Ibai Martínez,
Cofundador de
Teamlabs
22/02/2018 · Ibai Martínez, el cofundador de Teamlabs más joven, tiene solo 26 años. Teamlabs es un laboratorio de aprendizaje radical que abrió sus puertas en septiembre de 2012 con el objetivo de revolucionar la educación y formar a los profesionales que la sociedad actual requiere: con capacidad de crear proyectos en equipo con impacto positivo en la sociedad, que sean innovadores y con una mentalidad global. A finales del año pasado, Ibai fue seleccionado por la Embajada de Estados Unidos en Madrid como representante español del programa de visitantes internacionales “Entrepreneurship as the Engine of Prosperity and Stability: Strategic Innovation” (El emprendimiento como motor de la prosperidad y la estabilidad: innovación estratégica). Por este programa han pasado líderes mundiales como el presidente de la República Popular China, Xi Jinpin o la primera ministra del Reino Unido, Theresa May.
La misión de Teamlabs es romper la barrera entre el mundo académico y el mundo real. Para ello, trabajamos con universidades y corporaciones para formar a los perfiles profesionales que la sociedad y el mercado están demandando.
El proyecto con más impacto que hemos desarrollado hasta ahora, es el grado universitario oficial en Liderazgo, Emprendimiento e Innovación (LEINN) en colaboración con la Universidad de Mondragón. Un programa universitario en el que todos los participantes crean con un equipo una empresa real desde el primer curso y aprenden desarrollando proyectos alrededor del mundo. De hecho, viajan y desarrollan proyectos en Finlandia, Estados Unidos, China e India, a lo largo de su experiencia de cuatro años con nosotros.
Por lo tanto, el laboratorio de aprendizaje consiste en generar un campo de juego y un determinado contexto para que, a través de la acción, todas las personas que se forman en Teamlabs, sea en formatos reducidos, como los talleres de emprendimiento e innovación que impartimos en Google Actívate, o en formatos más prolongados, como el grado LEINN (Liderazgo, Emprendimiento e Innovación), o el posgrado MasterYourself, vivan experiencias de aprendizaje prácticas, significativas y memorables.
El 97% de las personas que se han formado en Teamlabs, está trabajando a día de hoy. No obstante, esto acaba de empezar. Es cierto que hemos multiplicado por dos nuestra estructura cada año desde que empezamos y vamos en un buen camino. Pero estamos lejos de crear el impacto y la relevancia a la que aspiramos.
La verdad es que no creo en el concepto de “la idea”. Teamlabs es un proyecto que se ha ido construyendo en base a la combinación de multitud de ideas y enfoques. Lo verdaderamente relevante es que sigamos siendo fieles a la misión fundacional: “romper la barrera entre el mundo académico y el mundo real”.
El hecho de que todo lo que hagamos tenga este propósito en el centro es fundamental para crecer de manera sana y en armonía con nuestros principios y valores.
El propósito de que nuestros alumnos monten empresas es que aprendan más cosas, más rápido. Es decir, las empresas y los proyectos que desarrollan se convierten en factores aceleradores de su proceso de aprendizaje.
Una de las consecuencias de aprender haciendo (“learning by doing”) es desarrollar la capacidad de solventar problemas en el día a día. Las personas, cuando resolvemos problemas de nuestra vida cotidiana, somos más autónomas, menos dependientes de factores fuera de nuestro alcance. Por ende, en mi opinión, el modelo de aprender a través de la acción hace que los aprendices se den más valor a ellos mismos. Ganan en motivación, empoderamiento y autoestima.
La mayoría de artículos e informes al respecto suelen ser bastante críticos. A mí no me gusta tomar esa postura. En mi opinión tenemos uno de los mejores sistemas de formación universitaria del mundo en el área de las Ciencias de la Salud.
¿Por qué? Porque, por un lado, es práctica. Todas las personas que se forman tienen que pasar muchas horas de prácticas y completan sus estudios habiendo tratado con pacientes en un ambiente laboral. Es decir, aprenden haciendo.
Por otro, sus formadores son, además, profesionales de su ámbito. Además de dar clases, trabajan en centros de salud y tienen una relación diaria con la aplicación de su disciplina.
Y, finalmente, la mayoría de los aprendices en este ámbito se toman en serio su formación y dedican mucho esfuerzo a sacar el máximo partido de su proceso de aprendizaje. Además, socialmente están bien considerados y eso produce en ellos un sentido de responsabilidad que quizás no existe en la misma medida en otras disciplinas.
Entonces, ante la cuestión de si ¿podríamos llevar este enfoque a otras Facultades? En cierta medida es lo que estamos intentando hacer en Teamlabs.
Sería pretencioso y poco hábil por mi parte defender que deberíamos implantar un nuevo modelo que cambie por completo lo que conocemos hasta ahora. Creo que el valor está en la diversidad y en la mezcla de experiencias.
No obstante, quizás sí deberíamos retarnos a incentivar a aquellos profesores o universidades que apuesten por ir encontrando nuevos caminos. Implicarse para diseñar nuevas estrategias educativas no es el camino fácil. Ni el más barato. Ni, en muchos casos, el más políticamente correcto. De hecho, muchos profesores que pretenden hacer cosas de manera distinta ven cómo sus propios compañeros son los primeros en mostrarse escépticos, o incluso, contrarios a sus planteamientos.
Creo que lo más importante es generar estrategias educativas que incentiven lo que necesitamos que suceda: crear seres libres, motivados y sin miedo que sean capaces de aportar valor a largo plazo en entornos volátiles, inciertos, cambiantes y adversos. ¿Cómo? Creo que en todas las universidades hay personas inteligentes que tendrán sus propias estrategias para responder esta pregunta.
Las personas. Nuestro grupo estaba compuesto por 20 personas de 16 nacionalidades distintas. La mitad éramos emprendedores y la otra mitad “policy makers”. Por lo tanto, “mirábamos la misma fotografía desde ángulos distintos”.
Hemos tenido la oportunidad de descubrir los ecosistemas de innovación de Washington, Denver, San Francisco y Burlington. En estas ciudades visitamos muchas organizaciones públicas y privadas vinculadas a las áreas de emprendimiento e innovación.
Ya conocía San Francisco y la mentalidad americana en general. Quizás lo más sorprendente para mí fue Denver. Me encantó como ciudad. Hay muchas oportunidades ahora mismo en Denver y están desarrollando un gran trabajo para atraer talento y empresas a nivel internacional.
No he emprendido en Estados Unidos. Por lo tanto, no estoy legitimado para hablar. Lo que sí me atrevo a decir, por lo que me han transmitido las personas que conozco que han fundado y desarrollado empresas allí, es que es mucho más sencillo comenzar un negocio. Es decir, su sistema fomenta la creación de nuevas empresas. Ahora bien, hacerlas crecer y desarrollarlas no es fácil en ningún lugar del mundo.
No me gustan las fórmulas mágicas ni el café para todos. De verdad que no creo que haya una serie de claves aseguren “el éxito”. Si así fuera habría emprendedores hasta debajo de las piedras.
Creo que cada sector es un mundo, cada negocio también y cada proyecto tiene su momento y sus variables. Lo único que sí me atrevo a discutir es que sin humildad, sin determinación, sin equipo y sin asumir responsabilidades, no se llega a ninguna parte.
Que empiece. Nada tarda tanto en llegar como lo que nunca se empieza. Y que se centre en conseguir clientes y resolverles una necesidad significativa para ellos, porque un euro de un cliente vale mucho más que el de un inversor.
También le diría que gestionar bien la tesorería es fundamental para que la empresa crezca sana. Que si contrata a gente, le dé espacio para tomar decisiones, pues es la única manera de crear una cultura de trabajo donde el equipo esté motivado, sea responsable y funcione sin respiración asistida. Y que ponga en cuestión todo lo que le digan, incluidas estas líneas, ya que hay muchos más “hayquers” (hay que hacer tal, hay que hacer cual…) que “doers”.