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14/09/2016 A nadie le gusta ser criticado, pero algunas personas son mejores que otros a la hora tanto de emitir una queja, como de recibirla. Aprender a aconsejar en vez de recriminar, ser claros a la hora de señalar los errores o de mostrar los puntos de vista diferentes sobre un tema en particular, así como aprovechar ese comentario crítico y ponerlo a trabajar en nuestro propio beneficio, son aspectos muy valorados por las empresas y muy eficaces a la hora de aumentar nuestro valor profesional.
En el mundo laboral convergen un gran abanico de personalidades y tipos de empleados o jefes que pueden no saber delimitar lo que supone hacer una crítica destructiva frente a otra constructiva. Lo cierto es que la forma en la que se emite es clave para declinar la balanza hacia un lado u otro. Sin embargo, no todo el mundo es consciente de los beneficios que un comentario, bien hecho y bien entendido, conlleva tanto para el ambiente laboral como para la consecución del objetivo, proyecto o tarea que está siendo analizada. Por ello, un artículo publicado en INC revela algunas de las técnicas eficaces para combatir las críticas destructivas.
1. Mantener la calma
Saber mantener el equilibrio físico -con respecto a nuestra ergonomía- y mental -en relación con el control de nuestras emociones y reacciones- va a permitir que la situación, por molesta que sea, no se ‘salga’ de contexto.
2. Escuchar y hacer preguntas
No se trata de asumir que todo lo que se está diciendo es una verdad absoluta o, por el contrario, descartar toda posibilidad de certeza, si no de escuchar lo que esa persona tiene que decir y tratar de entender o preguntar sus motivaciones y puntos de vista. Aprender a dar valor a la crítica, más allá de las formas, supone dar un paso adelante y abrir posibilidades que -quizás- no se habían barajado antes.
3. Evaluar la fuente de las críticas.
Si, por el contrario, la crítica carece de contenido y no se puede, por tanto, analizar o extraer nada de él, hay que estudiar al mensajero y no tanto el mensaje. Hay personas que usan la crítica destructiva como una forma de expresión involuntaria de sus inseguridades o como una proyección de sus propias faltas en los demás.
Evaluar las razones en las formas del emisor puede ayudarnos a saber cuál es la raíz del problema. Una mala relación, un recuerdo laboral del pasado negativo etc. Con ello, nos ofrece una oportunidad de solucionar la situación y mejorar el ambiente laboral.
4. Definir la pertinencia de la crítica
Esta fase incide directamente en el tiempo y la inmediatez con la que vamos a abarcar el asunto cuestionado. Si tras el análisis, se trata de un punto de vista que no mejora nada, sino que abre procesos nuevos que son inviables, no hay que perder demasiado tiempo en ellos y reservarlos para otro momento o proyectos similares donde sí puedan traer beneficios más rápidamente.
5. Decidir qué aprender de ella
Sobre la base de todo lo anterior, hay que tratar de buscar la enseñanza de la crítica. ¿Qué es lo que aporta?
6. Decidir qué hacer al respecto
Definir el plan de actuación ante críticas válidas, con contenido o que han sido emitidas por varias personas o en varios momentos distintos. El objetivo es que ese tiempo gastado sirva de algo.
7. Seguimiento del crítico
Es especialmente importante que, en el caso de críticas fundamentadas en cuestiones de afinidades, se realice un seguimiento de la mejora o empeoramiento de esta relación con él. Ver si la conversación fue efectiva y las medidas adoptadas adecuadas.
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