Las 10 modalidades de prácticas más extendidas para estudiantes

12/11/2015 · Actualmente se calcula que en España hay unos 1,2 millones de becarios, y esta cifra se multiplica si calculamos los potenciales. Son jóvenes talentos, recién graduados o en sus últimos años de carrera, que están a un paso de desembarcar en el mundo laboral, y buscan su primera oportunidad profesional. Cuando acceden a esta primera aventura profesional, es probable que se confundan ante tal cantidad de modalidades de contrato que se les pueden ofrecer. Ante este sentimiento de desinformación generalizado, El Mundo ha publicado recientemente una guía de tipos de contrato para que ningún becario o potencial becario se pierda en el camino y conozca sus derechos y obligaciones.

Existen hasta 11 modalidades diferentes de contratos de prácticas, a cual más enrevesado y complicado, y han sido recogidas por el periodista de El Mundo Antonio Martín. Seguramente uno de los mayores problemas es que ni los propios afectados saben es si la empresa está cumpliendo o no las condiciones que regulan el tipo de modalidad en el que están incluidos.

Contratos de Prácticas no laborales

1. Para titulados sin experiencia

Una de las modalidades más populares de este tipo son las prácticas no laborales para titulados que no cuenten con experiencia en el mercado laboral. Destinadas principalmente a jóvenes de entre 18 y 25 años, la titulación debe ser universitaria o, al menos, de un grado formativo de tipo medio o superior. Tienen como objetivo, según la normativa, la inserción laboral de jóvenes sin experiencia y su duración está comprendida entre 3 y 9 meses. En esta modalidad ambas partes salen ganando pues el becario gana experiencia y la empresa consigue beneficios fiscales en caso de contratar posteriormente al joven.

2. Formación para el empleo

A diferencia de la anterior, estás prácticas están destinadas a personas que no tienen empleo y que quieren integrarse en el mercado laboral. Facilitan la reinserción y complementan la formación teórica de los cursos que hayan realizado en el INEM. La duración varía dependiendo de la Comunidad Autónoma y en general son el complemento práctico de los cursos teóricos para parados. Esta es una modalidad muy beneficiosa para la empresa, pues recibe 6 euros por hora y alumno en concepto de pago a tutores y gastos de equipamiento y vestuario del alumno, que recibe una cantidad simbólica que apenas llega para cubrir los gastos de desplazamiento o manutención.

3. Certificados de profesionalidad

Están destinadas al alumnado que cursa estudios de certificado de profesionalidad. Es bastante similar a la antigua Formación Profesional (FP). Los alumnos se sumergen en un entorno real de trabajo con actividades que complementan la teoría que reciben en el centro de formación y que pueden desarrollarse en el mismo centro, si cuenta con las instalaciones adecuadas, o en una empresa externa. Generalmente tienen una duración de entre 40 y 160 horas, dependiendo del tipo de módulo. Según la ley, las empresas reciben 6 euros por hora y alumno cuando estos realicen las prácticas, aunque CCOO advierte de que estas cantidades suelen ser bastante inferiores cuando existen. Por su parte, el alumno no recibe ningún tipo de retribución económica.

4. Formación profesional Dual

Es una variante de la Formación Profesional aún más enfocada a la inserción laboral. Combina el aprendizaje en el centro de formación con unas prácticas en una empresa del sector. En general la duración de dichas prácticas está entre 600 y 700 horas, un tercio de la extensión total del título. Sin embargo, este porcentaje se suele ampliar y los alumnos permanecen la mitad de su formación en una empresa realizando prácticas. No suelen incluir dotación económica, sin embargo es común que las empresas añadan una cantidad para que el alumno pueda cubrir los gastos de dietas o desplazamiento. En el País Vasco, por ejemplo, la legislación sí que incluye ayudas económicas específicas.

5. Prácticas externas en los estudios universitarios

Destinado a los estudiantes matriculados en cualquier enseñanza impartida por la universidad o por los centros adscritos a ella. Son las prácticas universitarias más comunes y las que vienen a la cabeza de cualquiera cuando se habla de becarios. Con un convenio entre la universidad y la empresa, la primera manda a sus estudiantes para que estos den sus primeros pasos en el mercado laboral dentro de la especialidad que están estudiando. Pueden ser de dos tipos, curriculares y extracurriculares.

En el primer caso las prácticas están incluidas en el plan de estudios y son obligatorias para el alumno, mientras que en el segundo son voluntarias. En ambos casos suelen tener lugar en la segunda mitad de los estudios y cuentan con una longitud máxima de 1.500 horas, que suelen equivaler a 60 créditos de libre elección. Sí que contemplan la posibilidad de que exista una aportación económica, algo que suele ser habitual aunque con una cantidad simbólica. En el caso de que exista esa circunstancia la empresa está obligada a dar de alta al estudiante en la Seguridad Social por contingencias comunes y profesionales, aunque esta cotización está bonificada al 100%.

Contratos de Prácticas laborales

1. Contrato en prácticas

Está enfocada a personas que ya tienen el título universitario, o de Formación Profesional, siempre y cuando no hayan transcurrido más de cinco años desde que finalizaron los estudios. Con esta modalidad los alumnos completan su formación con unas prácticas que se adecuan a su nivel. Los contratos pueden durar entre seis meses y dos años, pero ningún trabajador puede estar dos años bajo este régimen, ya sea en una única empresa o en varias. Esta modalidad sí que tiene considerables ventajas para las empresas, que reciben bonificaciones de la Seguridad Social que, dependiendo de la persona contratada, están entre el 50% y el 75% de reducción de la cuota. En cuanto a los alumnos, la remuneración recibida será un porcentaje del salario del puesto ocupado según convenio. En el primer año será del 60% del total, mientras que en el segundo pasará a ser del 75%.

2. Contrato a tiempo parcial con vinculación formativa

Destinado a personas desempleadas que tienen menos de 30 años, y que cumplan con uno de los siguientes requisitos: No tener experiencia laboral, o que esta sea inferior a tres meses, estar en situación de desempleo e inscrito en una oficina de empleo durante un mínimo de doce meses de los 18 anterior, o no tener el título de ESO ni de FP. La intención es que aumenten su formación y ayudar a incentivar su inserción en el mercado laboral. Tienen una duración de un año, aunque son ampliables a 12 meses más, aunque en ningún caso las horas diarias pueden ser superiores al 50% de una jornada laboral normal en un puesto similar. Al contratar a un becario bajo estas condiciones la empresa se ahorra durante la duración del contrato la cuota empresarial por contingencias comunes.

3. Contrato para la formación y el aprendizaje

Es una modalidad pensada para jóvenes de entre 16 y 25 años que no tengan el título de cualificación profesional reconocido por el Subsistema de Formación Profesional para el Empleo. Esta ha sido una de las modalidades más apoyadas por el Gobierno, que amplió hasta los 30 años la edad máxima, una condición que se mantendrá hasta que la tasa de desempleo española baje del 15%. Está creada para que los beneficiarios adquieran la formación teórica y práctica necesaria para el desempeño de un oficio. La duración del contrato puede variar entre 1 y 3 años, con una jornada laboral máxima del 75% que se amplía al 85% en el segundo y tercer año.

Además, no se pueden realizar horas extraordinarias ni trabajos en horario nocturno. Las empresas en las que los alumnos hagan las prácticas tendrán una reducción del 100% en las cuotas empresariales de la Seguridad Social y en las correspondientes al trabajador. Además la empresa cobrará 8 euros por hora y alumno durante el tiempo que éstos estén allí. En cuanto al becario, la ley estipula que su retribución se fije en relación al horario, aunque el salario nunca estará por debajo del mínimo de 648,6 euros.

4. Contrato con compromiso de contratación

Para personas desempleadas e inmigrantes en sus países de origen, aunque pueden participar algunas personas ocupadas de forma excepcional. Facilitan la reinserción laboral, posibilitando a las empresas realizar la formación adaptándose a necesidades muy concretas. La normativa estatal dicta que los contratos nunca sean inferiores a 6 meses, aunque se estimula que sean de carácter indefinido. El paso al contrato laboral se puede hacer en cualquier momento de la formación o al final de la misma y la empresa se compromete a contratar al menos al 60% de los formados. Durante la duración de las prácticas las empresas pueden llegar a percibir hasta 13 euros por hora y alumno, aunque hay un gran abanico de cantidades. Como única retribución, el alumno podrá solicitar una beca a la Administración local, dado que esta modalidad no cuenta con un salario.

5. Programas públicos de empleo y formación

Creada para acoger a los jóvenes menores de 25 años sin formación o con dificultades de inserción laboral para mejorar sus posibilidades de cara a incorporarse al mercado. Suelen tener una extensión de entre 1 y 2 años con una formación teórica en los primeros meses y aprendizaje práctico en la parte final. En realidad son programas públicos gestionados por la Administración en cooperación con entidades sin ánimo de lucro, que financian todos los costes para el alumno y además le facilitan una beca que suele ser del 75% del Salario Mínimo Interprofesional.

COMENTARIOS:

inmaculada lopez vadillo 18 noviembre 2015 10:58

buen articulo e interesante

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