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03/08/2016 ¿Qué efectos tiene para la empresa y el desarrollo profesional de los empleados ser un micromanager?, ¿qué impulsa a que los directivos acaben convertidos en micromanager? y ¿cómo prevenirlo? son algunas de las cuestiones que se han planteado algunos expertos. Y es que la forma de trabajar y las debilidades que presenta a esta figura supone un freno en la evolución del negocio.
¿Y por qué no serlo? Los micromanagers trabajan los fines de semana y alargan sus jornadas laborales. Luchan consigo mismos para permitirse un tiempo de vacaciones e insisten en controlar y aprobar todas las decisiones. De hecho, delegar tareas no es su punto fuerte y para asegurarse de que conservan todo el control sobre los proyectos, exigen que todo se haga a su manera. Una serie de actitudes laborales que no sólo dañan el negocio -ya que obstaculiza el crecimiento y el potencial de toda su organización-, sino que imposibilita a los empleados a que piensen por sí mismos, afectando a su confianza. Las dos razones por las que lo hacen, de acuerdo con un artículo de Harvard Business, son:
A estos dos motivos se le añade un tercero, recogido en un artículo de Forbes, y que se encuentra en que estos líderes empresariales consideran que necesitan un alto nivel de control debido a su inseguridad o la sensación de que su lugar de trabajo es inestable.
Entonces, ¿cómo evitarlo? Un reciente artículo de INC recoge cinco formas de escapar de esta forma de trabajo que impide la innovación por miedo a los errores.
1. Dar pasos pequeños. Hay que disuadir al micromanager sobre su enfoque de trabajo, pero igual que aun fumador no se le puede pedir que deje de fumar de la noche a la mañana, estos directivos necesitan trabajar sobre el auto pensamiento crítico, preparándose psicológicamente e intentando modificar ciertos comportamientos como el exceso de control.
2. Fomentar la comunicación. Hay que estar abiertos a recibir, escuchar y valorar las nuevas ideas de los empleados. Fomentar la participación de los trabajadores permitirá aumentar su motivación y crear un buen ambiente que aumente su ritmo de trabajo y, por tanto, su productividad. No obstante, hay que establecer horarios y fijar plazos para el planteamiento, desarrollo y resultados de esas ideas.
3. Delegar. Hay que hacer el esfuerzo de confiar en el trabajo del equipo y delegar de manera paulatina cada vez más trabajos en él. Una de las tácticas es crear simulacros, pruebas o exámenes que permitan aumentar esa confianza en ellos sobre casos previsibles.
4. No obsesionarse. Los micromanagers tienden a centrarse demasiado en las cifras, resultados y métricas. Los datos son importantes, pero un enfoque excesivo puede convertirse en una obsesión. Hay que recordad que los datos sólo cuentan una parte de la historia.
5. Instrucciones simples. Los micromanagers tienden a sobre explicar las cosas, en un esfuerzo por controlar exactamente cómo los empleados deben llevar a cabo una tarea. Por ello, hay que aprender a delegar la responsabilidad, reducir el número de órdenes y sólo proporcionar la información más esencial.
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