Cómo sabotear tu carrera laboral sin saberlo

03/03/2016 · Todos sabemos que hay hechos que pueden poner en riesgo nuestro trabajo, como enemistarnos con el jefe, incumplir los plazos de entrega o malbaratar una reunión con un cliente clave. Pero aparte de lo que nos dice nuestro sentido común, una reciente investigación de la Universidad de Iowa revela otro tipo de actitudes o hechos que contrariamente a lo que la lógica nos dice podrían sabotear nuestro propio éxito.

Después de todo, ¿quién se hubiera imaginado que defender nuestras propias convicciones puede ocasionarnos problemas en el trabajo? O que asegurándote de que todo el mundo ve el esfuerzo que dedicas podría debilitarte como profesional y dificultar tu promoción laboral?

Si estás tratando de ascender en la escala laboral utilizando este tipo de estrategias aparentemente inofensivas, deténte, porque un reciente estudio de la Universidad de Iowa las pone en entredicho:

1. Confiar solo en nuestras ideas

Saber cambiar de opinión en el momento más oportuno es crucial para alcanzar el éxito en el trabajo. Y es que si queremos tomar decisiones inteligentes hay que mantener la mente abierta, pero eso es más fácil decirlo que hacerlo. Un estudio de la Universidad de Iowa revela que, incluso cuando nos mostramos abiertos a escuchar a los demás, acabamos aferrñandonos a nuestras creencias iniciales y eso nos puede ocasionar todo tipo de problemas. 

Los psicólogos llaman a esta tendencia a priorizar nuestras ideas iniciales en detrimento de las de los demás sesgo de confirmación de comportamiento. La gente tiende a buscar, recuperar e interpretar la información que confirme sus creencias existentes aunque tengan evidencias de lo contrario. 

La buena noticia es que el simple hecho de ser consciente de este defecto cognitivo nos puede ayudar a evitar quedar atrapados en ella. Stephan Lewandowsky, profesor de psicología cognitiva en la Universidad de Bristol recomienda "fomentar un sano escepticismo hacia tus propias ideas y estar abierto a la posibilidad deestar equivocado a pesar de que nos gustaría creer que tenemos razón."

De acuerdo con Lewandowsky , una vez que hemos sido capaces de dejar escapar esta primera idea en la que estábamos enrocados y comprobar que el mundo no se ha derrumbado o que no hemos sido despedidos o ignorados, quizás hayamos conseguido ver con buenos ojos la flexibilidad ante las opiniones de los demás. 

2. Insistir en lo duro que hemos trabajado

Una reciente estudio de la Escuela Universitaria de Gestión de la Universidad de Londres revela que las empresas prefieren a las personas que muestran un talento inherente y trabajan de forma discreta sobre los empleados que dedican más tiempo a explicar todo lo que han conseguido o el esfuerzo que han dedicado a ese determinado proyecto.  

A los participantes del estudio les fueron asignados al azar una de las dos lecturas sobre la biografía de un empresario: El primer libro destacaba las virtudes innatas de su figura, mientras que el segundo hacía hincapié en lo duro que había trabajado para alcanzar el éxito. A continuación, todos los participantes escucharon un discurso real sobre el mundo de los negocios. Los participantes que habían sido sensibilizados mediante la biografía sobre el talento natural del empresario juzgaron el discurso de manera positiva, mientras que los otros se mostraban más resistentes a compartir el mismo discurso. 

"A pesar de que los participantes dijeron que daban importancia al trabajo duro, los que habían leído sobre el talento innato favoreció más la imagen del empresario en cuestión", apunta Chia-Jung Tsay, autor del estudio y profesor de comportamiento organizacional de la UCL.

Con esto en mente, quizás no quieras insistir demasiado en la cantidad de horas que le has dedicado a ese informe. Tu impulso inmediato podría ser centrarte en las dificultados o retos con los que te has topado y no tanto en el esfuerzo que te supuso realizarlo, recomienda Tsay.

Tampoco es bueno ocultar todo el trabajo realizado y decirle a tu jefe que el informe fue como un juego de niños. "Tampoco se trata de vender siempre una realidad más amable", apunta el experto. Si estás inviertiendo 10 horas diarias a un proyecto para demostrar tu dedicación, es probable que no te estés haciendo ningún favor. 

3. Querer tomar todas las decisiones

A pesar de que saber tomar decisiones puede parecer un importante rasgo de liderazgo, competencia muy demandada en las empresas, la investigación de la Universidad de Iowa alerta de los riesgos de querer responsabilizarse de demasiadas cuestiones, ya que pueden ser contraproducentes para nuestro rendimiento.

De acuerdo a las conclusiones del estudio, ser el elemento decisor clave de demasiadas cuestiones puede producirnos mucha fatiga, llegando a agotarse nuestro auto-control y por consiguiente ser más propensos a tomar rápidas decisiones basadas en nuestros primeros impulsos que pueden dinamitar el éxito de cualquier proyecto. 

"La teoría de la Fatiga de la Decisión se deriva de la hipótesis de que la fuerza de voluntad funciona como un músculo o como un recurso limitado", señala Brandon Schmeichel, profesor de psicología en la Universidad de Texas A & M University. "Cada vez que utilizas la fuerza de voluntad, aumenta la fatiga y como resultado, tendrás menos recursos y por lo tanto menos éxito en otras acciones que requieran fuerza de voluntad."

Por suerte, hay un amplio abanico de acciones  que pueden protegernos ante la falta de reservas que alimente nuestra capacidad decisoria. Un consejo útil es convertirse en un animal de costumbres. "En la medida en que puedas, convierte en rutina ciertas decisiones de tu vida", sugiere Schmeichel. Come avena para el desayuno todos los días o sigue el ejemplo del presidente Obama y lleva siempre el mismo tipo de vestimenta para trabajar en lugar de dedicar tiempo a pensar sobre tu equipo . Esto te ahorrará tiempo cada mañana y evitará minar tu energía para reservarla para tomar grandes decisiones. 

También es clave tomar descansos ocasionales en los que puedes intentar desconectar, y si no lo consigues, opta por realizar sencillas tablas de ejercicios adaptadas a tu entorno laboral para re-energizar tu capacidad de toma de decisiones. "La investigación muestra que las personas necesitan de 10 a 30 minutos para rejuvenecer sus reservas de fuerza de voluntad," dice Schmeichel. "Asegúrate de hacer algo que no requiera demasiado esfuerzo tales como mensajes de texto a un amigo o salir a caminar."

Por último, disfruta de una recompensa cada vez que tomes decisiones difíciles. "Si el esfuerzo tiene su recompensa, será más probable que la próxima vez que tengas que decidir, estés más abierto a concentrar tus energías y a mostrarte predispuesto a esforzarte", concluye el experto. 

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