Robots directivos vs Directivos humanos: ¿es su convivencia el futuro del trabajo?

28/05/2019 · El desarrollo tecnológico no solo ha impactado a nivel social, modificando los modelos comunicativos, conductuales y las relaciones humanas desde una perspectiva general, sino que también ha tenido su repercusión a nivel económico. De hecho, el sector TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones) y de los contenidos ya aporta a la economía española más del 4% del PIB, según el informe anual publicado el año pasado por el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información (ONTSI), mientras que la última entrega del barómetro TIC Monitor, llevado a cabo por la empresa especialista en soluciones digitales VASS, en colaboración con el Centro de Predicción Económica CEPREDE, daba a conocer que el 66,3% de las empresas TIC confía en una mejora de su facturación en los próximos tres meses.

Uno de los grandes aportes que las nuevas tecnologías están generando se vincula a la creación de empleo. Al respecto el TIC Monitor de mayo anticipaba que los empresarios del sector TIC en España prevén generar puestos de trabajo a un ritmo interanual del +5,5%, un registro superior al del mes de abril y más del doble del conjunto del sector terciario, cuyo incremento fue solo del +2,1%.

"Esto vuelve a convertir a estas empresas en protagonistas del empleo en nuestro país, con trabajos, además, cualificados y estables", destacaba Antonio Rueda, responsable de este barómetro y profesor del Departamento de Estructura Económica y Economía del Desarrollo de la Universidad Autónoma de Madrid.

Sin embargo, a pesar de este buen clima en lo que a empleo y demanda de talento se refiere, las expectativas de facturación de las empresas TIC españolas se están empezando a resentir, ya que según datos del Monitor de VASS y CEPREDE, 1 de cada 3 empresarios TIC (un 33,7%) percibe un empeoramiento, todo y pese a que son mayoría (66,3%) aquellos que prevén una mejora de su facturación en los próximos tres meses.

Este contraste hace que Rueda se mantenga positivo: "Las compañías españolas siguen siendo el doble de optimistas que las empresas de la Unión Europea, que enfrentan un mercado menos dinámico, más maduro". No obstante, recuerda: “Es urgente evolucionar el modelo productivo que la crisis demolió e impulsar la productividad de España". Al respecto, destaca que, aunque el sector de servicios TIC ha creado más de 93.000 puestos de trabajo en los últimos ocho años, “no debe olvidarse que, precisamente en estos sectores estratégicos, España lleva perdidos casi 500.000 puestos de trabajo desde 2010”.

Pero la revolución tecnológica es imparable y hasta el Foro Económico Mundial se ha aventurado a anticipar en un informe, el impacto que tendrá en términos laborales, señalando que la robótica, inteligencia artificial y la automatización, si bien hará desaparecer 75 millones de puestos de trabajo, también supondrá la creación de 133 millones de empleos, tras preguntar a 15 millones de trabajadores de empresas de diversos sectores. De hecho, la mayoría cree que las transformaciones motivadas por las nuevas tecnologías se van a acelerar hasta 2022.

Esto enlaza con otros dos de los cambios que está trayendo consigo el desarrollo tecnológico: “la transformación estructural de las relaciones laborales y la responsabilidad de la empresa en la transición hacia una economía digital”. Así lo asegura el periodista, profesor de la Universidad de Castilla La Mancha, investigador principal de Mediadem en España y autor del libro “Diplomacia corporativa: la nueva inteligencia directiva” (de la editorial UOC), Juan Luis Manfredi, en un artículo publicado en el blog del diario Cinco Días.

En él, también se cita la transformación que se está produciendo en las ciudades, impulsando “hubs de economía del conocimiento”. En palabras de Manfredi, “las regiones quieren convertirse en marcos esenciales en la producción y gestión de suministros físicos o intangible, mientras que los países pelean por la captura de puestos de trabajo”.
Este contexto demuestra “cómo los intereses públicos y privados pueden colaborar en la reconstrucción de las oportunidades empresariales y laborales”. Así lo destaca el experto que, ante este escenario de incertidumbre, se pregunta: ¿Qué función desempeñará el directivo y la formación ejecutiva? Para el periodista, profesor e investigador, la respuesta es igual de compleja que el propio contexto empresarial actual.

Según indica, ya hay un alto porcentaje de la ciudadanía europea que se apoya en un “gobierno robótico”, que es en su opinión “una extensión natural de la tecnocracia”, lo cual trae consigo “problemas de legitimidad y egos políticos”. Pero yendo un poco más lejos, Manfredi habla de otra cuestión subyacente a esta situación: la de las habilidades que serán necesarias para revalidar el papel de los líderes en la era de la inteligencia artificial y el aporte que deberán hacerles las escuelas de negocios, en el plano formativo.

“El directivo robot estará pronto en los consejos de dirección, si bien no con forma antropomórfica,” y será “el responsable de la información financiera, de la viabilidad de las propuestas económicas y de cualquier tarea estructurada, previsible y ordenada”, explica en el artículo de Cinco Días. De esta forma, Manfredi se suma a la opinión de aquellos profesionales que creen que el futuro del trabajo pasa por la colaboración máquina hombre, destacando que los líderes humanos no podrán ser sustituidos, siempre y cuando “éste es capaz de centrarse en aquello que aporta valor a la compañía y reducir su intervención en aspectos menos relevantes”.

Al respecto, el profesional cita algunas de las habilidades que permitirán revalidar su posición en las empresas, dado que afectan a la cuenta de resultados y porque requieren creatividad, reputación y liderazgo: “geopolítica, adaptación al cambio, la comprensión del desorden informativo, la gestión de la transparencia y la vida en red”. De hecho, son los tres ejes anteriormente citados, aquellos que “habrán de abonarse en la selección de talento directivo y en su incorporación a las grandes empresas”.

Manfredi concluye el artículo indicando que, “en el plano de la creatividad, es necesario incorporar metodologías que faciliten la innovación y el intercambio de ideas y experiencias”, dado que las tradicionales estructuras jerárquicas impiden el pleno desarrollo creativo. Además, asegura que una de las grandes funciones directivas en la actualidad es la conformación de la reputación de las organizaciones, a través de la personalización, es decir, que el estilo personal que adopta un líder es el que da identidad a la empresa, “da profundidad a las cuestiones candentes, alinea los valores corporativos y las campañas de responsabilidad social, al tiempo que permite la intervención en cuestiones ajenas al mercado y el comportamiento financiero”. Una teoría que respalda con datos el Reputation Institute, dado que recientemente revelaba que la “reputación del CEO se extiende hacia la propia reputación de la compañía y puede representar hasta el 35% de dicho valor”.

Por tanto, el liderazgo deberá entenderse como “la construcción de proyectos integradores, que sean resultado de una decisión consciente, la asunción de responsabilidades y la gestión de la externalidades”, para lograr equilibrar el valor que el directivo robot aporta.

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