Las empresas suspenden en programas para reducir el estrés con perspectiva de género

25/02/2019 · El estudio 360º Wellbeing Survey, publicado por Cigna, revelaba recientemente que tres de cada cuatro trabajadores en España afirmaban sufrir estrés a diario y que, de hecho, mientras para el 68% de los encuestados se trataba de una cuestión que tenían “bajo control”, otro 9% reconocía estar “al límite”. En este sentido, desde la Universistat Oberta de Catalunya han analizado cuáles son esos factores que influyen en el incremento del estrés y si existen o no diferencias según el género y la edad.

Eva Rimbau, profesora de los Estudios de Economía y Empresa en la UOC y experta en recursos humanos, afirma que factores como el trabajo, la familia o envejecer pueden influir en el nivel del estrés de las personas. No obstante, también matiza que, respecto aquellos que hacen referencia al ámbito laboral, son distintos para las mujeres que para los hombres. En este sentido, entre los elementos estresantes que afectan a las mujeres, la experta los concreta en cuatro puntos claves:

  • Doble rol de las mujeres en el hogar y en el trabajo. “Este doble rol se refleja en una carga de trabajo más elevada para las mujeres que para los hombres, si sumamos su dedicación al trabajo retribuido y al trabajo doméstico no retribuido”, explica Rimbau. “Tratar de equilibrar las responsabilidades del trabajo remunerado y del no remunerado conduce a menudo a situaciones de estrés, depresión y fatiga, y puede resultar especialmente problemático cuando el salario es bajo y faltan servicios sociales y de ayuda”, añade.

  • Discriminación salarial por género. Asimismo, la experta habla de “la discriminación por género reflejada en salarios inferiores por igualdad de responsabilidades, el muro de la maternidad y el techo de cristal que impide a las mujeres acceder a las posiciones más altas de la jerarquía organizativa”.

  • Falta de referentes y aliadas. Desde la UOC también inciden en que las mujeres que están solas en entornos laborales ocupados únicamente por hombres (profesiones específicas o altos niveles directivos) “pueden convertirse en ‘ejemplos simbólicos’ y sufrir estereotipos y discriminación”. En este sentido, Rimbau destaca que “pueden sentirse solas y ser excluidas de las redes informales que apoyan a los hombres”.

  • Acoso laboral. Otro de los focos de estrés está en el “riesgo de acoso sexual y de comportamientos sociales sexuales que no son acoso (flirteo, chistes o comentarios sexuales)” al que pueden verse sometidas las profesionales, dentro y fuera del espacio de trabajo

Frente a estos elementos estresantes a los que hacen frente las mujeres, los hombres registran otros factores ligados a cuestiones menos sometidas a la cuestión de género como largas jornadas laborales y más viajes, “lo que comporta menos tiempo para desarrollar la relación con sus hijos” según Rimbau; así como el estrés derivado de la presión para cumplir los valores de la “masculinidad corporativa”, es decir, se espera que los hombres sean competitivos, objetivos, dispuestos a la confrontación, lógicos y orientados a las tareas.

Medidas para reducir el estrés teniendo en cuenta el género

La profesora de los Estudios de Economía y Empresa en la UOC constata que pocas empresas tienen programas para reducir el estrés que tengan en cuenta el género y propone algunas medidas que podrían llevarse a cabo. En cuanto a las mujeres, propone crear programas para eliminar la brecha de género en las retribuciones, realizar auditorías para garantizar que las mujeres no estén en desventaja en cuanto a oportunidades de formación y desarrollo o poner en marcha acciones de mentoría (mentoring) para ofrecer apoyo social.

Respecto a los hombres, Rimbau sugiere diseñar intervenciones orientadas a disminuir la tensión del rol, ayudándoles a explorar su propio desarrollo emocional, o pensar medidas para ayudarles a descubrir las limitaciones de la "masculinidad corporativa" y a desarrollar un enfoque más equilibrado de la vida. Facilitar la conciliación entre vida laboral y personal también sería una actuación que apoyaría esta revisión de los roles masculinos y, por lo tanto, reduciría el estrés de los hombres, constata la experta.

Sean cuales sean estas medidas para reducir el estrés laboral, Rimbau subraya que deben ir al origen para evitar que el estrés aparezca (es lo que se denomina intervenciones primarias), como por ejemplo introducir los programas para evitar el acoso sexual o reorganizar el trabajo para evitar la sobrecarga de trabajo. “Por desgracia la mayoría de veces se intenta cambiar la respuesta de las personas ante lo que podría causar estrés (lo llaman intervenciones secundarias), como por ejemplo con los programas de ejercicio o de atención plena (mindfulness)", se lamenta.

No obstante, la profesora va más allá e incide que, en el peor de los casos, "se aplican intervenciones para curar el mal causado por el estrés (intervenciones terciarias), como por ejemplo la atención médica o psicológica cuando alguien desarrolla una depresión”.

Compaginar trabajo e hijos, ¿un binomio estresante?

Por su parte, la investigadora del grupo de investigación GenTIC de la UOC, Lídia Arroyo, pone énfasis en la maternidad como un factor de estrés para las mujeres, especialmente cuando también son trabajadoras. Algo que pasa "por la persistencia del modelo del salario familiar”, que según señala “se traduce en que uno de los miembros del hogar, tradicionalmente el hombre, está plenamente disponible para el trabajo productivo y aporta los ingresos económicos principales, mientras que la mujer se encarga del trabajo de cuidado y de casa”.

El problema llega con los hijos, porque "el sistema productivo está basado en la figura del trabajador sin responsabilidades familiares y con plena dedicación al mercado de trabajo", dice Arroyo. Así, el binomio hijos y trabajo provoca estrés, “debido a la incompatibilidad de las responsabilidades y las exigencias del mercado de trabajo”.

Además, alerta de que este estrés es “dramáticamente más pronunciado en las mujeres trabajadoras, en quienes se supone que debe recaer el peso de la responsabilidad del cuidado de los hijos e hijas, principalmente en la primera infancia”. Tanto es así que “el estrés producido por la doble presencia está reconocido como un riesgo psicosocial en el ámbito laboral”, advierte la investigadora.

Con todo, tal y como apunta el neurocientífico de la UOC Diego Redolar, “el estrés depende no solo de los parámetros físicos de la estimulación ambiental, sino sobre todo de cómo el organismo percibe estos estímulos y cómo reacciona ante ellos". "Para que el estrés tenga consecuencias sobre la salud, la experiencia tiene que ser percibida como aversiva”, concluye.

COMENTARIOS:

Loli 25 febrero 2019 11:19

estrés con perspectiva de género

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