3 hábitos que nos limitan profesionalmente y cómo superarlos

14/07/2016 · Un estudio elaborado por la empresa de investigación de mercados VitalSmarts a cerca de 1.000 responsables de equipo revela que el 97% de profesionales tenemos al menos un hábito que nos limita en nuestra carrera y nos impide un mayor éxito profesional o alcanzar la satisfacción plena por nuestros logros. La investigación también muestra que, por desgracia, la mayoría de nosotros ya somos conscientes de este freno auto-impuesto, pero pocos trabajan para remediarlo.

Según desgrana el reputado científico social Joseph Grenny en el portal HBR, cuando dejamos de esforzarnos por cambiar los hábitos negativos se debe a un mal diagnóstico de la situación y, sobre todo, del origen de estas limitaciones auto-impuestas:

La falta de confianza

La mayoría de los jefes anhelan tener al menos dos personas de su máxima confianza en el equipo, y aunque solemos pensar que podemos contar con todos, es inusual que un líder se sienta al 100% seguro de sus miembros en el 100% de decisiones y proyectos, de la misma forma que es difícil tener equipos cuyos miembros se sientan totalmente seguros de sus roles.

La causa puede ser la falta de confianza que reina en la cultura corporativa, que luego se traslada al propio personal, y que se debe principalmente a un fracaso en la gestión del talento y de la comunicación en la organización.

En general, las personas que no mantienen las promesas no suelen medir los límites tampoco. Les cuesta decir que no. Más bien se decepcionan consigo mismos al no ser capaces de expresar su desaprobación. Tienden a ser tan poco fiables en el mantenimiento de los compromisos consigo mismos como con los demás. De hecho, a este perfil de profesionales les aborrece su propia falta de credibilidad o confianza, y por eso se les hace difícil encontrar una solución que mitigue el problema.

La cura, según Grenny, puede estar en aprender a decir que no. Es difícil, pero hay herramientas y prácticas que ayudarán a convertirnos en personas con más iniciativa y confianza:

  1. Rompe el contacto visual: si eres de los que, ante una conversación importante, se siente presionado ante la estricta mirada de tu interlocutor o su demanda de un mayor compromiso, desvía la mirada y tómate una pausa para tomar aire y pensar con claridad.
  2. Tómate una pausa antes de decidir: Si no estás preparado para sopesar el compromiso que se te plantea retrasa la respuesta. Por ejemplo, puedes decir: "realmente me gustaría ayudarte, pero deja que me lo mire con detenimiento, lo valore bien, y al final del día te comento."
  3. Cuenta hasta cinco antes de hablar: Piensa en todos los compromisos que te has planteado. La forma más fácil de decir que no es pensar en todas las otras peticiones a las que has dicho que sí antes. 

La ilusión de la productividad

Es una de las tentaciones más comunes de nuestro tiempo. La tecnología ha hecho que sea muy fácil poder hacer las pequeñas cosas de inmediato, generándonos como contrapartida ansiedad y estrés por la cantidad de correos electrónicos, llamadas y mensajes que nos llegan en tiempo real y a todas horas, y cuya consecución nos genera una ilusión de productividad que nos impide ser realmente eficaces y demorarnos en la finalización de proyectos estratégicos. 

La causa es casi siempre el miedo al error o al fracaso. Tendemos a dejar para el final esas tareas que sospechamos nos van a causar más problemas, como la preparación de un informe de la fuerza de ventas, o la presentación anual del balance de resultados. Cuando se trata de estas tareas casi siempre nos marcamos unas expectativas exageradas que casan con nuestra tendencia natural a posponer ciertas tareas de peso.

La cura es, según el científico social, gestionar mejor el tiempo y empezar la jornada con proyectos grandes. De esta manera invertimos nuestra mayor energía para las misiones de peso y nos reservamos las mini-tareas para momentos de cansancio. Sin embargo, conseguirlo no es fácil: antes debemos haber hecho un ejercicio de auto-reflexión y de cambio de chip. Relativizar la tarea que tenemos por delante, comentar nuestros miedos con los compañeros, y saber que nuestra motivación es maleable son las claves para mejorar como profesional.

Hay hábitos muy útiles para alimentar tu motivación ante tareas que tememos:

  1. Divide la tarea en partes: una de las mejores maneras de maximizar la motivación es frenar el temor a una gran tarea desgranándola en partes más pequeñas y permitiéndote una mini-celebración después de completar cada una.
  2. Conviértela en colectiva: si involucras a compañeros podrás cambiar la percepción de la experiencia que tienes por delante. Por ejemplo, si tienes que preparar una presentación, practica tu discurso con un compañero de confianza. Su interés y emoción pueden ser contagiosas y te estimularán para acabar la tarea. 
  3. Antes, respira: ¿cómo te sientes cuando acabas una tarea y justo saltas a la siguiente? No es bueno cruzar la línea de meta de forma tan seguida, puesto que nunca va a llegar el momento final de pausa y satisfacción. Nunca debemos olvidar que nuestra energía y capacidad de concentración es finita, por eso es importante dosificar el esfuerzo.  Al acabar una misión, tómate un breve respiro, charla con tu compañero, y luego te será más fácil reemprender otro trabajo. 

Egoísmo

En ocasiones, las personas impulsivas y con mucho temperamento suelen ser vistas como individualistas y poco empáticas, cuando no siempre es así. A veces, el egoísmo y la desconsideración son fruto de la inseguridad, que también se contagia de uno mismo a los demás. Por eso debemos preocuparnos de mostrar empatía con quién nos rodea.

A ojos de Joseph Grenny,  lo más probable es que la causa de tu desconsideración no sea tu mal carácter si no la falta de atención. Te centras solo en la consecución de los objetivos o las tareas asociadas a tu posición. No es malo hacerlo, pero sí que debes tomar conciencia también de los objetivos y opiniones de los demás. En otras palabras, ser más consciente de todo te convertirá también en una persona más considerada.

Y para ello, ¿existe una cura?

Las pequeñas cosas son las que producen grandes resultados. Si practicas la empatía, la paciencia y la generosidad, tomando conciencia de tu lenguaje corporal situaciones de tensión, darás grandes pasos hacia el camino correcto del liderazgo, y en este sentido, a continuación presentamos 2 tips que te pueden ayudar:

  1. Mantén el contacto visual: preocúpate de estar contacto con otras personas, porque una de las maneras más eficaces de humanizar a alguien es mirarle a los ojos. Examina su rostro e identifica las señales de emoción. Ser consciente de las emociones de los demás es el primer paso hacia la empatía.
  2. Siente curiosidad: Interrumpe tu sentido de urgencia y evita la impulsividad. Permítete el lujo de pararte a pensar y formular preguntas, porque la curiosidad te ayudará a entender por qué otros piensan lo que piensan. Aún así, no pierdas de vista que el objetivo es sólo entender a los demás, no estar de acuerdo con ellos. Pero cuando vemos las cosas desde otro punto de vista, a menudo encontramos sorprendentes puntos de acuerdo.

La diferencia entre la carrera profesional que tienes y la que desearías es probable que radique en alguno de estos malos hábitos. Si aprendes a pensar más detenidamente acerca de las causas de tu comportamiento, te será mucho más fácil iniciar el cambio.

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