La diversificación de los negocios, una tendencia que llega para ¿quedarse?

11/04/2019 · La supervivencia empresarial ha llevado a que muchos negocios no solo se transformen para poder surfear la ola tecnológica que está arrasando el mercado, sino a que se adapten a las nuevas tendencias que se observan en términos de consumo. De hecho, los ejemplos de este cambio son varios y se observan en todo tipo de empresas, independientemente de su tamaño, y en casi cualquier sector, siendo el tecnológico el principal aunque no el único.

Grandes multinacionales como Apple anunciaban esta semana que incursión en el mundo de la televisión y de las tarjetas de crédito porque, según publica el diario El País, la tecnológica no confía en que sus ventas de móviles vayan a sostener, por si solas, el negocio a largo plazo. Pero el cambio que están acometiendo las empresas abarca muchos otros sectores, que también están abrazando expansiones hacia otros negocios que aspiran a ser el futuro. De este modo, según el artículo, las petroleras invierten en energías limpias, la banca explota los servicios y la atención despersonalizada, en automoción ensayan fórmulas para que los coches se alquilen y no se compren y las operadoras telefónicas se atreven a dar préstamos personales.

“Cambiar/adaptarse o morir” parece ser el lema que las compañías ya han comenzado a asumir, como parte de un proceso profundo de innovación, que permita reactivar las ventas y el volumen de negocio. Una tendencia que, además, parece estar marcada por un mismo denominador común: la tecnología móvil. Y es que también son muchas las empresas que han visto en estos dispositivos una oportunidad, desarrollando nuevas aplicaciones que no solo las proveen de beneficios comerciales sino también a nivel interno, mejorando así la gestión y desarrollo de su capital humano.

“Muchas compañías se encuentran con que lo que ha sido su negocio principal pierde relevancia cuando el mundo empieza a descansar en lo virtual”, confirma al diario El País, Víctor Molero, responsable académico de ISDI y profesor en la Universidad Complutense, que ante la pregunta de ‘¿Qué hago?’, responde con una palabra: “diversificación”. Esto es precisamente lo ha hecho Apple y otras tantas empresas, ya que la diversificación puede ser “cercana, de negocios parecidos, de productos a los que añadir más y más capas, o una ruptura con todo lo anterior”, según exponen desde el medio.

En este sentido, la transformación total de negocio es la apuesta más arriesgada, no solo por la inversión que supone, sino por el alto riesgo de fracaso que implica. Apple ha apostado por esta opción, sin dejar de lado el negocio que tantos beneficios le ha reportado, lo que le sirve de ‘red de seguridad’. Pese a ello, el riesgo sigue siendo grande, dado que su competencia se plantea dura, teniendo en cuenta que Apple TV se batirá con gigantes como Netflix, Hulu, Amazon e incluso Google, que también ha dado al negocio de los videojuegos con Stadia, y Disney, que ha completado la compra de Fox para desafiar a las plataformas de cine.

También Repsol trabaja ya en su propio cambio, aunque no tan radical, apostando por energías renovables, al que ya tiene previsto invertir 2.500 millones en tres años para la creación de esta línea de negocio que tiene, según El País, tres patas: “comercialización de gas y electricidad; venta de gas al por mayor y lograr una capacidad de producción eléctrica equivalente al 30% de la energía que comercializan”.

En similar situación está Naturgy, antigua Gas Natural, que evoluciona hacia una compañía más eléctrica, mientras que Red Eléctrica (REE) ha hecho, según el artículo, “una de las apuestas más rupturistas de los últimos tiempos con la compra del operador de satélites Hispasat por 949 millones”.

En banca el cambio también comienza a ser visible y, por ejemplo, Banco Santander ha convenzado a invertir en startups tecnológicas. “Desde la sueca iZettle de TPV móviles, adquirida en 2013, hasta la última, Nivaura, comprada en febrero de 2019 en Londres y que se dedica a automatizar procesos de emisión de valores, como los bonos”, explican desde El País. Por su parte, BBVA lo ha hecho en Sinovation Ventures, Holvi, OpenPay o Solaris Bank.

Pero la diversificación también tiene sus inconvenientes y, según Joaquín Garralda, decano de Ordenación Académica y profesor de Estrategia del IE, aunque permite un crecimiento rápido, también requiere de un proceso de asimilación. “Cuando una empresa está muy centrada en un negocio es bueno no poner los huevos en la misma cesta, pero a veces crees que compras una cosa que funciona bien, entras, cambias el equipo directivo y lo estropeas todo”, explica al País, que también recoge una de las conclusiones recogidas en un estudio llevado a cabo por el Massachusetts Institute of Technology (MIT): “Tanto los académicos de finanzas como los de estrategia, aunque reconocen que una pequeña diversificación puede ser buena, han argumentado durante años que mayores cantidades [de diversificación] son perjudiciales para la creación de valor. Esta idea de que la relación entre diversificación y desempeño sigue una curva en forma de U invertida continúa impregnando los libros de texto de los líderes de estrategia corporativa”.

“Vamos a una diversificación que no parte tanto de aprovechar las ventajas que uno tiene, como de la necesidad de defender tu ventaja competitiva”, concluye Joaquín Garralda, decano de Ordenación Académica y profesor de Estrategia del IE.

 

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