03/06/2019 · La futura Clasificación Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud Conexos (CIE-11) de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que entrará en vigor en el año 2022, incluirá el ‘síndrome del trabajador quemado’ o ‘burn-out’, bajo el epígrafe de 'Problemas asociados al trabajo o al desempleo'. Así lo daba a conocer recientemente el portavoz de la entidad, Tarik Jasarevic, que destaca que el objetivo de la medida busca elevar la visibilidad a la dolencia.
Hasta ahora, el ‘síndrome del trabajador quemado’ o ‘burn-out’ era visto como un trastorno relacionado con el estrés crónico en el trabajo, con nefastas consecuencias para los profesionales y las empresas, dado que trae consigo un descenso de la motivación en el trabajo y una gran falta de concentración, que acababan afectando a la productividad laboral, además de generar un evidente malestar físico y psicológico en el empleado que lo padece.
No obstante, aunque dicho síndrome era conocido y a menudo tratado dentro de las compañías con distintas medidas de actuación ligadas al incremento del bienestar laboral, y pese a que las consecuencias eran visibles en las organizaciones, dando lugar en muchos casos a la tramitación de la baja del profesional como consecuencia de algunos de sus síntomas, no será hasta 2022 que este trastorno será visto y reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una enfermedad relacionada con el trabajo.
Así lo ha dado a conocer su portavoz, Tarik Jasarevic, tras asegurar que el ‘burn-out’ pasará de formar parte del epígrafe que la OMS publicó en 1990 bajo el título ‘Problemas relacionados con dificultad en el control de la vida’, a ser incluido en el de 'Problemas asociados al trabajo o al desempleo', como parte de la actualización que la entidad hará de la ‘Clasificación Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud Conexos’ (CIE-11), la cual entrará en vigor en tres años.
De este modo, la OMS busca, por un lado, visibilizar la dolencia y, por otro, facilitar la gestión de bajas e incapacidades, al ser un trastorno vinculado a un problema en el trabajo. En este sentido, la inclusión del ‘burn-out’ en este nuevo epígrafe irá acompañado de una descripción del mismo: “Un síndrome de desgaste emocional -como se cita en la nueva clasificación- resultante de un estrés crónico en el trabajo que no fue gestionado con éxito”, que se caracterizada por tres elementos: “una sensación de agotamiento”, “cinismo o sentimientos negativos relacionados con su trabajo” (despersonalización de las tareas) y una “eficacia profesional reducida”, es decir, un bajo rendimiento laboral.
Además, el registro de la OMS -que llevará el código QD85, según un artículo del Huffingtonpost- precisa que el desgaste profesional “se refiere específicamente a fenómenos relativos al contexto profesional y no debe utilizarse para describir experiencias en otros ámbitos de la vida”.
En este sentido, Antoni Bulbena, director de docencia e investigación del Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones del Hospital del Mar, reconoce al diario El País que, aunque este síndrome es visto en personas que sufren ansiedad y depresión, “los síntomas del burnout son de menor intensidad y se atribuyen al tema del trabajo”. De hecho, el medio destaca que el burnout afecta al 10% de los trabajadores y, en sus formas más graves, a entre el 2% y el 5%.
Asimismo, consultado por esta cuestión, el doctor Pedro R. Gil-Monte, catedrático de Psicología Social en la Universidad de Valencia y experto en este trastorno, explica al País que se trata de un proceso que suele tardar entre “cinco y ocho años” y se da en “personas muy comprometidas con su trabajo”, que acaban padeciendo un "desgaste emocional, el deterioro cognitivo y la indolencia y la despersonalización”, añade.
Asimismo, respecto a la decisión tomada por la OMS, Antonio Cano, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y la Depresión, aplaude el cambio, señalando al diario El País que “esto hará que se le haga más caso, se atienda mejor y se preste atención a factores psicosociales del trabajo”, especialmente porque en España, el burnout no es una enfermedad profesional, aunque sí hay sentencias que lo reconocen como un accidente de trabajo.