El Plan Bolonia ha aumentado la movilidad y la autonomía universitaria

Antonio Obregón,
Vicerrector de Ordenación Académica y Profesorado
Universidad Comillas ICAI-ICADE

30/10/2017 · Hace 10 años que se implantó el llamado 'Plan Bolonia' en el sistema educativo español. Este plan introducía novedades como, entre otras cosas, la división de la enseñanza superior en tres niveles -el grado, el máster y el doctorado- permitiendo así la adaptación y unificación de criterios educativos en todas las universidades europeas. De su evolución, éxitos alcanzados hasta el momento y de los retos presentes y futuros del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) es sobre lo que hemos preguntado al Vicerrector de Ordenación Académica y Profesorado de la Universidad Comillas ICAI-ICADE, Antonio Obregón, quien asegura que aún en el contexto de crisis, y la consecuente falta de financiación, España ha sabido aprovechar su implantación en términos de apertura de oportunidades para el talento joven.

Ayer, 29 de Octubre, se cumplieron 10 años de la implantación del Plan Bolonia en España. A grandes rasgos, ¿cuál es su valoración general de este modelo de estudios?

Sería injusto no reconocer los aspectos positivos. En estos diez años el sistema universitario español, a pesar de encarar dificultades de financiación sin parangón en su historia reciente, ha aprovechado la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior para internacionalizar notoriamente su docencia y su investigación, modernizar apreciablemente la oferta de títulos y el contenido de los planes de estudio y para hacer más eficientes las estructuras de gestión de las Universidades.

En estos 10 años, el sistema universitario españo ha aprovechado la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior

 

No obstante, el proceso de cambio ha coincidido con la crisis económica, cuya afectación a la educación superior ha sido evidente; por otro lado, la inacabable y perturbadora discusión de la duración de los Grados no ha ayudado a afianzar el proceso de implantación del EEES; y, finalmente, algunos excesos burocráticos en la implantación de los sistemas de acreditación de la calidad de los títulos no han contribuido a una mejor percepción de este período que estamos viviendo por parte de los universitarios.

El Plan partía con unos objetivos muy claros. Pero 10 años después, ¿se han cumplido?

Ciertamente aún queda mucho por avanzar, pero en estos años se han dado pasos relevantes. Claramente se ha incrementado la autonomía universitaria a la hora de configurar la oferta académica, tanto en la creación de los títulos como en la determinación de sus contenidos; se ha progresado en la renovación de las metodologías docentes; se ha aumentado notablemente la movilidad de los estudiantes; se ha establecido un sistema de acreditación de la calidad que debe ser perfeccionado, pero que puede producir frutos positivos momento; y se ha producido un mayor acercamiento a las necesidades formativas demandadas por los empleadores, que era uno de los objetivos principales de la Declaración de Bolonia.

El EEES ha permitido aumentar la movilidad de los estudiantes y la autonomía universitaria

¿Qué impacto ha tenido el Plan Bolonia en el talento joven?

El estudiante actual puede elegir en estos momentos entre un elenco de titulaciones más extenso, actualizado y comparable con el de otros países de nuestro entorno; tiene más posibilidades de enriquecer su formación y experiencia con estancias en el extranjero; y, en general, puede aproximarse de una manera más directa al mundo profesional vinculado al título escogido.

El Plan Bolonia ha enriquecido la formación y experiencia en el extranjero del talento

¿Cree que el mundo empresarial y a la vez los jóvenes que desembarcan en el mundo laboral se ha beneficiado con este plan?

No hay que ignorar que el hecho de que el proceso de Bolonia se haya implementado durante la crisis económica no contribuye a valorar con justicia la relación entre este proceso y la empleabilidad de los universitarios. Pero sí hay factores que permiten pensar, en un contexto económico de crecimiento, que algunas de las características de la nueva ordenación de las enseñanzas pueden servir a este fin.

 

Gracias al Plan Bolonia, los estudiantes pueden adquirir competencias cognitivas, interpersonales e intrapersonales

Por ejemplo, la mayor autonomía para la creación de títulos favorece una mejor adaptación de los planes de estudio a los perfiles demandados por el mundo empresarial y profesional; y el enfoque de los procesos de enseñanza hacia el aprendizaje de los alumnos permite, si las cosas se hacen bien por parte de los centros universitarios, que los estudiantes puedan adquirir competencias no sólo cognitivas sino también interpersonales e intrapersonales, cada vez más reclamadas por los empleadores.

¿Existe un gap entre lo que las empresas demandan a nivel de talento, y lo que los estudiantes aportan a día de hoy?

Tradicionalmente, los egresados universitarios españoles han sido reconocidos por una alta cualificación en las competencias técnicas de su titulación. Pero, en general, las encuestas a los empleadores reflejan que éstos demandan crecientemente de los universitarios el desarrollo de otras competencias genéricas y transversales, como la capacidad de adaptación al cambio, el trabajo en equipo, el compromiso ético o las habilidades comunicativas.

Las encuestas a los empleadores reflejan que éstos demandan el desarrollo de otras competencias genéricas y transversales

¿Cuáles son las asignaturas pendientes y los mayores retos del Plan?

Por citar sólo tres retos, en el campo de la oferta de títulos, se precisa realizar el encaje definitivo de los másteres oficiales en el sistema universitario español, que permita un mayor grado de especialización para que, en algunas disciplinas, podamos ser más competitivos y capaces de atraer talento internacional.

Asimismo, en el ámbito de la metodología docente, es conveniente discernir las innovaciones verdaderamente provechosas respecto de los experimentos fallidos, al tiempo que se debe integrar decidida y adecuadamente el uso de la tecnología, siempre en permanente evolución.

Uno de los retos es lograr un mayor grado de especialización a partir de los másteres oficiales

Finalmente, respecto de los sistemas de acreditación de la calidad, debemos caminar hacia su perfeccionamiento, aligerando la carga burocrática, aumentando la capacidad de detección de deficiencias y promoviendo los programas de auténtica excelencia.

Y por último, ¿hacia dónde van la formación universitaria europea?

Debería ir en la línea de profundizar en los dos principios que fundamentan la Declaración de Bolonia, es decir, impulsar una “Europa del conocimiento” mediante la armonización de los sistemas universitarios de los distintos países y, por otro, y sobre todo, aumentar la calidad demostrable y, consiguientemente, el prestigio de las Universidades europeas, con el fin de lograr competir en mejores términos en el ámbito de la educación superior “globalizada”.

En el futuro, se debería seguir trabajando para impulsar una Europa del conocimiento y una mayor imbricación de la Universidad con la sociedad

Todo ello, al tiempo que se logra una mayor imbricación de la Universidad con la sociedad para ejercer la función de liderazgo cultural que todavía le incumbe.

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