España, a la cola de Europa en desarrollo inclusivo

20/04/2018 · “El lento progreso en los niveles de vida y el aumento de la desigualdad han contribuido a la polarización política y la erosión de la cohesión social en muchas economías avanzadas y emergentes”. Así lo revela el Foro Económico Mundial (WEF) en su informe ‘Inclusive Development Report 2018’, en el cual se ha analizado las 11 dimensiones del progreso económico, además del PIB y la fortaleza institucional, de 103 países, entre ellos, España.

Los indicadores tenidos en cuenta en el Índice de Desarrollo Inclusivo (IDI) del Foro Davos, pueden englobarse en torno a tres pilares: crecimiento y desarrollo, inclusión y equidad intergeneracional, la cual incluye la administración sostenible de los recursos naturales y financieros.

En cuanto a los resultados, recogidos en el informe, destaca cómo, a nivel global, “los gobiernos a menudo no aprecian el potencial de la política en estas áreas, para aumentar su tasa de crecimiento y ampliar sus beneficios, particularmente en contextos de baja demanda y de baja productividad”. De hecho, se indica que dichas políticas suelen relacionarse con otras de ámbito marcoeconómico, comercial y de estabilidad financiera, lo cual “es una razón clave” para que muchos gobiernos hallan fallado a la hora de ofrecer “una respuesta más efectiva al aumento de la desigualdad y el estancamiento de los ingresos medios”, a medida que el cambio tecnológico y la globalización cobran fuerza.

En esta línea, el informe pone de relieve que la mayoría de los ciudadanos evalúa el progreso económico de sus respectivos países, no por las estadísticas publicadas de crecimiento del producto interno bruto (PIB), que mide la cantidad agregada de bienes y servicios producidos en una economía, sino por los cambios en el nivel de vida. Un fenómeno multidimensional que abarca los ingresos económicos, la oportunidad de empleo, la seguridad económica y la calidad de vida y que, sin embargo, no incluyen otros parámetros que también son considerados a la hora de medir oficialmente el crecimiento de un país.

Por ello, tal y como los datos del Índice de Desarrollo Inclusivo (IDI) ilustran, “el crecimiento es una condición necesaria pero no suficiente para que el nivel medio de la calidad de vida crezca”. Diseñado como una alternativa al PIB, ese índice refleja más de cerca los criterios por los cuales las personas evalúan el progreso económico de sus países.

En este sentido, las conclusiones del mismo destacan a Noruega como “la economía avanzada con mejores resultados en 2018”, con un desempeño consistentemente sólido dado que ocupa el segundo lugar en uno de los tres pilares del Índice (equidad intergeneracional y sostenibilidad) y el tercero en los otros dos (crecimiento y desarrollo e inclusión). Asimismo, las pequeñas economías europeas dominan el índice, con Australia (9) como la única economía no europea entre las 10 principales.

De las economías del G7, Alemania (12) ocupa el primer puesto, seguida por Canadá (17), Francia (18), Reino Unido (21), Estados Unidos (23), Japón (24) e Italia (27). Frente a ellos, España ocupa la 26º posición, entre las 29 economías avanzadas evaluadas por el IDI, justo por encima de Italia, Portugal y Grecia, situándose a así a la cola de Europa.

Por otro lado, hay países como EE.UU. que muestran claras diferencias según los pilares analizados. De este modo, pese a ocupar el décimo puesto en ‘Crecimiento y desarrollo’, baja al 26 en términos de ‘Equidad intergeneracional y sostenibilidad’ y al 28 en ‘Inclusión’. Lo mismo ocurre con Francia que ocupa el 12 ° lugar en éste último parámetro, mientras que desciende al 21 ° en ‘Crecimiento y desarrollo’, y al 24 ° en ‘Equidad intergeneracional y sostenibilidad’.

Asimismo, en el ranking de economías emergentes, seis economías europeas se encuentran entre las 10 principales: Lituania (1), Hungría (2), Letonia (4), Polonia (5), Croacia (7) y Rumania (10). “Estas economías se desempeñan particularmente bien en ‘Crecimiento y Desarrollo’, beneficiándose de la membresía en la UE, e ‘Inclusión’, con un aumento en el nivel de vida medio y una desigualdad en la riqueza decreciente”, destaca el informe.

Por su parte, América Latina representa tres de las 10 principales economías: Panamá (6), Uruguay (8) y Chile (9); al tiempo que Rusia (19) se sitúa por delante de China (26), Brasil (37), India (62) y Sudáfrica (69).

“Si bien China ocupó el primer lugar entre las economías emergentes en crecimiento del PIB per cápita (6,8%) y de la productividad laboral (6,7%) desde 2012, su puntuación general se ve reducida por un desempeño mediocre en el parámetro de Inclusión”, señalan desde el Foro Económico Mundial, que añaden: “Turquía (16), México (24), Indonesia (36) y Filipinas (38) se encuentran entre las economías que muestran potencial en equidad intergeneracional y sostenibilidad, pero carecen de progreso en los indicadores de inclusión, como la desigualdad de ingresos y riqueza”.

No obstante, a nivel general, el 64% de las 103 economías analizadas han visto mejorar sus puntajes en el IDI en los últimos cinco años, lo que confirma los recientes esfuerzos de los gobiernos para ampliar el progreso socioeconómico. Sin embargo, en el 27%, las puntuaciones del IDI han disminuido aun cuando el PIB per cápita ha aumentado.

Otros resultados revelan cómo la desigualdad de ingresos ha aumentado o permanecido estancada en 20 de las 29 economías avanzadas, y la pobreza ha aumentado en 17. “La mayoría de las economías emergentes han mejorado en estos aspectos, con un 84% de ellas registrando una disminución de la pobreza, aunque sus niveles absolutos de desigualdad siguen siendo elevados”.

El informe también apunta a que, tanto en las economías avanzadas como en las emergentes, “la riqueza se distribuye de manera significativamente más desigual que el ingreso”. Pese a ello, este problema ha mejorado poco en los últimos años, con la desigualdad de la riqueza aumentando en 49 de las 103 economías.

En materia de ‘Equidad Intergeneracional y Sostenibilidad’, la tendencia es más desalentadora, con una disminución en 56 de las 74 economías emergentes. “Esto se debe principalmente al crecimiento de las presiones fiscales y demográficas y al descenso del ahorro neto, que mide la tasa real de ahorro en una economía, después de tomar en cuenta las inversiones en capital humano, el agotamiento de los recursos naturales y el daño causado por la contaminación”.

En este sentido, la mayoría de las economías tienen un rendimiento bajo en este indicador, y la mayoría de las economías emergentes registran un deterioro. “Excepciones notables incluyen a Brasil, China e India, aunque estas se deben principalmente a una fuerte inversión de capital humano, al tiempo que informan altos niveles de agotamiento de los recursos”.

Asimismo, República Checa, Islandia, Nueva Zelanda, Nicaragua, Ruanda, Corea del Sur y Vietnam son ejemplos de economías que han hecho un trabajo “especialmente bueno” a la hora de que sus procesos de crecimiento sean más inclusivos y sostenibles.

Finalmente, otras economías tienen clasificaciones de IDI significativamente más bajas que las clasificaciones del PIB per cápita, lo que indica que su crecimiento no se ha traducido bien en términos de inclusión social. En ellas se incluyen Brasil, Japón, Nigeria, Sudáfrica y los Estados Unidos.

TAGS: informe

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