22/06/2018 · Con un mundo en continuo cambio, la formación está posicionándose como un elemento clave a la hora de preparar a las personas para afrontar los nuevos retos que, fundamentalmente, plantea la nueva era digital. Pese a ello, los ritmos de cambio que nacen de dicha transformación digital, hacen insuficiente y lento el proceso por el que el talento se forma y por el que las Universidades y centros de formación modifican sus programas para hacer que los profesionales adquieran las nuevas competencias que necesitan las organizaciones.
El nuevo escenario empresarial y la globalización están haciendo que los trabajadores deban reinventarse constantemente, algo que pasa por invertir, ya sea de forma particular o por parte de la empresa para la que se trabaja, en su formación. Sin embargo, el método tradicional ha quedado desfasado en la misma medida que la era digital trae consigo nuevos caminos inexplorados, nuevos plazos de trabajo y reformulaciones de los propios empleos, hasta incluso extinguirlos y/o generar otros nuevos nunca vistos.
En éste sentido, cada vez son más las empresas se están aliando con las Universidades a fin de ayudar a crear una hoja de ruta a seguir, así como contenido formativo adaptado y útil que permita aumentar la cantera de talento disponible y preparada para asumir estos nuevos retos que se plantean. Sin embargo, el proceso no es fácil y el ‘reloj’ juega en contra. El avance tecnológico sigue superando el tiempo que los centros de formación necesitan para readaptarse, generando una brecha entre lo que aprenden los futuros empleados y las nuevas necesidades que surgen en las empresas.
A ello hay que añadir otras cuestiones que limitan la eficacia de los programas y que se vinculan a los niveles de motivación y participación real de los profesionales, así como la eficiencia del mismo contenido, que debe asegurar la adquisición de conocimiento pero también cierta experiencia en la práctica. De hecho, éste es uno de los mayores retos que enfrentan el sector formativo hoy día: generar planes de estudios transversales, multidisciplinares, con conocimientos concretos sobre la especialidad que se estudia, pero también con amplias competencias en el ámbito digital y capacidad para se adquieran las destrezas necesarias para facilitar la labor diaria en el trabajo.
Además, con la internacionalización de las empresas, los idiomas se han incorporado como uno de los tres ejes sobre el que se asienta el nuevo modelo académico, al cual se suma el aprendizaje activo y la creatividad. “Pensar en clave internacional es imprescindible para mejorar la competitividad laboral de los estudiantes y la de la propia universidad”, destaca en un artículo El Diario Montañes. “Asistir a clases impartidas totalmente en inglés y vivir experiencias internacionales son dos de los pilares sobre los que se sustenta esta evolución formativa”, añade. Quizás, por ello, cada vez son más los programas de intercambio que se impulsan tanto desde las universidades como desde las empresas.
A día de hoy, el objetivo de la formación universitaria se asienta sobre la mejora de la empleabilidad de los alumnos, en un trabajo conjunto y estratégico en el que también intervienen las empresas, en el que se marquen los contenidos que demanda el mundo laboral, donde el modelo educativo se actualice para incluir una metodología basada, según el artículo, “en un aprendizaje y una formación constantes, en la que se mantenga una base teórica y se incluya una parte importante de desarrollo y resolución de proyectos prácticos y reales”. De hecho, el último informe del Foro Económico Mundial ahonda en esta actualización de conocimientos, al asegurar que más de la mitad de los jóvenes de hoy, acabarán trabajando en empleos que todavía no existen. “Algo que se traducirá en una constante adaptación a los futuros entornos laborales”, destaca El Diario Montañes.
Pero, ¿qué buscan los alumnos? Según daba a conocer recientemente Universum en su último informe 'Most Attractive Employers', 4 de cada 10 universitarios en España demandan que su centro de estudio les transmita habilidades que se puedan aplicar de forma práctica en su futuro trabajo y que vayan dirigidas al desarrollo profesional. De este modo, “los propios estudiantes hacen hincapié en esa transversalidad de conocimiento necesaria para adaptarse al mundo laboral, con una estrecha cooperación entre el mundo académico y el empresarial, para que ambos se adelanten a las capacidades que demanda el otro”, concluye.