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Cómo gestionar el nerviosismo cuando las cosas van mal en el trabajo

Manejar los estados de nerviosismo supone una oportunidad para enfocarnos como profesionales

 
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04/10/2016 Lidiar con la incertidumbre, con las consecuencias de unas decisiones que se escapan a nuestro control o combatir con nuestros propios miedos, son algunas de las situaciones que más maximizan el poder de impacto que tiene sobre la persona y su estado de ánimo, los estadios anímicos de nerviosismo. Aprender a gestionarlos y controlarlos permite a los afectados tener un control sobre los errores que podemos llegar a cometer en el trabajo por falta de concentración.

Los procesos de cambio son etapas por las que cualquier empleado va a pasar, a lo largo de su vida profesional. No sólo no se pueden evitar, sino que son imprescindibles para avanzar en el mundo de los negocios por el sendero de la competitividad, prestigio profesional y posición de liderazgo dentro del sector. Sin embargo, estos procesos suelen traer una serie de problemas que van más allá de las dificultades propias de una fase de adaptación a nuevas fórmulas de trabajo.

Los empleados, especialmente si llevan mucho tiempo trabajando de una misma manera o si pertenecen a generaciones más antiguas y menos ligadas al boom tecnológico (que supuso una reducción de los plazos de entrega y de acción – reacción empresarial), se sienten inestables ante aquellos procesos que inciden directamente en la forma con la que se sienten cómodos a la hora de desarrollar su trabajo.

No obstante, enfrentarse a estos retos profesionales supone no sólo una ventaja productiva para las empresas, ya que los empleados también pueden ver, en estos estadios de incertidumbre, la oportunidad de desarrollar habilidades que – de otra manera y, especialmente, en posiciones de acomodamiento profesional – no se potenciarían.

La ansiedad, la paranoia, una baja autoestima personal son sólo algunos de los efectos que pueden estar ligados al nerviosismo. Pero ¿qué podemos hacer nosotros para gestionarlo, sin que llegue afectar a nuestro puesto de trabajo? Fast Company ha publicado en un artículo las cuatro acciones que nos va a permitir aprender a manejar nuestros estados de ánimo.

1. Observar el tipo de pensamientos que se está teniendo. Ser consciente de lo que estamos sintiendo es el primer paso para poder controlarlo. Para ello, necesitamos hacer un autoanálisis de la situación que estamos viviendo en contraste con lo que sentimos para identificar aquellos elementos contra los que nos percibimos más a la defensiva o vulnerables.

2. Preguntarse si nuestras opiniones están basadas en hechos objetivos. Conocer si nuestros razonamientos caminan de la mano de la razón o de una ficción que nosotros mismos hemos inventado, va a ser fundamental para tomar consciencia de qué es o no, un motivo real de preocupación.

3. Asegurarse de que hay verdad detrás de una creencia. Si hay algo que es más fuerte que un pensamiento nocivo esa es la certeza sobre un hecho falso, puesto que se asienta en nuestras creencias particulares y formas de ver las situaciones que nos rodea. Por ello, es importante tratar de buscar evidencias sobre ese pensamiento de certeza que tenemos sobre algo, con el fin de identificar cuánta verdad hay sobre aquello que creemos.

4. Ser proactivo. La actividad continua y contante, alejada de volúmenes enormes de trabajo que se vinculen a otros procesos dañinos como el estrés, es un perfecto bloqueador de malos pensamientos. Mantenerse ocupado desvía nuestra atención hacia cosas que no sólo son más importantes, sino que nos van a ayudar a mejorar nuestro rendimiento profesional.

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