14/08/2017 · ¿Qué define al liderazgo en femenino? Los datos reflejan un panorama algo desalentador para las mujeres, especialmente en algunos sectores como las salidas profesionales vinculadas a las carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Y es que en un mundo, el laboral, donde existen una clara predominancia masculina, el ascenso parece casi imposible y cuando se logra, se rige por las normas ya establecidas por ese mundo fundamentalmente varonil.
Desde el comienzo las mujeres líderes han estado ‘jugando’ bajo un reglamento escrito por hombres, los cuales han definido cómo se debe inspirar a trabajadores y empleados, cuál es el mejor modo de comunicar un propósito o de llevar el negocio al éxito empresarial. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que las mujeres y los hombres desarrollan procesos químicos distintos en sus cerebros, los cuales definen la forma en la que toman las decisiones.
Por ello, y atendiendo a un artículo publicado en Forbes, el liderazgo en femenino no debería seguir los caminos trazados, de la misma forma que un emprendedor busca desarrollar una idea novedosa que habrá nuevas vías de negocio.
En este sentido, el artículo da las claves que permiten obtener más confianza en los propios criterios, reducir el miedo a no contar siempre con referentes y aprovechar el impulso que da tener una ambición profesional, empezando por dejar de seguir las viejas normas.
Hay que tratar de impulsar una fórmula de trabajo de apoyo y colaboración entre las mismas mujeres que componen una organización, dejando atrás el llamado síndrome de la “abeja reina”. Dejar atrás los estereotipos implica no creer ni fomentar los comportamientos que, a menudo, se vinculan a las mujeres como la envidia o la torpeza.
“Ser ambiciosa no es una agresión a otras personas”, dicta el artículo. Y es que tener objetivos y perseguirlos a veces se liga a cuestiones como “ser una trepa”, cuando en realidad lo que se está tratando es de eliminar ese sesgo con el que a veces se mide al colectivo femenino, en general, más allá si el objetivo personal es o no acabar con esa discriminación.
Por otro lado, la resiliencia es importante en el desarrollo de liderazgo, ya que representa un compromiso con los nuevos hábitos. Además, las mujeres son más resistentes de lo que ellas mismas creen o de lo que la propia sociedad a veces considera. Tener confianza en esa idea permite reforzar la aptitud que se necesita para enfrentarse a los retos.
Por último, y en tercer lugar, es importante dejar se intentar ser “perfectas” para tratar de esquivar el fracaso. Nadie lo es, independientemente del género al que se pertenezca. Además, centrarse en ello supone una pérdida de tiempo a cambio de unos resultados que nunca satisfarán a quien busca el perfeccionismo y que no tendrán jamás el valor que deben tener, en relación con el esfuerzo y trabajo empleado.