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Las 10 cosas que tienen en común todos los malos jefes

Aprender a canalizar el miedo hacia algo positivo convierte a los líderes en guías

 
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20/09/2016 Tal y como se presentan los modelos empresariales actuales, los buenos directores o jefes comprenden edades muy dispares, pueden venir de sectores muy diferentes y se han desarrollado profesionalmente de maneras muy diversas. Un ejemplo de ello es la introducción de las nuevas generaciones -tales como los Millennials- a las altas jerarquías de trabajo, que convergen con otras cuya experiencia viene avalada por años de profesión. Sin embargo, cuando los malos gerentes entran en escena la situación se re direcciona hacia una homogeneización de actitudes, comportamientos y formas de trabajo.

Los buenos líderes, a veces, caminan sobre una delgada línea roja, que les separas de ser unos buenos o malos jefe. Algunos de estos perfiles varían en sus tonos de voz, su experiencia liderando equipos o su nivel de confianza a la hora de retar a los empleados. Sin embargo, estas variables desaparecen cuando es el miedo el que interviene.

El miedo provoca un efecto nocivo en las figuras directivas, que les lleva a adoptar actitudes muy similares en diferentes tipos de jefe, independientemente de su edad, formación o experiencia.

El miedo es un catalizador de las inseguridades que como individuos poseemos y eso revierte en la manera en la que tratamos a los demás, en el enfoque con el que abarcamos los proyectos y retos en los que nos embarcamos y en las reacciones que mostramos cuando una acción, resultado o idea no encaja en nuestros esquemas cuadriculados, creados a golpe de conformismo e inseguridad por miedo a arriesgar.

Pero ¿cuáles son esas características comunes que comparten todos los malos jefes? Forbes ha recopilado en un artículo las 10 cosas que tienen en común todos ellos.

1. Inseguridad. Los malos jefes no se sienten cómodos en sus propios puestos de trabajo, debido a que se sienten perdidos o asustados. La causa de este sentimiento puede residir en una falta de experiencia profesional acerca de la nueva tarea que les ha sido encomendada, ya se la dirección de un equipo, un proyecto o la consecución de unos objetivos.

2. Desconfianza. Esta inseguridad en torno a su posición les hace estar a la defensiva. En un intento por reafirmarse de cara a los demás, cubren este sentimiento a golpe de órdenes. Una acción que bebe de la desconfianza que puede tener hacia un equipo de trabajo nuevo y su capacidad para lograr alcanzar esos objetivos marcados por la empresa, dejando en un mal lugar su imagen como superior.

3. Inconsciencia. Tanto la inseguridad como la desconfianza genera un aislamiento personal que impide que lleguen a ser conscientes de los efectos reales que está teniendo su mala gestión. Una situación que crea un círculo vicioso de retroalimentación nociva, del que es complicado salir.

4. Justificación constante. A menudo, al ser confrontados por sus actitudes y formas de trabajo, estos directivos tienen a escudarse detrás de argumentos que “altas exigencias” que, por supuesto, también se imponen a ellos mismo.

5. Sentimiento de inferioridad. No se sienten poderosos al margen del poder en su puesto de trabajo. Una situación que alimenta el sentimiento de inseguridad y reafirmación errónea. No hay que subestimar los efectos de una situación de infelicidad dentro del entorno laboral, venga del nivel jerárquico que venga, ya que estos revierten en un sentimiento de frustración y resentimiento.

6. Autocomplaciencia. Como sienten una profunda sensación de insatisfacción persiguen de manera constante la obtención de reconocimientos externos, aunque éstos provengan de la reivindicación de su figura como jefe, en unas formas poco adecuadas.

7. Descontrol emocional. No mantienen actitudes de autocontrol emocional por lo que, ante una acción que ellos consideran de “ataque”, reaccionarán de una manera inmediata, sin medir los riesgos y las consecuencias y, en todo caso, siempre justificándola como un acto de “defensa”.

8. Negatividad. Dentro de las formas en las que buscan justificarse, estos jefes utilizan los malos recuerdos, los errores del pasado como una manera de explicar sus actitudes y formas de trabajo. Tienden a insistir en aquello que se hizo mal en un momento determinado, creyendo que es la mejor forma de que no se vuelva a repetir y usando, este argumento, a su favor a la hora de reivindicarse como líder del grupo.

9. Falta de comunicación. Esta necesidad de reivindicarse como “cabeza de grupo” o como la persona que sabe cómo se deben hacer las cosas, aunque no las sepa, impide que la comunicación interna fluya de manera bidireccional. No escuchan porque entienden que no hay más sabiduría que la suya y porque, de hacerlo, consideran, supone un acto de aceptación de sus incapacidades como jefe. Una cuestión que nos vuelve a derivar al tema de la inseguridad, el miedo y a una gran falta de confianza en sus aptitudes.

10. Falta de enfoque profesional. No tienen una visión para sus propias vidas y carreras ya que, si lo hicieran, supondría dar un paso hacia un cambio que no están preparados para asumir. La aceptación de nuestras debilidades supone la proyección de nuestra figura profesional hacia la aceptación de riesgos y metas así como sus consecuentes fracasos y éxitos.

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