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21/04/2016 Un empresario que vende pistas de hielo ecológico por todo el mundo, Paco Ortiz, y un periodista que ha asesorado en comunicación a cientos de empresas, grandes y pequeñas, Miguel Ángel Robles, han desafiado juntos el tópico de que es mejor no hacer negocios con amigos. Así, han creado juntos el primer libro de la historia que no tiene precio (literalmente), porque el precio lo decide el lector después de leerlo transfiriendo el dinero a un número de cuenta corriente (y pagando un pastón o no pagando un céntimo: es su decisión).
Se denomina Exitocina, la hormona del emprendimiento, y es un ensayo en el que los autores se dedican a desmontar, uno por uno, los viejos tópicos sobre el éxito empresarial, entre ellos el de que es mejor dejar a los amigos fuera de los negocios. Frente a esos clichés, Paco Ortiz y Miguel Ángel Robles proponen cinco nuevas claves para el emprendimiento (pasión, confianza, originalidad, comunicación e innovación) y subrayan que el empresario no nace, sino que “se hace a través de la formación que todos recibimos desde pequeños en nuestro entorno”.
Desde esa visión, identifican en el libro varias expresiones peyorativas fuertemente asentadas en nuestra sociedad que, dicen, deberíamos convertir inmediatamente en verdaderos elogios “si realmente queremos promover una cultura más emprendedora”.
1. “Vive en las nubes”
Los españoles somos muy de la cultura de “tener los pies en la tierra”, o sea un puesto de trabajo para toda la vida, y de despreciar a los soñadores y en general a todos los que se proponen vivir de sus ilusiones y convertir la pasión en el centro de su vida. A los niños, desde que son muy pequeños, les enseñamos que eso de tener aficiones está muy bien, pero que lo importante es tener un buen trabajo que te permita dedicarte a tus aficiones en tu tiempo libre. Es la disociación absoluta entre el ocio y el negocio.
Frente a esta idea, los autores de Exitocina proponen “poner el ocio y el negocio a hacer el amor”. La primera pregunta del emprendedor, dicen, debería ser qué es lo que te gusta hacer y la segunda, cómo convertir lo que te gusta hacer en un proyecto al mismo tiempo vital y empresarial. Por eso, a su juicio, la primera clave del éxito empresarial no es el esfuerzo, sino la pasión. “Hay que desterrar la visión de negocio como la negación del ocio (…) porque eso es, o debería ser, una empresa, lo que va más allá del ocio, el fruto de una reflexión interior sobre tu pasión y lo que te mueve”, señalan los autores, convencidos de que “cuanto más jóvenes haya viviendo en su propia nube más emprendedores tendremos”.
2. “Es un motivao”
La segunda clave del emprendimiento empresarial, dicen los autores, es la confianza, “porque es verdad que la fe mueve montañas, pero sobre todo la fe en uno mismo”. Por ello, subrayan, hay que dejar de utilizar como un insulto la expresión de “fulanito es un motivao” para empezar a convertirla en un verdadero elogio, el mayor de los elogios. “Allí donde ha habido un líder o un equipo de personas entusiastas que ha logrado grandes éxitos, siempre ha habido al lado un coro de voces diciendo qué se habrán creído estos, o a dónde se piensan que van a llegar”, comentan los autores.
“La confianza no es ciega, es luminosa, y empuja a los logros más aún que la formación”, sostienen Ortiz y Robles, que piden a los padres que enseñen a sus hijos a ver el vaso siempre medio lleno y a aceptar el fracaso con naturalidad, como un ingrediente fundamental del éxito.
3. “Menudo marciano”
Ser “un marciano” o “un rarito”, y no hacer cosas normales, incluso pasar por un “friki”, son grandes piropos, o deberían serlo, según los impulsores de Exitocina. “En la formación de emprendedores, empezamos a fastidiarla cuando enseñamos a nuestros hijos a hacer cosas normales, cuando los educamos para que sigan la norma, cuando en la escuela los evaluamos no por su capacidad de dejarnos con la boca abierta sino por su capacidad de dar respuestas pre-establecidas”, subrayan.
Ambos están convencidos de que necesitamos una nueva alfabetización centrada en la creatividad y en la potenciación de la singularidad como el mayor activo para la vida y desde luego para el emprendimiento. Porque frente a una educación basada en la norma y en la repetición, los emprendedores son los que cambian las reglas del juego, y los que cuando están en un atasco cogen la primera bocacalle a ver qué pasa. “No es necesario que seas el mejor, basta con que seas fiel a tu propia singularidad”, aseguran.
4. “Se vende muy bien”
En nuestro entorno tenemos tan poca cultura de la comunicación que venderse bien es algo peyorativo, un atributo que se presenta como contrario a la calidad. Hemos sido educados en la convicción de que la comunicación es un recurso al que sólo hay que acudir cuando hay un déficit de calidad. Frente a esta cultura, los autores proponen pasar a la idea de que venderse bien, o sea comunicar bien, es un atributo esencial de ser bueno, y particularmente lo es para el emprendimiento.
“Si no comunicas tu diferencia es como si no tuvieras esa diferencia”, afirman Ortiz y Ángel Robles, que proponen jocosos a los emprendedores que, cuando alguien les diga que se venden bien, ellos les repliquen que es lo más bonito que les han dicho en la vida. Por ello, en la fórmula de Exitocina la comunicación aparece como el gran potenciador de la originalidad.
5. “Se pasa la vida inventando”
Otra expresión peyorativa muy de nuestra cultura y que aplicamos tanto a niños como a adultos que consideramos que pierden ampliamente el tiempo. Y es que aquel “¡que inventen ellos!” de Miguel de Unamuno sigue más arraigado en nuestra cultura de lo que imaginamos. Se pasa la vida inventando, decimos de aquel que aún no ha asentado la cabeza. Frente a esta convicción, los autores proponen a los jóvenes que inventen casi todos los días una nueva cosa en la que ser diferente, y aseguran que, en clave empresarial, mucho más importante que esforzarse por ser el mejor es esforzarse por innovar y ser el primero en una nueva categoría de producto o servicio, adelantándose a los demás.
Alep 22/04/2016 a las 00:53
Mi padre (funcionario) y algunos amigos suelen decirme que "tengo muchos pajaritos en la cabeza". Pero me encanta imaginar ideas y teorías todo el día. Aunque ya va tocando dejar de procrastinar y pasar a la acción. ¡Espero que el libro me ayude!
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