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Capacidades o calificaciones ¿De qué depende el éxito?

INFOVA ofrece pautas para acelerar el aprendizaje profesional

 
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10/11/2016 El éxito de los nuevos profesionales depende mucho más de sus capacidades que de sus conocimientos. Lo que nos hace valiosos en las organizaciones es nuestra capacidad para trabajar en equipo, dirigir reuniones productivas, la preparación para gestionar nuestras emociones, nuestra capacidad para movernos dentro de estructuras organizativas complejas, nuestra habilidad para comunicarnos de forma precisa y efectiva, así como nuestra facilidad para influir en otros, para resolver conflictos o para llegar a acuerdos.

En palabra de Gonzalo Martínez de Miguel, director de INFOVA, los conocimientos en marketing, finanzas o de producción "no es lo que va a marcar la diferencia”, como profesionales. El conocimiento está a disposición de todos y aunque sin duda unos saben más que otros, la información y el conocimiento relevante para un puesto se aprende con cierta rapidez desde la práctica.

“No he conocido ningún director de marketing que haya sido despedido por falta de conocimientos. Sin embargo, sí he visto a varios que han sido invitados a abandonar la organización por su incapacidad para cohesionar al equipo en torno a un proyecto concreto”, afirma.

Obtener certificados y calificaciones es sencillo, muy importante, sobre todo a la hora de realizar procesos de selección, y está al alcance de todos. Pero adquirir nuevas capacidades, requiere un poco más de esfuerzo. El día a día en la empresa y la experiencia es la mejor manera de entrenar estas capacidades, no obstante, hay algunas pautas que pueden ayudarnos para acelerar el proceso de aprendizaje en diversas materias como:

  • El trabajo en equipo. Cuando se forma parte de un equipo, más allá de alcanzar el objetivo que da sentido a la existencia del equipo, hay que fijarse como objetivo personal que el equipo funcione bien. Conseguir que se genere confianza, que funcione con exigencia en sus resultados y también con respeto a las opiniones divergentes. Preocuparse de la coordinación y de la aportación personal al equipo, asegurándose de que se está mejorando el ambiente y no añadiendo más tensión.
  • Dirección de reuniones. Dirigir una reunión es diferente a participar en una reunión. Es importante recordar el objetivo, mantener al grupo orientado al propósito de la reunión, estimular la participación, repartir la palabra y evitar el abuso de ella, respetar el tiempo de la agenda, cerrar siempre con conclusiones a las que se les pueda dar seguimiento y agradecer la participación de todos.
  • Gestión de las emociones. Otra capacidad que se entrena es la escucha. La meta no es cambiar o manipular la emoción de otros, es darle un cauce dentro del grupo que permita a esta persona sentirse apoyada, escuchada y acogida, atravesar el momento de esa emoción más fuerte y desde la serenidad recomponerse y seguir caminando y aportando al equipo. Un requisito básico para desarrollar esta capacidad es que la gente te importe de verdad.
  • Moverse dentro de estructuras organizativas. Las estructuras de las grandes empresas son cada vez más complejas, organizaciones matriciales, con diferentes niveles de reporte, con jefes y colaboradores en distintas partes del mundo, relaciones jerárquicas más difusas. Este tipo de organizaciones se apoyan en la madurez de todos los empleados, la incapacidad para manejarse bien en estas estructuras es motivo de estancamiento profesional. Por ello, hay que preocuparse menos de la jerarquía y crear buenos vínculos con tus interlocutores, con el fin de añadir valor con el propio trabajo personal, asumiendo cierta autonomía. 
  • Comunicarse de forma efectiva. Los profesionales se pasan el día comunicándonos. La diferencia entre hacerlo bien o mal tiene implicaciones radicales en el desempeño de todos. Por ello, es importante escuchar antes de ser escuchado, aclarar el significado de algunas palabras esenciales que pueden ser entendidas de formas muy distintas y verificar lo que el otro ha entendido.
  • Influir en otros. El liderazgo es la capacidad de influir en otras personas para que den lo mejor de sus capacidades en la búsqueda del objetivo. Ser capaz de influir es fundamental para dirigir equipos. Hay que convertise en un buen referente para otras personas de la compañía, tanto por comportamiento como por actitud. Siendo fiel a los compromisos que se han adquirido y defendiendo valores como la integridad.
  • Resolución de conflictos. La habilidad para gestionar las diferencias que surgen dentro del equipo o con terceras personas o instituciones es también una capacidad muy apreciada. Hay estrategias de negociación y gestión de conflictos que inciden en la claridad del interés que se está defendiendo, evitando caer en la trampa de confundir a las personas con el conflicto.
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