños y obrar en consecuencia, sino que el valor debe mantenerse a lo largo de toda la carrera profesional. Tal y como señala Gillis, "la estabilidad laboral hoy en día es tan voluble como la admiración (o el odio) del público para las celebridades y, en esa misión, uno realmente solo cuenta consigo mismo como equipo".

Promocionarse requiere, asimismo, habilidad, tacto y, lo que es más importante, concebirse como una responsabilidad que debe gestionarse en el día a día. En su libro "Promote!", Gillis apunta cuatro consejos para lograrlo:

  1. Nunca asumas que los demás saben lo que haces. Según Gillis, "el hecho de que compartais el mismo aire en la oficina no quiere decir que tu jefe te tenga en mente todo el tiempo". Si brillas demasiado, incluso pueden percibirte como un ser arrogante, así que asegúrate de explicar a tu manager cuáles son tus responsabilidades y logros. Solo así se hará una idea correcta de cuál es tu misión en la empresa.
  2. Tú eres tu propio equipo de relaciones públicas. Cuando Armstrong apareció en el programa de Oprah tras su caída, en realidad había expertos entre bambalinas que le asesoraron en todo aquello que debía decir y hacer. Hay toda una maquinaria detrás de cada aparición pública de las celebrities, a base de asesores, publicistas y RRPP, una infraestructura de la que la gente de a pie no dispone. En su lugar, uno debe convencer a sus jefes de su propio valor, lo que requiere invertir tiempo y esfuerzo en su propia carrera para que esta sea gratificante, productiva y exitosa.
  3. No autopromocionarte puede ser fatal profesionalmente hablando. Seas consciente de ello o no, te encuentras constantemente negociando para mantener tu puesto de trabajo y ascender, así que autopromociónate para asegurarte que tu superior no mirará hacia otro lugar cuando necesite a su "figura estrella", más teniendo en cuenta el entorno actual, tan sumamente competitivo.
  4. Encuentra tu zona de confort y ve a por ella. El término "autopromoción" puede tener ciertas connotaciones negativas para aquellas personas para las que jactarse de sus propios logros no esté bien visto. Lo importante es dar con una manera honesta y humilde de informar a los demás de la valía profesional de uno, pero lo que está claro es que crear y mantener nuestra propia imagen en el trabajo es más que necesario porque, entre otras cosas, los demás también lo van a hacer.

 

 

 

 

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