Álvaro Castro,
Graduado en Relaciones Internacionales y Traducción e Interpretación por la
Universidad Pontificia Comillas
02/07/2018 · Álvaro Castro es uno de esos jóvenes que siempre tuvo claro hacia dónde quería digir su futuro, y en el Doble Grado en Relaciones Internacionales y Traducción e Interpretación de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid encontró la oportunidad de empezar a perseguir su sueño. Tras ello, se inició en el máster en Liderazgo, Diplomacia e Inteligencia por la Fundación de Estudios Estratégicos e Internacionales (FESEI) y la Universidad CEU Abat Oliba, al tiempo que completaba su formación formando parte de los equipos -como becario y estudiante de prácticas- de instituciones tan relevantes como la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), el despacho de abogados Hogan Lovells y el Centro Sefarad-Israel, casa de diplomacia pública del Ministerio de Asuntos Exteriores. En la actualidad, como muchos otros jóvenes, se encuentra en la búsqueda de nuevas oportunidades para seguir avanzando como profesional.
Me definiría como una persona con grandes motivaciones, objetivos y sueños que conseguir y que siempre intenta esforzarse al máximo para luchar por lo que cree. Además, me considero alguien con unos ideales fuertes y definidos y con un gran interés por lo social y lo público. Siempre intento tener la mente y los ojos bien abiertos para nunca dejar de aprender.
Desde pequeño, he tenido un gran interés por conocer lo que me rodeaba y entender por qué el mundo es así. Además, siempre me ha apasionado aprender idiomas y nuevas culturas. Por ello, descubrir un doble grado que me permitía combinar ambas pasiones era una oportunidad que no podía perder.
Durante los cinco años de estudio del doble grado, pude comprobar que mis intereses profesionales se dirigían al ámbito internacional, en concreto en poder contribuir a la consecución de la paz y seguridad internacionales, siempre ligado a la promoción de los derechos humanos y el desarrollo humano y sostenible. Por todo ello, decidí cursar un máster centrado en diplomacia, una herramienta necesaria para afrontar dichos problemas desde los foros internacionales, en el que además me permitiese adquirir herramientas para identificar problemas, plantear escenarios futuros y, así, recomendar e idear soluciones.
Creo que lo principal que podría aportar es mis ganas y espíritu por contribuir a construir un futuro mejor, no sólo para las futuras generaciones, sino para que también la actual pueda apreciar ese cambio. Cada vez es más necesario sembrar más y más esperanza en un mundo invadido por la desilusión, para que la humanidad progrese a un futuro más igualitario e inclusivo. Además, pienso que la interdisciplinariedad de mis conocimientos puede ser interesante.
Es cierto que la especialización es necesaria, pero creo que poder conocer y abordar varios temas también es importante para trabajar acerca de cualquier asunto y aportar nuevas ideas a cualquier equipo de trabajo. En definitiva, creo que soy una persona profesional y proactiva, con ganas de comerme el mundo y aportar mi granito de arena por un futuro mejor.
Las redes sociales como LinkedIn se han convertido en la principal herramienta para buscar ofertas de trabajo. También reviso periódicamente páginas webs de organismos o instituciones en las que estaría interesado trabajar.
Asimismo, las bolsas de empleo de las universidades también son muy útiles y, por último, los antiguos empleadores, profesores u otros contactos que se consigan a lo largo de los años son muy importantes. Al final, el networking abre muchas puertas.
Me encantaría poder estar trabajando en una organización internacional, por ejemplo, Naciones Unidas. Me gustaría trabajar también para la administración pública, en alguna embajada o en administraciones de acción exterior, por ejemplo.
Trabajar para una ONG, en alguna consultora estratégica en asuntos políticas o think tank sobre seguridad o RRII también me gustaría. Incluso, estaría genial probar en el mundo académico.
Es difícil citar solo tres compañías, porque me encantaría trabajar en multitud de empresas y entidades, como, por ejemplo, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo o cualquier otra institución con miras a lo público y lo social.
En mi opinión, una entidad como empleadora debe fomentar la promoción interna y la formación de sus trabajadores, las oportunidades de crecimiento y flexibilidad y, sobre todo, estar abierta a sugerencias para innovar y atreverse con nuevas ideas.
Sí, he tenido la suerte de estar trabajando como becario en una organización internacional, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), durante un año, en la que he podido acercarme un poco a un mundo al que me encantaría dedicarme y conociendo lo importante que es la educación para conseguir la igualdad de oportunidades y solucionar los problemas de este mundo.
También he tenido otras experiencias en el mundo laboral, como prácticas en diplomacia pública en Centro Sefarad-Israel, institución dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, y he trabajado en varias ocasiones como traductor e intérprete, tanto en prácticas en el despacho de abogados Hogan Lovells como de freelance para una agencia.
Las empresas deberían apostar de verdad por el talento joven, no sólo porque somos el futuro del mercado laboral, sino porque somos personas con ganas de poner en práctica lo aprendido, tener un impacto positivo y contribuir a la sociedad. Por eso, es necesario que, primeramente, las prácticas tengan una remuneración adecuada y que las empresas apuesten por primeros empleos de calidad para recién graduados, porque si no, los jóvenes acabaremos muy desanimados por la explotación encubierta que muchas veces implican estas experiencias.
La precariedad laboral de este país sólo se puede solucionar con políticas de atracción de talento joven, de nuevas ideas y, sobre todo, de igualdad de oportunidades para todas y todos. De este modo, las empresas se beneficiarán de su motivación y empeño y favorecerán una evolución muy favorable a largo plazo. ¡Dennos la oportunidad de aportar, dennos un voto de confianza!
Creo que uno de los principales retos que enfrentamos los jóvenes es crear nuestra propia identidad, es decir, diferenciarnos de algún modo de los demás y demostrar por qué elegirme a mí y no a otro. Somos muchos los que salimos preparadísimos y con perfiles parecidos, por eso es necesario que, dentro de nuestros objetivos e intereses, tengamos claro qué podemos aportar en concreto y qué puedo hacer yo que otros no pueden.
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